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viernes, 29 de julio de 2011

“La ciencia ayuda a transformar la vida de los seres humanos en un hobby“

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Narrado por Aída María Román.

Hablando y entrevistando a Raúl Buholzer en relación con sus memorias dijo, hoy hablaremos sobre algunas de las cosas sencillas de la vida que nos ocurren a todos muy a diario. Por ejemplo, esto de escribir cientos de hojas y publicarlas en Internet lo estamos haciendo sólo por hobby.

Como siempre ¡¡¡Brillante!!! Fue lo que nos escribió Pedro Raúl H. Muñoz ingeniero-arquitecto. Es el pago que recibimos de éste y algunos otros lectores. Con lo que hacen estas personas nos hacen un pago más valioso que si fuera dinero. Esto es una prueba de que estamos en la onda de los hobbys.

Un hobby se puede hacer por entretención, o por pasión..., etc, pero nunca con el propósito de obtener ganancias económicas. En general, todo trabajo con el objetivo de obtener ganancias no es un hobby.

Los hobbys son encantadores, porque los llevamos a la práctica sin importarnos para nada la parte económica resultante de nuestro trabajo. En general un buen hobby entrega un balance financiero absolutamente negativo. Apenas dejan un saldo de dinero positivo, pasan al terreno de convertirse en una entrada económica con nombre de taller, de fábrica, etc. Y con sus consecuencias agregadas de deudas, créditos y problemas. El simpático hobby está ajeno a todas estas preocupantes alternativas.

Creo que mis hobbys comenzaron cuando era un niño de unos nueve años. Mi madre se enfermó gravemente y yo debí trasladarme a vivir con mis padrinos en su casa quinta situada en los alrededores de la ciudad de Los Ángeles. En esa ciudad el primer hobby que recuerdo con claridad fue el de criar un corderito recién nacido. Sentí mucho cariño seguramente porque en ese momento ni yo ni él teníamos madre. Placentero me fue darle leche en mamadera a este pequeño corderito que quedó sin madre al nacer y me horroricé al escuchar que tenían la idea de que lo tenían que matar porque no tenía madre para darle leche y no era rentable criarlo. Cuando escuché esto le pedí, le rogué a mi padrino que me lo regalara y que yo le iba a dar lechecita todos los días. Por supuesto que esto caminó muy bien la primera semana y después me ayudaba la empleada a alimentar al corderito. Este era un verdadero hobby, me permitía jugar y económicamente me advertían que la leche que consumía valía más a la larga que en lo que el cordero iba a ser vendido. Yo no quería ni oír hablar de ese tema y seguía dándole lechecita al corderito y le enseñaba todos los días muchas-diferentes gracias. Apenas me veía me seguía por todas partes, me tomaba por su mamá, me empezaba a exigir leche pegándome, con su cabeza, en mis rodillas, yo ya lo conocía de memoria en todos sus deseos, tenía aprendido su idioma. Yo le hablaba y jugaba como si se tratara de un niño de mi edad, cuando estaba inquieto y quería comer, lo tranquilizaba diciéndole que no era hora de la comida. De muy chiquito jugábamos a diversas cosas, a los carnerazos, a que el tirara una carretita, etc. El hijo ingeniero de mi padrino, que tenía mucho dinero y me quería como un hermano, me regaló un carrito aperado para que el corderito lo tirara. Yo llegué a querer a mi corderito mucho más que al resto de mis juguetes, creció y el día que lo mataron para comérselo en la casa, tomé a todos los que comían de su carne por criminales y estuve sin comer carne un buen tiempo. Lo mismo hizo la empleada solidarizando conmigo como una semana. Se comieron el cordero y siguieron muy cariñosos conmigo. Querían que yo olvidase este desagradable asunto, que para mi era semi canibalista.

Dos años después volví a Temuco, teniendo once años. Era la época de la guerra mundial. A pesar de eso junté dinero por mi cuenta, porque estaba apasionadamente enamorado de los patines de 4 ruedas. Vendí fierros y huesos que encontré en la casa de mi abuela y junté muchos kilos de tapas de botellas, con este dinero compré unos excelentes patines. Por ellos me hice conocido haciendo piruetas a varias cuadras de mí casa. Gracias a ellos tuve una anécdota con Pablo Neruda cuando recién llegaba a Chile trayendo más de mil refugiados de la guerra civil española... Ésta historia de la pasión por la compra de los patines y por patinar con ellos todos los días, constituyó también una especie de hobby infantil.

Después el jugar al ajedrez, a los 14-18 años también se me convirtió en un hobby, ya que yo mismo construí en moldes de yeso las matrices de las piezas del juego, peones, caballos, alfiles, torres, rey y reina. Me hice muchos juegos de ajedrez de yeso cubiertas las piezas posteriormente por cola de pegar y después con barnices. Hice a lo menos cien juegos de ajedrez por encargo, los que regalaba. Hice unos diez juegos de ajedrez para la Sala de Ajedrez del Liceo Pablo Neruda de Temuco y otros para un Club de Ajedrez del Centro de Ajedrez de Temuco. Este fue un hobby juvenil durante cuatro años.

Cuando era adulto aún no me abandonaban las pasiones de los Hobbys. Era profesor de Matemáticas y Física y mi esposa Marta profesora de una escuela pública de enseñanza de preparatorias para niños, por allá a mediados de la década del 60. Como resultado de un hobby le entregábamos unos buenos productos de dos docenas de huevos diarios a los colegas de Martita, de la Escuela 17 de Temuco. Estos colegas de Marta ofrecían el pasto de sus jardines y otras cosas para recompensar tan buenos y exquisitos productos. No necesitaba el pasto ofrecido por estos colegas, porque yo tenía pasto suficiente para mis gallinas con el que me regalaban en el trayecto al colegio, en los jardines, en los parques. Estos pastos los llevaba en mi auto. Mi gallinero-laboratorio tenía una producción de dos docenas de huevos diariamente con sólo treinta gallinas, lo curioso fue que logré mantener la producción constante en todas las estaciones del año ¡inclusive durante todo el duro invierno del sur de Chile! Todos los huevos de mis aves se los entregaba Martita a sus colegas, por supuesto al mismo precio al que estaban en el comercio. Éstos tenían la garantía de llevar componentes muy sanos, prácticamente sólo pasto, cereales molidos, calcio y agua potable. Los colegas quedaron tan regalones que no podían comer huevos de otra procedencia. Todos ellos visitaron la instalación y observaron la limpieza que teníamos en nuestro gallinero-laboratorio.

El gallinero-laboratorio tenía luz eléctrica semi intermitente, la que se prendía automáticamente cada cuatro horas en la noche durante treinta minutos, o sea, a la diez, a las dos de la madrugada y a las seis de la mañana. El sistema automático de encendido de la luz no existía aún para la venta en el mercado, el que yo utilizaba fue probado en el Laboratorio de Física del Liceo y después compraba todos los elementos necesarios para instalarlo en el gallinero-laboratorio.

Siempre había un stock de sesenta pollos en crecimiento, de los cuales unos diez pollos estaban listos para comerse y unas diez pollitas se preparaban para poner huevos. Económicamente cualquier tipo de gallinas transforma en las mismas condiciones la comida que se le entrega en huevos o carne. Mientras unas suelen ser buenas ponedoras las otras transforman la comida en carne y después también se hacen ponedoras. Comprobé en un buen y minucioso examen de los excrementos que ambos tipos de gallinas, ponedoras o de carne, aprovechan el cien por cien de su alimentación.

Descripción del gallinero.
Los patos adultos estaban en una bandeja a ras del suelo. Tenía nueve patas y un pato. Junté los huevos de estos patos y cuando tenía 120 se los llevé a la casa de un colega amigo que en ese tiempo, entre otras cosas interesantes, tenía una incubadora. Tener un aparato como éste en casa, el año 1960, era una novedad. Le pagué los gastos que él me señaló por los cuarenta días de uso de la incubadora.

Salvo excepciones la gente opina sobre la crianza de los animalitos equivocadamente. Me hacían escándalo, porque criaba patos sin que éstos tengan un canal o una laguna a disposición. Me decían, los patos necesitan estar siempre en contacto con el agua, a tal extremo que estaban seguros que los huevos que yo tenía no eran fértiles. Esto lo afirmó también mi colega Pedro. Tuvo razón relativa, ya que el 20% de los huevos no fructificó. De los 120 huevos salieron ciento dos hermosos patitos, los que transporté de inmediato a mi gallinero. Los huevos de los patos necesitan cuarenta días para incubarse y los de los pollos sólo veintiuno; seguramente debido a esto los patitos resultan desde su nacimiento mucho más despiertos y con mucha más resistencia que los pollitos, tanto es así que se pueden bañar en el agua muy pocos días después. Los patitos nuevos son fantásticos como mascotas o animalitos mimados de la casa. Los perritos nos entusiasman, los gatitos también, pero los pollitos son amorosos y los patitos nos fascinan. Después de unos días que los atiendes ellos te toman como un papá o mamá adoptivo, apenas te ven van todos como a saludarte, parece que los hubieran llamado con una campana.

Mi colega y amigo del hobby, Profesor de Artes Manuales, hacía unas horas semanales de clases, en el ahora conocido como Liceo Pablo Neruda de Temuco. Él estaba tan preocupado como yo y me preguntaba frecuentemente en los recreos, o en la sala de profesores, sobre como marchaba la vida de nuestros patitos. Y otro amigo y colega, Aníbal Vivaceta, nos interrumpía siempre en los recreos diciendo, -de nuevo están hablando del crecimiento de los patitos-.

Después de pagarle por el trabajo de la incubadora a mi apasionado colega Pedro me prestó la campana de crianza con infrarrojo, advirtiéndome que él ya tenía lista la partida de los huevos, ahora para los pollitos encargados por sus colegas. Por este motivo me la prestó sólo por un par de semanas. Luego de este tiempo tuve que comprarme una campana propia para calefaccionar a los patitos. Estos gastos, como muchos otros de mi hobby, no estaban en mi presupuesto, asimismo sucedió con tres tiestos de un metro veinte de diámetro para que allí se bañaran los patitos en agua tibia.

Quien no ha criado patitos, o gansitos, o perdices, o codornices, no sabe lo que es el encanto de verlos crecer y lo que es el hecho de que a uno lo vean como a una especie de padre adoptivo.

Si después del trabajo, cuando yo estaba en casa tenía que hacer alguna diligencia, le encargaba a nuestra niñera, Tegualda, darles comida a estos animalitos a una hora determinada, seis de la tarde, como ella era hija de campesino me decía, -pero si las gallinas no tiene nada que ver con las horas-.

Meses después le regalé a mi colega Pedro Schwager la campana que compré. Él expandió su hobby y yo ya no me dedicaba a criar patitos nuevos.



Experimenté dándole a mis aves diferentes alimentos. Llegué a la conclusión de que el mejor provecho de los alimentos se obtenía entregándoselos bien molidos, tanto el trigo como el maíz. Por último hice moler también las mezclas de cereales que compraba en oferta. Lo mejor que encontré después fue el afrecho, o sea, las cáscaras molidas del trigo a las que le agregaba pasto y algo de agua.

Mis regalones durante todo su crecimiento resultaron ser los casi 102 patitos que salieron de la incubadora. En las tardes les colocaba agua tibia para que se bañaran, en los tres depósitos de un metro veinte, luego la botaba y los depósitos se guardaban secos. No se les podía dejar el agua, ya que en lo normal de la evolución los patitos han aprendido a comunicarse con su madre y le avisan cuando tienen frío, la madre sabe llamarlos y los abriga. Eran tratados con mucho amor y cariño, pero no se les podía dejar el agua a su discreción, ya que ésta se iba enfriando porque no disponía de un sistema eléctrico automático. Tenía una olla grande especial para calentarles este elemento y después la mezclaba con agua fría. ¡Por supuesto que controlaba rigurosamente la temperatura del agua; en este caso es vital la mantención de los 40° C! Una vez que terminaban de tomar su baño, a la temperatura que según había leído necesaria para ellos, ellos se limpiaban las patitas, se sacudían el agua, yo los colocaba en la campana bajo la luz y luego se acostaban sobre el colchón de aserrín, o de paja seca. En el resto del suelo tenían siempre material absorbente, que podía ser, aserrín o papel de diario. Tenían depósitos especiales para que no ensuciaran la comida. Estos estaban además siempre con comida a discreción y agua para beber permanentemente. En sus años de funcionamiento nunca alcanzó a afectar alguna de las epidemias circulantes a este gallinero-laboratorio. Yo era partidario de que la sabia evolución ha originado que los animalitos se alimenten cada vez que su organismo se los pida, por eso se debe dejarles siempre alimento a discreción.

Yo descansaba de las 46 horas de clases semanales que impartía, jugando y cuidando que se bañaran una media hora diaria mis patitos. Los curiosos y las visitas que llegaban a mi casa a ver esta crianza de aves, muy preocupados, solían aconsejarme. Se dedicaban a decirme que esa hermosa crianza tenía que dejarme seguramente solo pérdidas.

Entre los hobbys de ayer y los de hoy, no sabemos si realmente gozan los niños de ayer más que los de hoy... De lo que estamos seguros es que los hobbys son algo muy sano para todas las edades. De todas maneras es tarea fundamental de los padres preocuparse de hacer gozar la vida a sus hijos, mediante hobbys, por supuesto sin remuneración económica.

Conclusiones
Se pensaba que después del año 2000 los trabajos que se tomaban contra la voluntad de las personas se iban a ir eliminando paulatinamente por medio de los robots, pero este proceso desgraciadamente va muy lento. Ahora en el 2011 recién están apareciendo algunas máquinas para hacer las fastidiosas tareas de la dueña de casa. Ya está superado desde hace algunos años el fastidioso lavado de la ropa que se hacía totalmente a mano y el molesto lavado de la vajilla. La parte del secado de la ropa y la vajilla es ahora una especie de hobby. La conducción de las grandes máquinas modernas es también un semi hobby, como por ejemplo los trabajos pesados de hacer canales o de mover tierras en las construcciones ya están haciéndose totalmente por medio de enormes maquinarias, excavadoras y otras. El chofer lo hace en parte casi como hobby. La extracción de minerales se hace cada vez por máquinas más grandes y robotizadas. Para los profesores el hacer clases es una tarea dura, que sólo se hace casi a la manera de un hobby en las áreas universitarias y parcialmente por medio de internet en las escuelas y colegios. Por eso decimos que en el futuro los trabajos se harán por medio de máquinas robotizadas, o por personas, como un hobby. Los trabajadores-hobbys trabajan enamorados de lo que están haciendo. Allí está el futuro ideal para liberarnos de los trabajos odiosos.

Como ya lo dijo Raúl al comienzo, esto mismo de escribir en internet, este relato y otras historias, es un hobby para nosotros.

Una interesante parte de nuestra vida es un hobby.

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sábado, 9 de julio de 2011

“Encuentro espectacular con Anna-Lena”

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Encuentro relatado por Aída María Román.

Ayer viernes, 8 de Julio, conocimos a la estudiante universitaria alemana Anna-Lena en el Parque de la Ciudad Mediática, donde están ubicados la mayor parte de los cines de la ciudad de Colonia, en un espectacular edificio transparente. Allí, se encuentra asimismo, un espectacular edificio de más de 35 pisos y al lado una laguna, a la que llegan cisnes y patos silvestres. Entre estas majestuosas edificaciones modernas surgió una gigantesca carpa-acordeón, también espectacular, conteniendo la sala de exposición de los vehículos. Haciendo juego de espectacularidad con todo esto conocimos a Anna-Lena. Su simpatía se dejó sentir en el día de ayer, pero hoy ella nos ha mostrado una exquisita simpatía latinoamericana. Se mantuvo escuchándonos y riéndose durante nuestra interesante y amena conversación. Sus colegas de trabajo, quienes no hablan español, se mantenían muy atentos en las cercanías, por el hecho de verla a ella tan contenta. Gozábamos haciendo uso de nuestro común idioma latinoamericano. Ella había aprendido español, ya que estudia en la universidad “Latinoamerikanistik”, Literatura Latinoamericana. También estudió en la Universidad de Córdoba, Argentina. Añora poder volver a Argentina, aunque sea de turismo; hará realidad su sueño en un par de meses mas.

Se emocionó mucho con Raúl, ya que él le contó que conoció personalmente y fue amigo de Pablo Neruda. Otra coincidencia, es que Raúl estudió el Doctorado de Física en la Universidad de La Plata en Argentina, claro que cincuenta años antes. Además una prima de ella es casada con un chileno de Valparaíso.

Ella aparecía más interesante todavía, ya que estaba presentando los nuevos automóviles del futuro, absolutamente eléctricos. Tenía a su disposición once de estos autos, que por supuesto, nos ofreció uno para que diéramos una vuelta por la ciudad y probáramos la nueva tecnología de un vehículo sin el molesto ruido del motor, sin vibraciones y sin contaminación. Su trabajo en esa firma es esporádico, para financiar así parte de sus estudios universitarios.

Quedamos muy impresionados de la simpatía de Anna-Lena. Por otro lado, su simpatía es directamente proporcional a su armonioso físico juvenil.

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lunes, 2 de febrero de 2009

“Biografía de una heroína alemana, Rosina Schraub Feldbausch y del industrial suizo Albert Buholzer Hochstrasse”

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Narración del Profesor Raúl Buholzer transcrita por Aída María Román.
Febrero 2009.

En el programa de la colonización del sur de Chile, los colonos suizos y alemanes fueron víctimas de un horrible engaño. A estos agricultores les ofrecieron terrenos en un territorio donde, desde la época colonial española, los araucanos se defendían heroicamente. Es más, los araucanos tenían la más larga historia de todo el mundo en su resistencia a las invasiones extranjeras. La historia de este pueblo mapuche es algo legendario, tiene que ver incluso con los primeros seres humanos de nuestro planeta, antes de su colonización. Vivieron allí sus antepasados, seguramente a lo menos hace 33 mil años, ya que hay muestras paleolíticas comprobadas mediante el carbono 14 de la posible existencia de su estirpe en esta región del sur de Chile. Se descubrió un asentamiento completo, también comprobado mediante el isótopo del carbono, en esta misma zona que tiene 12 500 años de antigüedad. Es el asentamiento más antiguo de seres humanos de todo el Continente Americano. ¿Por donde entraron entonces a América las supuestas migraciones de otros continentes? Este asentamiento chileno fue encontrado en Monte Verde, ubicado en las cercanías de Puerto Montt, vale decir, en la parte sur de la región de la Frontera. Hay un milenario secreto causante de la increíble resistencia de los mapuches, tanto a las inclemencias de los cambios climáticos en el transcurrir milenario del tiempo geológico, como su resistencia también a las invasiones. El secreto de los pehuenches se debe a la asombrosa protección dada por su árbol sagrado llamado Araucaria Araucana. Esta especie arbórea, que alcanza hasta los 60 metros de altura, es la única sobre nuestro planeta que se conserva procedente de la lejana época de los dinosaurios. Estos enormes bosques le entregaron su alimentación y protección, durante cientos de milenios de años a los autóctonos de la zona o pehuenches, que los mantuvo sanos e invencibles. Su abundante fruto, los piñones, fueron la base energética que les sirvió maravillosamente por tener unas propiedades alimenticias muy completas. Los piñones son más densos que el agua y esto hacía posible que fuesen conservados durante todo el año en su refrigerador natural, es decir, sencillamente bajo el agua corriente de los esteros procedentes de la Cordillera de Los Andes. Para conservar los piñones, después ellos construyeron refrigeradores en los árboles huecos de pellín que dejaban bajo el agua corriente de los esteros. historiasderaul.blogspot.com/2007/07/el-lugar-donde-apareci-el-primer-homo.html

Esta zona de la Araucanía permaneció libre de los invasores españoles y de otros conquistadores durante casi cuatrocientos años, por lo que era llamada La Frontera Invencible. Fueron infructuosos los intentos del conquistador español Pedro de Valdivia, de anexarse como colonia española a esta región de La Araucanía, en uno de esos intentos perdió su vida y también la vida de una parte de su ejército. Después del fracaso de Pedro de Valdivia, los posteriores gobiernos coloniales no intentaron nunca más entrar a esta región.

Desde 1810 hasta 1850, o sea, desde cuando se independizó Chile del gobierno español no se habían intentado extender los dominios chilenos nada más que en forma simbólica más allá de La Frontera. Pasado el río Bío-Bío en dirección al Polo Sur, se encontraba la patria de los pehuenches (pehuen=piñón y ches=hombres) araucanos. La región hacia el sur del Bío-Bío era un territorio habitado por cientos de miles de araucanos. Allí había sólo dos pequeños lugares fortificados, que ahora son los puertos de Valdivia y Puerto Montt. Allí llegaban, muy de vez en cuando, barcos españoles al relevo de los soldados y a abastecer de armas y municiones a estos fuertes militares.

Alrededor del año 1850 el gobierno chileno, engañando se dispuso a llevar emigrantes europeos a la zona de La Araucanía, o sea, más al sur del río Bío-Bío. Los soldados españoles eran muy conocidos y odiados por el pueblo mapuche. Los soldados los hacían esclavos para extraer el oro de los ríos y si no aceptaban los asesinaban. Los alimentaban con solamente una ración de dos plátanos al día traídos del Perú. Esta soldadesca estaba pues muy desprestigiada, los araucanos les conocían por sus inhumanas formas de torturar colocándolos vivos ensartados en picas para producir terror. Odiaban su forma de hablar siempre dando órdenes, la hallaban siniestra o diabólica.

Por esta razón los integrantes de este nuevo gobierno chileno, usaron la táctica de hacer entrar a esta región, utilizando para esto a los colonos europeos no españoles que en general tenían color de piel muy blanca, cultura y costumbres diferentes a las de los odiados mercenarios españoles.

El gobierno de Chile organizó pues premeditadamente una gran campaña para traer nuevos colonos europeos. A los campesinos alemanes y suizos se los reclutaba en Europa, engañándoles para que se fueran a América del Sur, a Chile, ocultándoles los riesgos que corrían sus vidas, o sea, simplemente mintiéndoles. Por otro lado, en esos mismos tiempos, había una crisis de alimentación en Europa. Se argumentaba, para tapar las causas reales, de que la falta de alimentación en Europa se debía a que ya no cabía más gente en este continente. Se hacía uso de la Teoría del “falso economista” Malthus que argumentaba que la población crecía más rápido de lo que crecían las fuentes alimenticias. Los representantes del gobierno chileno, interesados en traer colonos, les decían también a los campesinos europeos la misma falacia, que en Europa había exceso de población y que en América los europeos tendrían tierra sobrada y por supuesto una alimentación muy fácil de conseguir. Se hizo una intensa propaganda especialmente en Alemania y en Suiza. Como resultado de esto se inscribieron para venir al sur de Chile, criminalmente engañados, algunos grupos de inmigrantes. Ellos iban a un lugar sin garantías del que prácticamente no podrían nunca más volver a su patria. Felizmente no fueron muchas las víctimas de este bárbaro engaño. Los araucanos, con mucha razón, defendían sus tierras y se refugiaban en los bosques de Araucarias Araucanas. Llegaban grupos de soldados españoles mostrando armas, cañones y asesinando hasta que ya no les quedaban balas, entonces los araucanos sobrevivientes reaccionaban derrotándolos, o bien los expulsaban, o los perseguían hasta los límites de su región, o sea hasta el río Bío Bío.

Esta situación, de no decirles la verdad a los colonos europeos fue un atroz y criminal engaño. Les ofrecieron llevarlos en clase primera en los barcos y los llevaron en tercera. Les ofrecieron cruzar el continente americano en coches tirados por caballos y les dieron en Buenos Aires simples carretas tiradas por bueyes. A nadie se le decía la verdad conocida solamente por los expertos, que se irían a una zona con casi cuatrocientos años de lucha estéril de todos los ejércitos por someterla. Las consecuencias de este criminal engaño con los colonos la tuvieron que enfrentar con hidalguía los grupos de campesinos alemanes y suizos, donde venía mi abuela Rosina.

Mi abuela Rosina fue una heroína cuyas hazañas son hoy casi increíbles, redactarlas y escribirlas tratando de darles la extensa dimensión que corresponde es imposible. Tenía un optimismo tan loable que no existía para ella adversidad importante comparada con el transcurrir de la vida de una madre que debe velar por criar y educar a 7 hijos. Quedó viuda muy joven, teniendo 35 años y muy lejos de su patria supo imponerse y salir adelante. Lo que es muy sorprendente fue que adoptó a un octavo hijo, Enrique y crió a cinco nietos, entre los que me encontraba yo. Me recuerdo aún con mucha emoción que ella preparaba kuchenes para la hora de once todos los días del año y que los nietos le ayudábamos. La fruta para ellos la obtenía de su extenso huerto,la que almacenaba en una innumerable cantidad de conservas.

Algunos detalles de su vida se los contaré a continuación. Imagínense ustedes lo que significaría a la edad de 18 años, en el año 1888, viajar por meses en un pequeño barco desde Europa a Buenos Aires. Soportar una segunda odisea de recorrer 2300 kilómetros en carretas tiradas no por caballos, sino por “Y U N T A S de B U E Y E S”. Un penoso viaje de varios meses de Buenos Aires a Mendoza. De Mendoza a Santiago de Chile, debiendo cruzar la Cordillera de los Andes pasando por senderos casi intransitables hasta las cumbres nevadas arrastrados por estas lentísimas yuntas de bueyes. Su velocidad promedio era de unos diez kilómetros por día como máximo, cinco meses de viaje desde Buenos Aires a Santiago y otros tantos de Santiago al sur de Chile, durmiendo en las mismas carretas y alimentándose bien sólo los primeros días después de salir de Buenos Aires. ¡Un viaje que no era posible ni siquiera pensable para los más osados de los expertos de aquel tiempo! Mi abuelita me decía, con sus ojos llenos de lágrimas, que si no es por los medios económicos que aportó mi abuelo Alberto, se habrían muerto todos los integrantes de la caravana por el camino. Alberto era el único de los integrantes de la caravana que disponía de dineros, era un industrial suizo, que enamorado de Rosina la siguió incansablemente. Alberto, antes de salir de Buenos Aires, compró entre otras cosas: alimentos, ropas gruesas adecuadas para pasar la fría cordillera, herramientas, armas de caza y un par de caballos aperados para adelantar a la caravana e indicar la vía a seguir cada día.

Este industrial suizo fue un héroe anónimo en la historia de la colonización de Chile. Pasó a ser agricultor, dueño y director de la primera imprenta de la Araucanía, fundador del primer grupo de la policía chilena. Fue uno de los fundadores de la ciudad de Temuco, etcétera.

Entonces, según mi abuela, el actor principal de esta odisea es Alberto Buholzer Hochstrasse. Él logró obtener en su fábrica de sedas en Zurich en Suiza, durante muchos años de trabajo, las mejores sedas de Europa. Era pues un próspero industrial suizo, cuyos dineros sirvieron posteriormente para la colonización del sur de Chile, en especial para la fundación de Temuco. Mi abuelo viajó en el mismo barco en el que viajaban engañados el grupo de colonos suizos y alemanes. Aconsejado por personeros del Consulado Suizo de Buenos Aires, Alberto no se dejó llevar por un irresponsable programa de viaje que conducía solamente al fracaso y a morir congelados en las cumbres de la cordillera de Los Andes. Sin poder convencer a los padres de Rosina para que desistieran y volvieran a Suiza con él, como ya lo dijimos, terminó por ayudar a reorganizar la caravana de carretas tiradas por bueyes comprando adicionalmente muchas otras cosas, entre ellas un par de caballos aperados. Logró así hacer cruzar el continente sudamericano a esta caravana de carretas. Con esta caravana tirada por bueyes cruzó además la altísima cordillera de Los Andes y viajó enseguida con ella de Santiago de Chile hasta la temida región de la Araucanía, o sea viajó más de dos mil kilómetros desde Buenos Aires a Traiguén, en Chile. Aparte de toda esta hazaña Alberto organizó el primer grupo policial de Chile, tomando como modelo a la policía de Suiza. Alberto con otros colonos fundó luego la verdadera ciudad de Temuco.

Él se enamoró tan perdidamente de Rosina Schraub, que aunque su destino era llegar en barco solamente hasta Buenos Aires, enardecido por este amor cambió este destino por el del Sur de Chile para acompañar a su dulcinea Rosina. Ella viajaba con sus padres Bernard Schraub y Elizabeth Feldbausch, con su hermana Esperanza de dieciséis años y con su hermano Johannes de doce.

La vida de mis abuelos Albert y Rosina era como un super modelo de amor matrimonial. Se casaron los primeros días después de haber llegado a Chile, el día 16 de marzo de 1889, en Traiguén. Fueron padres de siete hijos, abuelos de 19 nietos y hoy sus descendientes, que llevan parte de sus genes, suman ya 252. Se quisieron a tal extremo que las adversidades no los separaron nunca y tuvieron la satisfacción de ser de los fundadores de Temuco y ver surgir esta ciudad, que hoy día es una de las más importantes de Chile. Mantenían una vida sin odios ni discriminación con el pueblo araucano. Albert, en base a su experiencia en Suiza donde coexistían sin problemas varias nacionalidades, mantuvo una vida con mucha tolerancia, fue además el creador de una de las ramas de la justicia chilena. Rosina fue comprensiva inclaudicable con todas las religiones. Para mi abuela el amor al prójimo era su consigna. Con otro de los fundadores de Temuco, Teodoro Schmidt, mantuvieron una amistad casi familiar.

Como un homenaje a los 120 años del casamiento de Albert y Rosina nos hicimos el propósito de hacer el árbol genealógico partiendo de ellos. Esto lo hemos conseguido terminar recientemente, gracias a la ayuda de muchos de los familiares. Haciendo la última ampliación del árbol genealógico descubrimos que los genes de Albert y Rosina ya se encuentran en numerosas ciudades de Chile y del mundo. Ancud, Puerto Montt, Puerto Varas, Choroico, Temuco, Laja, Concepción, Talca, Peñaflor, Santiago, Viña del Mar, Quilpué, Quillota, La Cruz, Iquique, también en Argentina, España y Alemania. El número de sus descendientes está creciendo y seguirá creciendo siempre. En este momento sus descendientes aumentan en alrededor de tres por ciento anual y por lo tanto el matrimonio modelo de Albert y Rosina será recordado por muchas más personas cada año y por siempre.

Apéndice.

Los familiares que actuaron activamente en esta parte de la colonización de La Araucanía en su mayoría quedaron sepultados en su querida región de Temuco. Ciudad que ellos habían contribuido a fundar entregando abnegadamente casi toda su vida.
Rosina Schraub Feldbausch (1870-1960), Cementerio Principal de Temuco.
Bernard Schraub (~1839-1923), Cementerio Principal de Temuco.
Elizabeth Feldbausch (1842-1916), Cementerio Principal de Temuco.
Esperanza Schraub Feldbausch (1872-¿...?) ¿...?
Juan Schraub Feldbausch (1876-1946), Cementerio General de Santiago.
historiasderaul.blogspot.com/2007/12/el-to-juan-schraub-feldbausch-y-su.html

Nota:
foto 1: 1903 Elizabeth Feldbausch.
foto 2: ruta caravana de colonos.
foto 3: 1942 Juan Schraub Feldbausch.
foto 4: 1936 Rosina Schraub Feldbausch.

jueves, 15 de enero de 2009

“Mi padre, Alberto Buholzer Schraub”


Historia transcrita por Aída María Román para las memorias de Raúl Buholzer.
Enero 2009.

Los Ferrocarriles del Estado fueron en Chile su columna vertebral, se unía a la capital de Chile, Santiago, con gran parte del Norte y hacia el Sur hasta Puerto Montt. Por ejemplo, desde la capital hasta este puerto hay alrededor de 1000 kilómetros. De trecho en trecho se separaban ramales de alrededor de 60 kilómetros para ambos lados, tanto hacia la cordillera como hacia el mar, con cuatro o cinco estaciones cada uno. Chile era un país envidiado que gozaba de este excelente medio de comunicación. Además este ramal del ferrocarril, que iba de Freire a Cunco, se utilizaba para el transporte de la gran cantidad de madera que había en esta región. Los Laureles fue fundado en un terreno de una extensión de cerca de 50 hectáreas y en ésas se proyectaron 20 manzanas, en las que vivían unos 800 habitantes, en un total de alrededor de 320 casas; asimismo había una escuela, una plaza, una iglesia y un cementerio. Está ubicado en dirección Sureste de Temuco, a unos 70 kilómetros de distancia. Este pueblo le debe su nombre al hecho de que esa zona estaba cubierta de bosques de laureles, cuya madera es muy preciada para la fabricación de muebles.

Don Alberto Buholzer tiene una linda historia a pesar de su corta vida. Fue amigo de personas que llegaron a ser destacados prominentes. El partido político que él abrazó, cuando recién se estaba constituyendo, triunfó en las elecciones presidenciales durante muchos años.

Raúl me entregó por escrito la historia de su padre, Alberto Buholzer Schraub, en la que hace recuerdos con Raúl Rettig, con Pedro Aguirre Cerda y con su propia infancia. Yo transcribo textualmente a continuación esta parte de su historia familiar y una parte de la famosa campaña presidencial de don Pedro.

“¿Quién fue Alberto Buholzer Schraub? 1894-1936
Mis abuelos, Alberto Buholzer Hochstrasse (1850-1915) y Rosa Schraub Feldbausch (1870-1960) fueron uno de los matrimonios fundadores de Temuco. Tuvieron siete hijos: Juan, Elisa, ALBERTO, Bernardo, Edmundo, Emilio, Marichen y Enrique hermano de madre. Mi padre Alberto Buholzer Schraub permaneció soltero hasta la edad de 35 años. Él debió quedar con la responsabilidad haciendo de cabeza del hogar de mi abuela, quien aún tenía que velar por cuatro de sus hijos menores y Bernardo enfermo inválido. Por suerte él era alto y fornido. En ese tiempo de soltería además apadrinó a un niño llamado Raúl Rettig a quien ayudó en su educación hasta hacerlo profesional, él fue posteriormente un destacado abogado, distinguido senador y defensor inclaudicable de los Derechos Humanos”.

“Mi padre se casó con Clotilde Matamala Videla en 1927, vivieron en Los Laureles y tuvieron tres hijos: Raúl, Luis y Alberto. Mi padre estaba muy bien conceptuado en el Consulado Suizo. Me contaba mi madre, que él estaba tan chocho conmigo que cuando yo nací en 1929, en plena crisis, en el negocio anexo al Consulado consiguió comprar varias cosas para mi, entre ellas un rollo con una enorme cantidad de metros de suavísima franela importada suiza que duró varios años”.

“Según mi madre, mi padre insistió en que mi primer nombre sea Raúl, tal como el joven Raúl Rettig (1909-2000) apadrinado y protegido por la familia. Cuando me fui a estudiar Matemáticas al Instituto Pedagógico, mi madre me pidió en repetidas ocasiones que recurriera en Santiago a Raúl Rettig, que era un connotado Ministro de Relaciones Exteriores y recién elegido senador por Bío-Bío, Malleco y Cautín en esos años. Mi madre deseaba que le pidiera ayuda y orientación para resolver los problemas que se me presentaran relacionados con la universidad. Yo tenía una especie de orgullo personal y creí siempre que podía salir adelante absolutamente solo. A Raúl Rettig lo conocía solamente de las veces cuando él estudiaba en la universidad y llegaba a nuestra casa a Los Laureles, algunos fines de semana. Mi padre lo trataba como a un verdadero hijo y nuestra casa era su casa. Él me estimaba mucho según mi madre, porque éramos tocayos y no por casualidad, mi nombre me lo habían colocado precisamente por él y esto a Raúl Rettig lo estimulaba a considerarse parte más real de nuestra familia. Cuando niño escuché, más de una vez, que se hacía alusión a que Raúl Rettig era un familiar nuestro. Si esto era verdad, nunca lo pude tener muy claro. Mi padre Alberto era un alto dirigente y fue de los fundadores del Partido Radical en la zona sur”. historiasderaul.blogspot.com/2007/07/mi-madre-clotilde-matamala-videla.html

“Pedro Aguirre Cerda cuando era candidato a la presidencia, en 1936, llegó en el tren presidencial a Los Laureles invitado por mi padre Alberto Buholzer y por Raúl Rettig, que desde muy joven fue dirigente de la juventud del Partido Radical. Partido que tomó ideas liberales, con un claro programa de que gobernar es educar y que fue defensor inclaudicable de los Derechos Humanos. Cuando se iniciaba el acto de recibimiento junto con un par de niños le cantamos, -Quién será, quién será presidente, Pedro Aguirre que va por el Frente y el pueblo valiente lo elegirá, ...- Pedro Aguirre me hizo unos cariños en la cabeza y en broma mis tías me dijeron que este gesto era muy importante, por lo que yo me aproveché de esto y no me dejé lavar el pelo durante un mes. Don Pedro y sus acompañantes fueron hospedados por mi padre en su Hotel Los Laureles, que era de dos pisos y quedaba frente a la estación de los ferrocarriles, en este mismo pueblo. Allí se formó un gran comité por Pedro Aguirre Cerda, presidido por mi padre, que atendía a los cinco pueblos del ramal ferroviario que iba de Freire a Cunco. Don Pedro y su comitiva fueron invitados además por mi padre a un asado en nuestra casa y luego siguieron en el tren presidencial en su incansable viaje de campaña ese mismo día hasta los pueblos cordilleranos del Este, Las Hortensias y Cunco. Pernoctaron de nuevo en nuestro hotel en Los Laureles y al día siguiente el tren especial llevó a don Pedro a los pueblos Choroico y Freire, situados en dirección al mar, es decir al Oeste. Un par de días después estuvieron en una gran concentración en Temuco”.

“Un cuñado de mi madre, Martín Peigna, que era maderero en la zona, posteriormente recordaba que don Pedro Aguirre Cerda, cuando era candidato, le había ofrecido a mi padre el cargo de ministro. Por esto lamentaba doblemente mi tío Martín la sorpresiva muerte de mi padre antes que asumiera don Pedro la presidencia”.

“Para mi padre el Liceo de Hombres de Angol era lo mejor que existía y por esto quería no sólo a su liceo donde estudió hasta terminar las humanidades, sino a todo Angol. Lo mismo sucedió con Los Laureles, se apasionó tanto por este lugar, que teniendo dos fundos que administrar no quiso salir de esta pequeña aldea que él había hecho surgir como la más importante de los cinco pueblos de este ramal. La Escuela Pública de Los Laureles fue una obra directa de mi padre Alberto y regaló casi toda la madera para su construcción. Allí cursé yo el primer año de preparatorias. A él lo nombraron para que proponga al personal de servicio y a los docentes. También personalmente mi padre organizó la sede del Registro Civil para Los Laureles y los pueblos de sus alrededores. El Civil vivió en el hotel de mi padre y participaba en las tertulias en casa de nuestra familia”.

“Normalmente un dirigente del Partido Radical no es una persona poseedora de muchos bienes materiales, pero mi padre hacía excepción a esta regla. Esto se debía a que mi abuelo Alberto Buholzer Hochstrasse, siendo un industrial acaudalado en Suiza, le dejó una herencia. Mi abuelo Alberto era un hombre muy progresista de ideas igualitarias, con religión luterana y mi abuela Rosa y sus hijos, en general, fueron todos tolerantes luteranos. Mi abuelo siguió con sus ideas progresistas en Chile, creía que debíamos tener condescendencia absoluta con los mapuches. Estimaba que no se respetaban los hoy así llamados Derechos Humanos, con los autóctonos. No se juzgaba a nadie como correspondía por matar a un aborigen. Los araucanos no tenían los mismos derechos que lo chilenos y tenían un -Juzgado de Indios-, en la ciudad de Temuco, con un juez que no era precisamente un mapuche. Mi padre a su vez acogió las nuevas ideas que movían al Partido Radical, gobernar es educar. Según mi padre, con la educación se abren las puertas del entendimiento a la tolerancia. La educación permite convivir con todas las personas, cualquiera sea, el color de su piel, su credo político o religioso”.

“Como yo algo anticipé, después que falleció mi abuelo, mi padre Alberto Buholzer Schraub recibió una gran herencia enviada por medio del Consulado Suizo de Santiago. La herencia fue originada por la venta (2 millones de dólares actuales aproximadamente) de un castillo en Suiza, que era propiedad de mi abuelo y que fue repartida entre sus siete hijos. Todos los herederos se compraron grandes propiedades. Por ejemplo, mi tío Edmundo logró comprarse con su parte de la herencia un enorme restaurante en el centro de Santiago, un camión, además un auto y le quedó capital para desarrollarse”.

“Mi padre logró comprar y fundar con la parte heredada lo siguiente.
1.-Se asoció con su hermana Elisa y compraron el gran fundo Los Laureles, que enseguida lo dotaron con la maquinaria más moderna de ese tiempo.

2.-Compró un terreno de 200 hectáreas que colindaba con el camino que va desde Los Laureles a Cunco. Esta propiedad tenía un canal de regadío y limitaba al sur con el río Trompulo. Esta propiedad la explotaba con sembrados y animales, vacunos, equinos y especialmente porcinos.

3.-Organizó un negocio de abarrotes y otros, Almacén Los Laureles, ubicado frente a la plaza de este lugar, en el terreno propiedad de mi padre.

4.-Fundó la Fábrica de Cecinas Los Laureles, constituida por una casa y galpones que estaban ubicados en la misma manzana, a 30 metros de la casa habitación. En uno de esos galpones funcionaba una fábrica de jabón, uno de esos tipos de jabones, el llamado Jabón Gringo, se hizo muy popular en la zona de Temuco y después en otras ciudades.

5.-Construyó un molino de 2 pisos y medio, Molino Los Laureles, muy original para la zona, movido mediante poleas, cuyo movimiento provenía de las aspas de una rueda que era movida por medio de las aguas procedentes del río. Estas aguas a su vez eran traídas a través de un largo canal.

6.-Construyó una serie de chiqueros con cientos de cerdos, ubicados después del molino sobre el canal en una minuciosa construcción de madera enrejada. Se alimentaban con el afrecho del molino.

7.-Fundó una fábrica de refrescos, cuya materia prima eran concentrados de fruta. El agua que usaba para hacer estos envasados se tomaba de una vertiente subterránea, sobre la que se construyó la instalación de esta envasadora. Combinaban el líquido con el concentrado y le inyectaban presión para darles durabilidad. Esta fábrica la atendía su concuñado Douglas. Le pegaban a los refrescos una etiqueta que decía, Buholzer - Douglas.

8.-Instaló una planta generadora de electricidad para la atención domiciliaria y el alumbrado público del pueblo de Los Laureles. Estando en Santiago contrató y llevó a este pueblo a un especialista francés recién llegado al país, Luis Masicot. De este modo Los Laureles fue el primer pueblo de este ramal que dispuso de este nuevo y ansiado adelanto tecnológico.

9.-En un terreno de una manzana frente a la Estación de Ferrocarriles de Los Laureles construyó siete casas. Casa habitación central de mis padres y del almacén. Hotel. Depósito de envasado de refrescos. Casa de la planta eléctrica, donde vivía la familia francesa. Casa del contador, Alfred Gunkel. Casa de la carnicería, Yito Bravo. Casa en la que vivieron mi abuela materna, Luisa Videla viuda de Matamala y sus cuatro hijas; aquí vivió también mi tío abuelo Juan Schraub Feldbausch.

10.-Construyó el Hotel Los Laureles, el que según tengo en mi memoria estaba rodeado por jardines muy bonitos. Después que mi padre se tituló de ingeniero, se especializó en química. Usando estos conocimientos logró instalar un moderno laboratorio para desarrollar las fotografías. Los pasillos del hotel estaban adornados con fotografías de personas y panorámicas de la región. Este era una especialidad que hacía mi padre con una de las primeras máquinas fotográficas buenas encargada a Suiza por medio del negocio del Consulado de este país. En este hotel se hospedaban los madereros, los dueños de aserraderos, los vendedores de mercaderías para los negocios y los campesinos que iban a tomar el tren de la mañana a Temuco. Este hotel era administrado por el hermano menor de mi padre, el tío Enrique Buholzer Schraub, quien tenía también a su cargo al personal de servicio”.

“Mi padre falleció, cuando él se desenvolvía como dirigente para toda esa región, en plena campaña electoral presidencial de Pedro Aguirre Cerda. A esa fecha era él muy joven, sólo tenía 42 años y yo siete. Fue enterrado en el Cementerio Principal de Temuco. Fue una persona activa, dinámica, jovial y de una personalidad muy alegre. Era muy querido por toda la comunidad de Los Laureles y sus alrededores y en forma muy especial por su familia y Raúl Rettig”.

Nota:
foto 1: 1936 Alberto Buholzer Schraub.
foto 2: mapa de la zona.

viernes, 2 de enero de 2009

"Las 3 pasiones que me hicieron feliz y me mantuvieron optimista"


Enero 2009.

Las tres pasiones más importantes que me han impulsado a llevar una hermosa y apasionante vida con mucha felicidad y optimismo. He sido uno de los seres humanos consciente de nuestra importancia en este infinito eterno universo donde seguramente somos los únicos maravillosos homo sapiens existentes.
1.-He vivido apasionado por las ciencias Matemáticas y Físicas.
2.-Siempre permanecí luchando contra las desigualdades sociales.
3.-Dar cariño y recibirlo ha sido el motor impulsor de mi vida.

1.-He vivido apasionado por las ciencias Matemáticas y Físicas

continuará...

martes, 30 de diciembre de 2008

"Raúl Buholzer y su relación con las empresas del petróleo y otras"


Historias rescatadas por Aída María Román.
Diciembre 2008.

Le he pedido a Raúl que saque del baúl de sus recuerdos algunas de sus historias vividas en el pasado y de las que él se queja que no le permitieron llevar a cabo sus ideales de convertirse en profundo investigador de la Física Teórica. Él me aceptó esta sugerencia convencido de que se deben contar en las memorias todos los tipos de vivencias por las que se ha pasado. He aquí sus cinco sorprendentes relatos que me ha entregado.

“Como ustedes probablemente quizás habrán leído en una parte de mis memorias, yo soy actualmente Profesor de Matemáticas y Física, jubilado de la Universidad de Santiago. Por mi profesión tan específica no debería haber tenido esta gran variedad de otras actividades. Relataré mi participación en cinco de estas actividades diferentes que no tenían nada que ver directamente con mi profesión:
1.-fui fundador, con mi amigo Hernán Muñoz, de la Fábrica de Escobas Atlas;
2.-fundé, dirigí y financié una cadena de tres almacenes;
3.-participé en la elaboración y exportación de carburo mediante una excelente producción de su materia prima, vale decir carbón vegetal;
4.-participé en la extracción del petróleo en Neuquén, Argentina;
5.-participé en la extracción del gas natural en Temuco”.

“Les voy a contar a continuación mi contribución en estos cinco insólitos casos que debieran haber estado fuera de mi competencia de profesor y son todos, por esto mismo, temas algo anecdóticos”.

1.-“FUI FUNDADOR, CON MI AMIGO HERNÁN MUÑOZ, DE LA FÁBRICA DE ESCOBAS ATLAS”

“En el año 1949 terminé mis estudios secundarios. Rendí mi examen de Bachillerato en Matemáticas y me inscribí para estudiar Pedagogía en Matemáticas y Física en la Universidad de Chile, en Santiago. Mi amigo inseparable Hernán Muñoz se inscribió para estudiar Pedagogía en la Escuela Normal Abelardo Núñez. Con Hernán teníamos una enorme capacidad para hacer más de una cosa a la vez y nos pareció muy normal comprar una fábrica de escobas que ofrecían en venta por medio del diario. Nuestra ingenuidad para los negocios era completa. Esta oferta tenía una trampa evidente y no nos dimos cuenta en absoluto. Después que le pagamos al ex dueño él nos vendió algo de materiales y nos entregó los rústicos instrumentos para hacer escobas. Nosotros fuimos vulgarmente engañados, ya que antes de pagarle nos habló de que nos vendía la fábrica funcionando. Entonces nos tuvimos que buscar urgentemente una casa para arrendar. Felizmente, algunos días después, encontramos una excelente casa recién construida. Nos trasladamos acompañados de cinco dudosos trabajadores entregados por el mafioso. Cuando quisimos llevar en orden los trabajos de oficina ninguno de estos seudo-trabajadores quiso entregarnos sus documentos de identidad. Una semana después éramos objeto de un segundo robo efectuado ahora por este grupo de desclasados. Estos tipos se nos arrancaron para no verlos nunca mas, llevándose las escobas fabricadas en esos días y otros materiales. Como teníamos espíritu juvenil muy optimista colocamos un aviso en el diario, que necesitábamos personal para la Fábrica de Escobas Atlas. Contratamos entonces a un matrimonio con sus dos hijos y nuera, que eran evangélicos y felizmente no tomaban vino. Teníamos una buena ventaja frente al lumpen anterior. Esta familia nos informó que no éramos los primeros en ser estafados por ese hombre de la calle Vivaceta. Trabajamos con ese grupo en forma muy armónica, ellos nos ayudaron a vender y lo primordial era que no tomaban vino, además eran muy responsables y la Fábrica de Escobas Atlas tomó vuelo y prestigio. Por motivos de nuestros estudios tuvimos que dejar este trabajo y vendimos la fábrica al contado, es decir, en muy buenas condiciones. Devolvimos la deuda que teníamos con el padre de Hernán y nos fuimos a Valparaíso y Viña del Mar a celebrar la venta del negocio y la linda experiencia”.

“Un par de meses después, con el dinero que aún nos quedaba de la venta de la fábrica, el 13 de diciembre de 1950, el mismo día que Hernán cumplió 21 años, nos fuimos a pasar las vacaciones de verano a Argentina. De Buenos Aires nos trasladamos a la vecina ciudad de La Plata, porque me había informado en mi residencial un estudiante venezolano que allí había un excelente centro de estudios universitarios, Universidad de La Plata. En este país descubrimos que la entrada a estudiar a las universidades era muy fácil. Prácticamente gobernaban las universidades los propios estudiantes. No había gastos para el ingreso, ya que la matrícula era absolutamente gratuita. Juré ante notario consular los estudios que tenía en Chile y quedé matriculado en lo que precisamente yo anhelaba, es decir, en el Doctorado de Física Teórica. Unos meses después recibí los documentos correspondientes y quedé matriculado oficialmente. Para financiar mis estudios trabajé en un centro frigorífico, que tenía más de cuatro mil trabajadores, en un horario desde las 20 a las 24 horas. Fui dirigente de los trabajadores en la sección Cámara Fría”.

2.-“FUNDÉ, DIRIGÍ Y FINANCIÉ UNA CADENA DE TRES ALMACENES”

“Cuando volví de Argentina me hice cargo de una parte de la herencia de mi padre. Con ella fundé, dirigí y financié una cadena de tres almacenes”.
“La cadena de los tres almacenes quedaron ubicados en los pueblos recién fundados del ramal de Lanco a Panguipulli. Corría un importante tren uniendo los seis pueblos de esta bifurcación incluyendo a estas dos localidades. Este ferrocarril llevaba las voluminosas cantidades de madera que salían de los alrededores de estos lugares y de las riveras del Lago Panguipulli. También este tren tenía por supuesto un viaje una vez al día con pasajeros desde estos pueblos a las ciudades capitales provinciales de Temuco y Valdivia, desde aquí se podía viajar además a otras ciudades, como por ejemplo a Santiago. Era el punto de conexión de este puerto de lago con casi todo Chile. Por otro lado el ferrocarril me servía para unir a mis tres almacenes. Los negocios estaban ubicados cerca de tres estaciones del ferrocarril: Malalhue, Melefquén y Huellahue. En ellos se vendían aparte de los abarrotes, herramientas, vajilla, géneros, zapatos, pantalones, etc. Este tipo de almacenes fueron los antecesores de los posteriores medianos supermercados”.

“Yo vivía en el pueblo de Malalhue y me movilizaba entre estos tres lugares y otras ciudades en una moto de carrera inglesa. En esos tiempos este vehículo era toda una novedad. Los alumnos de la escuela donde trabajaba mi esposa quedaban fascinados cuando la iba a dejar a ella a la escuela. Yo premiaba a los mejores alumnos de Marta dándoles un paseo en moto por las calles del pueblo. En una oportunidad tuve que correr en esa moto detrás del Tren Flecha, entre las ciudades de Lanco y Loncoche, hasta que logré alcanzarlo, aunque parecía una misión imposible. Tenía que hablar de negocios con una persona que viajaba en ese tren y en el momento en que yo llegaba a la estación de Lanco el tren partió; esto significaba que debía por lo tanto llegar en la moto, antes que el tren, a su próxima parada que era Loncoche.”

“Paralelamente a la fundación de los tres almacenes me tocó administrar la explotación de carbón vegetal para la Fabrica de Carburos de Nos. Una vez terminado el compromiso de venderle carbón vegetal a esta Fábrica decidí volver a Argentina a terminar el Doctorado de Física Teórica. Dejé toda la liquidación de los negocios en orden, sin deudas, antes de trasladarme a Argentina. Les contaré a continuación otra historia con los detalles de mi participación en la Fábrica de Carburos de Nos”.

3.-“PARTICIPÉ EN LA ELABORACIÓN Y EXPORTACIÓN DE CARBURO MEDIANTE UNA EXCELENTE PRODUCCIÓN DE SU MATERIA PRIMA, VALE DECIR CARBÓN VEGETAL”

“Varios años después de salir de la UNI audazmente hice un contrato con un ex compañero que conocí cuando estudiaba ingeniería y con el que habíamos hecho juntos las prácticas de laboratorio de la Universidad de Chile. Una década después, en la década de los años sesenta, él era uno de los dueños de la empresa de Carburo de Nos. El carburo tiene como materia prima fundamental el carbón vegetal, que es negro, y mucho menos denso que el carbón de piedra. Especialmente se usa el carbón liviano obtenido de las maderas del sur de Chile, por ser muy absorbente para los elementos químicos constituyentes del carburo. El carbón se usaba como combustible y calefacción en el cincuenta por ciento de las poblaciones en Chile. De la producción del carburo de esta empresa el diez por ciento era para consumo nacional y el otro noventa por ciento se exportaba. En el contrato con la empresa me comprometí a abastecerlos enviándoles de promedio un carro de treinta toneladas de carbón vegetal diariamente. Debía comenzar a cumplir con este compromiso en el breve tiempo de sólo tres meses”.

“Para este propósito afortunadamente me favorecieron un par de acontecimientos ocurridos precisamente en ese tiempo. Por la inauguración del Complejo Metalúrgico de Huachipato cerraron los Altos Hornos de Corral en Valdivia. Por este motivo quedaron cesantes muchísimos trabajadores, entre ellos los que fabricaban carbón vegetal para esta fundición. Sin saber esto coloqué un aviso en el diario El Correo de Valdivia diciendo -necesitamos personal experto en la fabricación del carbón vegetal. A mi oficina de esta ciudad llegaron numerosos interesados y como desde muy joven tenía experiencia al respecto logré elegir a trabajadores más responsables y sobre todo que no fuesen buenos para tomar vino a destajo”.

“Se cumplió el compromiso con la Fábrica de Carburo y dos meses después ya les entregaba más de un carro de 30 toneladas de carbón al día. Hicimos un segundo compromiso, consistente en comprar en esta zona de la provincia de Valdivia, en la que yo trabajaba, una hacienda de a lo menos 1000 hectáreas con el objetivo de abastecer a la empresa de Carburo de Nos con este carbón vegetal. El compromiso comprendía además explotar la madera apta para la construcción y muebles dejando limpios de troncos los lugares donde se extraían estas maderas, o sea, en condiciones apropiadas para la agricultura. Este proyecto era muy interesante y necesario por la enorme cantidad de materia prima para la empresa de Nos. Se debía obtener en los hornos metálicos especiales 50 toneladas de carbón vegetal diariamente. Yo debía administrar este complejo, donde se instalarían estos hornos metálicos especiales, subiría mis utilidades en un cincuenta por ciento y me prometían muchas otras garantías”.

“Sorpresivamente apareció en el diario El Correo de Valdivia un artículo enviado por una persona de Malalhue. Él afirmaba que yo acaparaba el carbón de toda la región, desde Lanco a Panguipulli y que tenía todas las bodegas de los Ferrocarriles de todo el ramal llenas de carbón. Él afirmaba que esta monopolización del carbón lo iba a hacer subir de precio y las consecuencias eran muy malas para toda la población. El intendente de Valdivia me citó muy cordialmente. Yo acudí de inmediato y le manifesté que era efectivo lo que decía esta persona, que yo ocupaba las bodegas de los Ferrocarriles de toda la región. Le demostré al intendente que no tenía ningún fundamento la acusación de que yo acaparaba el carbón y la cosa era muy al contrario, ya que tenía a un empleado atendiendo una bodega que vendía solamente carbón y además toda la cantidad que necesitaran. Estaba abierta al público de este pueblo y de los pueblos vecinos durante todo el día. Esta abundancia de carbón vegetal se debía a que tenía un enorme grupo de trabajadores produciendo carbón para la Fábrica de Carburo y la cantidad que compraba el público era inferior al diez por ciento de la producción. Tanto es así que me apodaron El Rey del Carbón. Le ofrecí al intendente todo el carbón que necesitaran para las emergencias. La Municipalidad de Valdivia envió un par de veces un camión a buscar carbón a una de mis bodegas”.

“De repente todos los proyectos se vinieron abajo. Me di cuenta que la Fábrica de Carburo de Nos me enviaba una liquidación mensual donde me pagaban el veinte por ciento menos del carbón que enviaba. O sea con esto, todas las utilidades estaban perdidas. Entonces renuncié a aceptar las ventajas ofrecidas y me fui a terminar mis estudios del Doctorado en Física Teórica a Argentina. Muchos años después supe que no era precisamente la empresa la que me robaba el veinte por ciento de mis utilidades, pero ya no era tiempo para retomar este interesante trabajo. El culpable fue un amigo que me quiso favorecer, quien sin que yo se lo pidiera hizo un mal trámite y el resultado obtenido fue al revés. Me pagaron el veinte por ciento menos y además me descontaron muchas toneladas de carbón por humedad. Mi amigo, sin imaginarse las graves consecuencias que traerían sus buenas intenciones, pasó a perjudicarme seriamente”.

4.-“PARTE DE LA HISTORIA DE LA EXTRACCIÓN DEL PETRÓLEO EN NEUQUÉN, ARGENTINA”

“Estudiaba Pedagogía en Matemáticas en la Universidad de Chile. Me trasladé en el año 1950 a estudiar el Doctorado de Física Teórica a la Universidad de La Plata, en Argentina. En la Universidad busqué contacto con otros estudiantes chilenos y nos oficializamos como grupo de chilenos en esta Universidad, con elección de presidente y tesorero. En La Plata estudiaban cerca de dos mil extranjeros. Estos eran en su gran mayoría latinoamericanos: bolivianos, peruanos, venezolanos, chilenos. Yo presidí el grupo de chilenos y posteriormente fui Secretario General de la Agrupación de los Estudiantes Extranjeros de toda Argentina, que sumaban varios miles”.

“En La Plata me hice íntimo amigo de Sergio Novogrusky, era un estudiante argentino de la Universidad, que vivía en la pieza contigua en mi misma residencial. Otro de mis grandes amigos allí en La Plata fue naturalmente Jorge Asuaje, venezolano, que fue el presidente de los estudiantes extranjeros en Argentina cuando yo era Secretario General. Era muy curioso que este íntimo amigo tenía la profesión de torero, de los buenos y famosos, en Venezuela”.

“Tiempo después, en Argentina conocí y me enamoré de Marta Sepúlveda que trabajaba en Chile y pasaba sus vacaciones en la zona de Buenos Aires. Mi apasionado amor me hizo idear un viaje a Chile, me casé con ella y me quedé trabajando en negocios. Debía administrar una cadena de tres almacenes y además una industria relacionada con la producción del carburo chileno, usando el carbón vegetal de mi producción. El capital que movía el negocio era una parte de la herencia dejada por mi padre. Posteriormente, cuatro años después, decidí dejar la explotación industrial del carbón para el carburo y los negocios en Chile para ir a terminar mi Doctorado de Física Teórica en Argentina”.

“Cuando regresé de Chile a Argentina encontré a mis dos amigos, Novogrusky y Asuaje, recién titulados de ingenieros. Me ofrecieron formar parte de una sociedad para trabajar en los cálculos, o en la construcción de edificios. Postulamos a varios llamados a concurso y nos ganaban las propuestas a estos concursos, empresas ya organizadas y con gruesos capitales. Decidimos orientar nuestro trabajar tomando solamente parte de estas grandes construcciones. Sin embargo hicimos contratos para instalar la parte eléctrica en algunos de estos edificios”.

“Les contaré a continuación como en Argentina acompañé en la investigación sobre el petróleo a mi amigo Novogrusky”.

“En aquel tiempo como nos iba regular en este tipo de trabajos de la construcción, con el objeto de cambiar de rumbo me dediqué a leer todos los días los diarios en la Biblioteca de la Universidad y en la Biblioteca Pública de La Plata. Leyendo los periódicos, un buen día, encontré un aviso muy interesante, diciendo que necesitaban un ingeniero argentino, con dominio del idioma ruso y que tenga ojalá conocimientos en la extracción del petróleo. ¡Eureka! me dije, aquí está mi amigo Sergio Novogrusky cubriendo tres de las cuatro condiciones, ser argentino, ingeniero y hablar ruso. Me fui de inmediato a la residencial, le toqué la puerta a mi vecino y le dije: ¡Traigo muy buenas noticias! Al contarle lo del aviso me di cuenta que siendo yo un optimista Sergio aún no lo era, aunque si bien realista. Él afirmó que la cuarta condición no la cumplía, ya que no tenía la menor idea de cómo trabajar en el área de extracción del petróleo. Y yo le aseveré, esto que tú dices que es importante lo aprendes rápidamente y creo que nosotros dos y Asuaje, empezaremos hoy mismo a hacer un seminario intensivo sobre el petróleo. Puedes enviar tus antecedentes y si te aceptan, cosa que sucederá en un par de meses mas, entonces es posible aún desistir. Después de muchas horas de discusión decidió mi amigo enviar sus antecedentes a la oficina central de la firma en Buenos Aires. Comenzamos ese mismo día el trabajo intensivo estudiando, durante diez horas diarias, todo lo relacionado con el petróleo”.

“La sorpresa fue grande, de nosotros tres, cuando una semana después de haber enviado la carta le aseguraban que había sido elegido y que debía presentarse en la Gerencia General de Buenos Aires para firmar el contrato. Así de sencillo, pasó de un día al otro, a convertirse, en el director de una empresa de investigación petrolífera formada nada menos que por dos países importantes, Argentina y la ex Unión Soviética. Le entregaron todo el equipo soviético recién llegado. Éste consistía en una caravana de vehículos cargados de instrumentos relacionados con la investigación del petróleo. Indirectamente yo y Jorge nos vimos envueltos en este proyecto. Novogrusky nos dejó en dos puestos de trabajo en su planta de investigación, en una especie de secretariado que él presidía. Éramos los tres inseparables amigos. Sin embargo, esta vez yo y Jorge estábamos impedidos para poder acompañarlo. Yo había vuelto de Chile a terminar mi Doctorado de Física Teórica y no podía cambiar de planes. Jorge Asuaje tampoco lo pudo acompañar, estaba recién casado y en plena luna de miel”.

“Novogrusky salió algunas semanas después con su caravana y equipo rumbo al suroeste de Buenos Aires. Mientras iba en la caravana me llamaba por teléfono todos los días contándome como le iba en sus investigaciones en terreno. Nuestra residencial y en especial su teléfono y el mío pasaron a convertirse en oficinas provisorias, haciéndome telefónicamente numerosísimos encargos burocráticos a diario. Él iba pues camino al suroeste, su destino era la zona de Neuquén, donde se sospechaba que podría haber petróleo o gas natural. Antes de llegar al mismo específico lugar de Neuquén Novogrusky quiso probar los instrumentos aún vírgenes recién llegados de la URSS. El personal que venía en la caravana estaba formado por expertos rusos y mi amigo Novogrusky felizmente hablaba con ellos en su propio idioma. Durante algunas semanas probaron los instrumentos haciendo explosiones simultáneas en varios puntos diferentes para cartografiar el lugar y finalmente llevaron a cabo una perforación real, por supuesto tomando todas las medidas de precaución correspondientes. Y esta si que fue una sorpresa en grande, ya que semanas después salió petróleo en muy buenas condiciones. Se podía utilizar casi de inmediato. Como era una prueba instrumental no se había convocado a los medios informativos, pero al día siguiente llegaron los periodistas y se llenaron los titulares de los diarios argentinos, ¡Petróleo en las cercanías de Neuquén! Yo había recibido esta noticia antes que apareciera en los diarios y me sentí muy emocionado, puesto que en algo importante había tenido que participar. Muchos años después ya estando jubilado me emocioné nuevamente cuando conocí en Chile las grandes tuberías que venían de Argentina con el gas de Neuquén”.

5.-“DESCUBRIMOS QUE TEMUCO FLOTA SOBRE UNA ALFOMBRA MÁGICA DE GAS NATURAL”

“Les voy a contar parte de la historia del inicio de la extracción del gas natural en Temuco”.

“Por motivos familiares volví desde Argentina para vivir en Chile con mi esposa e hija. En Argentina estudiaba el Doctorado de Física Teórica en la Universidad de La Plata. Después en Chile trabajé como profesor de Física en el Liceo de Hombres de Temuco y posteriormente como profesor en la Universidad Técnica del Estado, UTE, de esta ciudad. En esta Universidad fui elegido como representante de los profesores ante el Consejo Directivo de la UTE”.

“Entre las diversas actuaciones en las que me tocó participar en la UTE voy a contar en este caso una que es algo insólita para mi especialidad. Se trataba de una investigación relacionada con el gas natural en la provincia de Cautín, cuya capital es Temuco, llevada a cabo a fines de la década del 60. Como en Argentina ya había tenido una experiencia en la extracción del petróleo en Neuquén, me atreví a incorporarme a esta investigación que se estaba empezando a realizar en nuestra zona. La cosa comenzó con la denuncia de un campesino que temía ser afectado, tanto él como su familia, por el desagradable olor que apareció sorpresivamente junto a su ruca habitacional. Este y otros acontecimientos nos motivaron a hacer una investigación sobre el gas natural en esos alrededores de Temuco. Después de este hecho estuvimos investigando seriamente la posibilidad de extraer este gas natural. Para este efecto, pedimos ayuda, y nos enviaron a Temuco un grupo de investigadores de la Universidad de Chile. Se hizo entonces una exploración en estas tierras, donde vivía el campesino que hizo la denuncia, lugar que quedaba a escasos kilómetros al noroeste de Temuco. Felizmente nosotros y todos los investigadores éramos funcionarios estatales y estábamos imbuidos por la filosofía de no a la privatización de la energía. La no privatización de la energía había sido dada en forma ejemplar desde muchos años antes por el gobierno argentino. Decían ellos, que entregar el petróleo era como entregar la bandera argentina. Las empresas monopólicas internacionales del petróleo y sus derivados no permitían que los gobiernos de los países latinoamericanos fuesen los dueños de estas fuentes de energía. Recurrían a métodos legales e ilegales para evitarlo”.

“Se hizo una perforación y a relativamente mediana profundidad salió gas a gran presión por las tuberías. Se colocaron artefactos de medida de presión con sus llaves de salida correspondientes y se cercaron los alrededores”.

“Desgraciadamente, en el caso del gas natural que se localizó cerca de Temuco, una empresa internacional logró maniobrar con las conclusiones de los investigadores, colocando como conclusión que la extracción del gas natural en esta reciente exploración no era rentable, lo que significaba tirar a los archivos del olvido toda esa investigación. Los datos fidedignos, seguramente quedaron muy bien guardados en esa empresa internacional privada. Esta era una de las maniobras a las que recurrían estas empresas comprándose a algún integrante mafioso de la comisión, o por último a los que guardaban estas conclusiones”.

“Sospechando que habían estas maniobras de por medio, pedí autorización a los otros miembros del Consejo Directivo de la Universidad de Temuco, para que me facultaran a trabajar en nombre de la UTE aclarando este supuesto escándalo. Fui autorizado además para que me ayudaran en la investigación los otros dos profesores, con los que iniciamos estos trabajos. En la primera reunión que tuvimos resolvimos pedir la ayuda y un poder especial a la Sede Central de la Universidad Técnica en Santiago. Desde allí nos enviaron a un ingeniero francés, que tenía mucha experiencia en este tipo de investigaciones. Para este trabajo nuestra comisión disponía solamente del tiempo de doce horas a la semana. Con el ingeniero francés trabajamos unos meses y medimos, durante 240 horas continuadas, como disminuía la presión del gas después de estar abierta totalmente la salida y por supuesto encendido el gas expulsado. La levísima disminución de la presión, después de estas 240 horas, indicaba que había un depósito de gas subterráneo nada de despreciable. A criterio del especialista podíamos extraer gas durante varios años para una serie de industrias medianas, entre ellas nos aconsejaba utilizarlo para fabricar en la Universidad Técnica cerámicas y ladrillos refractarios”.

“Abandonamos esta investigación por razones burocráticas, ya que teníamos que renovar nuestros permisos para seguir trabajando allí. La experiencia fue muy interesante, ya que nos dimos cuenta de que en torno al petróleo y al gas natural se movían nefastos intereses muy poderosos. En este caso trataron de cerrarnos el paso en la investigación y lo lamentable es que lo consiguieron. Amenazaron a una de las personas de alto rango representativo e indirectamente a nuestra comisión para que abandonáramos esta exploración recién iniciada. ¡Teníamos gas natural a discreción para muchos años! Descubrimos que el gas no procedía de una profundidad normal para una fuente de cientos de kilómetros cúbicos de gas, pero esa fuente de las profundidades alimentaba una bolsa de gas relativamente cerca de la superficie de la Tierra. Este depósito no era despreciable y daba el indicio de que se podía perforar a mayor profundidad y llegar seguramente a tener gas con gran rentabilidad”.

Estas otras cinco vivencias de la vida de Raúl Buholzer las ha seleccionado él de la gran cantidad de historias que tenemos todos los seres humanos en el largo transcurso de nuestras vidas. Esta selección tiene su importancia especial porque le tocó en ellas convivir con algunos de sus mejores amigos, Hernán Muñoz, Sergio Novogrusky, Jorge Asuajo.

Las personas que escriben sus memorias normalmente tocan los temas que más les han agradado vivir, pero es también muy importante conocer estas otras partes de sus vidas. Estas cinco anecdóticas partes de la vida de Raúl no corresponden estrictamente a lo que él quería que fuese el transcurrir de los ideales de su vida. Se debieron realizar en relación con sus obligaciones de trabajo. Sin embargo, a mi me parece, que son interesantísimos los temas de estas historias: dirigir la formación de la Fábrica de Escobas Atlas, la entrega de la materia prima para la fábrica de carburo, el tema del gas en la zona de Temuco y del petróleo en Argentina.

Ahora el tema del gas argentino de Neuquén se hace muy importante, dado que Chile lo necesita tanto para el uso domiciliario como para muchas de sus industrias. Este tema que Raúl haya participado en la primera extracción de petróleo y gas en Argentina goza de actualidad.

Nota:
foto 1: 1950 Raúl Buholzer Matamala.
foto 2: 1953 Hernán Muñoz Álvarez.
foto 3: Mapa de la zona.
foto 4: 1956 Raúl Buholzer M.
foto 5: 1950 Marta Sepúlveda Gallais.
foto 6:
1967 Raúl BuholzerM.
2006 Temuco.

domingo, 28 de diciembre de 2008

“La extraordinaria amistad desde hace 66 años con Hernán Muñoz Álvarez”


Diciembre 2008.

Voy a referirme en esta parte de mis memorias a la larga pasión ininterrumpida por los estudios que me ha acompañado durante toda la vida, además a la amistad, que en este momento lleva más de 66 años, con uno de mis grandes amigos Hernán Muñoz.

MIS ESTUDIOS

Como consecuencia del prematuro fallecimiento de mi padre, los estudios de las preparatorias los realicé en varios pueblos y ciudades diferentes: Los Laureles, Temuco, Santa Fe y Los Ángeles.

La primera preparatoria la realicé en el pueblo Los Laureles, o sea, en su única Escuela Pública. La segunda preparatoria la hice en la Escuela Estándar N° 5 de la ciudad de Temuco. La tercera preparatoria la cursé en la Escuela Primaria del pueblo de Santa Fe. En marzo del año 1939 ingresé a estudiar a la cuarta preparatoria del Liceo de Hombres de la ciudad de Los Ángeles. Después de estar viviendo dos años con mi madrina Teresa Douglas y su esposo Hipólito Díaz en Los Ángeles me debí trasladar a vivir de nuevo con mi madre a la ciudad de Temuco.

Desde la quinta preparatoria hasta el sexto año de humanidades los efectué en el Liceo de Hombres de Temuco, que actualmente lleva el nombre de Liceo Pablo Neruda. En el año 1940 ingresé pues a la quinta preparatoria del Liceo de Hombres de Temuco. Para hacerlo bastó que presentara el certificado de haber rendido satisfactoriamente la cuarta preparatoria en el Liceo de Hombres de la ciudad de Los Ángeles, en Chile. La sexta y último curso de las preparatorias lo cursé en este liceo todavía como alumno externo. En esos años después de la sexta preparatoria venían los estudios, de seis años, llamados de Humanidades. Entonces el primer año de humanidades lo inicié en 1942, cuando tenía 13 años, viviendo junto a mi madre en Temuco, es decir, fui un alumno externo del liceo. Muy diferente fue mi vida después de haber terminado el primer año de humanidades, ya que de alumno externo pasé a convertirme en alumno interno. A partir del término del primer año, o sea, el segundo año de humanidades, el tercero, cuarto, quinto y sexto quedé estudiando como alumno interno en este mismo liceo. Después de terminados exitosamente mis estudios secundarios recibí mi diploma de Licenciado en Humanidades.

Posteriormente rendí satisfactoriamente mi bachillerato con mención en matemáticas y con el puntaje obtenido entré a estudiar Pedagogía en Matemáticas y Física en la Universidad de Chile, en Santiago. Estudiante del Doctorado de Física Teórica, en la Universidad de La Plata, Argentina. Fui profesor en Temuco del Liceo de Hombres, del Instituto Superior de Comercio, del Colegio Providencia, del Instituto Claret, del Colegio La Salle y de la Universidad Técnica del Estado. Estoy por cumplir los 80 años y mi pasión por seguir estudiando no me ha abandonado.

MI AMIGO HERNÁN MUÑOZ ÁLVAREZ

Mi amigo Hernán describe en sus memorias muy bien a nuestro Liceo Pablo Neruda. Por esta razón les transcribo a continuación esta parte de sus memorias en lo que tiene relación además con nuestra ejemplar y larga amistad.

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EL LICEO DE HOMBRES DE TEMUCO

En diciembre de ese mismo año, 1941, rendí una “prueba de madurez” en el Liceo de Hombres de Temuco, que me permitía matricularme en primer año de humanidades, sin necesidad de cursar el sexto año primario.

Eran tiempos difíciles, la Segunda Guerra Mundial se intensificaba con el ingreso de Estados Unidos al conflicto, este país acababa de sufrir el ataque a Pearl Harbor y los efectos de la crisis mundial del año 1929 se acrecentaban.....

En aquel tiempo empecé a practicar básquetbol, los sábados y domingos, en los que salíamos del internado para pasar los fines de semana en casa. Pronto me di cuenta que, a pesar de mi baja estatura, tenía condiciones para ese juego. Quitratúe, aún siendo una aldea, tenía cierta tradición en ese deporte. Los hermanos Alvarez García- como los hermanos Salvadores de Lanco- introdujeron esta afición en el pueblo, ellos, junto al “pato Rodríguez” llevaban muchos espectadores a la cancha de la Escuela. Pero, fue Alejandro González el mentor y conductor de esta verdadera fiebre por el básquetbol. Era un verdadero líder, con su metro noventa de estatura, lejos el más alto del pueblo, su sonrisa permanente, su trato afable, su capacidad de organización y su facha de galán de cine, le permitían un ascendiente determinante en el rendimiento del equipo. Siempre fuimos vencedores en los enfrentamientos con los equipos de los pueblos vecinos. Yo era rápido y escurridizo y tenía excelente puntería desde la esquina izquierda de la cancha, desde la cual disparaba al cesto con un saldo hacia atrás, lo que dificultaba el bloqueo de los defensas. Posteriormente otros jugadores de la Unión Deportiva de Quitratúe, así se llamaba nuestro club, como Occiel Scheider y Hugo Alvarez, llegaron a integrar el seleccionado nacional. El descubrimiento de esta nueva capacidad, me subieron la autoestima a niveles considerables, al punto de tomar ciertas posiciones de liderazgo, siendo nombrado, en tercer año de humanidades, presidente del curso.

Este Liceo tenía una tradición deportiva y académica importante. Aquí estudiaron parlamentarios emblemáticos de la región, poetas y escritores, nuestro orgullo era estudiar en el mismo liceo en que lo hizo Pablo Neruda.

Muchos de nuestros profesores fueron alumnos de este mismo establecimiento, lo que les daba un vínculo afectivo que se reflejaba en el compromiso con que asumían sus funciones. Recuerdo con especial afecto a mi primer profesor de castellano don Humberto Lizama, alto, esbelto, de ojos claros, de unos cincuenta años de edad, usaba lentes elegantes, abrigo de casimir, sombrero “Canadian.” Cuando se cruzaba con nosotros en la calle, nos saludaba, sacándose el sombrero, con un respeto inesperado. Ese solo gesto tenía la virtud de regalarnos una alegría que nos duraba todo el día y darnos una lección que nos duraría toda la vida. “Los creí qué… y los pensé qué… son causa de los perjudiques”, nos decía cuando esbozábamos una disculpa por no haber llevado una tarea.

El señor Larraguibel, “ Atila, Rey de los Unos” que en las interrogaciones orales, le gustaba jugar con nuestras expectativas. Al final del interrogatorio, la nota: “un seis, decía, y cuando íbamos regresando a nuestros asientos agregaba, “se lo reparten entre los tres”.

Don Gilberto Montero, todos nos referíamos a él como “Monterito” profesor de Ciencias Naturales, Botánico de prestigio internacional, cumplía con todas las características de los sabios descritos en los libros y las películas. Aprendimos de memoria muchas definiciones botánicas, que seguramente muchos recordamos hasta hoy, pero nadie supo que eran “hojas in paripinadas”, un “aquenio”, “papaveráceas”, umbelíferas”, “dehiscentes”, etc., etc., trabajaba todo el día con estos conceptos, cuya definición le parecía obvias y, por lo tanto, por obvias debían ser sabidas por estos mortales que tenían dificultades hasta para repetir la palabra “monocotiledónea”.

El señor Ibáñez, el “pato Ibáñez”, muy querido por los alumnos, con los que siempre tuvo una relación cercana. Su guía era el texto de Frías Valenzuela. Nos decía: “en quince días más, prueba con coeficiente dos, de la página ciento veintisiete a la ciento setenta y tres”. Se decía que el que sacaba un cinco en la primera prueba, tendría un cinco en las pruebas de todo el año.

Don Juan Fuentealba Oreño, profesor de inglés, dirigente radical de Temuco, alguna vez pre candidato a diputado. Hombre optimista y luchador, con un gran vozarrón y una verba fácil y convincente. Cuando estaba en sexto año me pasó un libro de Enrique Mac Iver, su influencia hizo que, durante dos meses, militara en la Juventud Radical.

Durante mi estadía, en el Liceo fueron rectores don Hermógenes Astudillo y don Waldo Retamal Melo, ambos oradores de fuste, que nos hacían vibrar con sus arengas, los lunes en la mañana, en el acto matinal.

Recuerdo con especial cariño y admiración a nuestro profesor de matemáticas y profesor jefe don Juan Hernández Guzmán, era militante del partido comunista, rebelde y antisistémico. Era el único que nos llevaba, por lo menos una vez al mes, al cerro Ñielol, en donde hacía las clases más prácticas y entretenidas, nos ponía una nota adicional por la forma de descender del cerro. Era el único también que las clases de cosmografía las hacía en las noches, cuando el cielo estaba limpio y estrellado. Allí aprendimos a distinguir las estrellas de primera magnitud, a distinguir las estrellas de los planetas, a observar las distintas constelaciones y vimos pasar los primeros satélites artificiales. Nos trataba de doctores, nos decía que de cada diez chilenos sólo uno sabía más que nosotros. Cuando estábamos en clases y alguien llamaba a la puerta, sabiendo que era el Rector, a quién se le tenía un respeto reverencial, decía: “vea quién molesta”.

Si por alguna razón, y eso ocurrió en muy contadas ocasiones, tenía que echar a algún alumno de la clase, les decía: “haga el favor de cerrar la puerta por fuera”.

Tenía trece años, un día en que, en compañía de nuestro profesor jefe, debíamos ingresar a una sala que no utilizábamos habitualmente, y no llevábamos la llave correspondiente, el señor Hernández me pidió que fuera a buscarla, en su bicicleta, hasta la portería. Yo no sabía andar en bicicleta. Y tuve que confesarlo delante de todo el curso. ¡Qué retroceso! Tomó la bicicleta el “guatón Matus” y partió con una agilidad envidiable. Me miró con una sorna indisimulada, una sonrisa burlona que me parece que la estuviera viendo. De ahí en adelante dejó de ser mi rival para transformarse en mi enemigo. El fin de semana siguiente le pedí prestada una bicicleta al joven profesor que trabajaba en una escuela rural cercana y que venía a visitar continuamente a mis padres, se trataba de Melillán Painemal, Profesor mapuche, que luego se distinguió por su lucha tenaz por la reivindicación de su pueblo.

Me fui al patio de la escuela, cuando se habían terminado todas las actividades y en el enorme patio solitario, luché, con todas mis fuerzas – durante la tarde entera – por lograr equilibrarme, aunque fuera unos minutos, en este artefacto que, con tanta facilidad dominaba el guatón Matus. El domingo siguiente, ahora con la ayuda de un amigo, seguí aporreándome hasta que logré dar varias vueltas en la cancha. Mi alegría era infinita. Esa noche me dormí adolorido y cansado y la figura del “guatón” se me presentó, porfiadamente, durante toda la noche.

RAÚL BUHOLZER

En segundo año de humanidades, se produjo un encuentro inesperado. Mi amigo Raúl Buholzer llegó a mi curso. Uno o dos años antes, ya era alumno del Liceo, pero, como era externo, estaba en un curso paralelo. Nos hicimos amigos inseparables. Fue una amistad a toda prueba, en las buenas y en las malas: en las buenas y malas andanzas. Su nombre aparecerá, sin duda, en múltiples ocasiones en estas memorias.

Nació en Los Laureles, en Mayo de 1929, nieto de un inmigrante suizo e hijo de una costurera, viuda muy joven y que debió luchar denodadamente por sacar adelante a sus tres hijos varones.

Raúl era un muchacho atípico, algo distraído, perseverante y pertinaz, no obstante su carácter apacible, prudente hasta la exageración, condición que se exacerbó con los años, a cada paso evaluaba los riesgos, a tal punto que en el ambiente familiar le llamábamos “Prudentito”.

Recurrió a todas las instancias para poder estudiar. Y no era un adulto el que le hacía las gestiones para obtener los recursos. Tenía doce años y se entrevistaba con el Presidente de la “Liga de Estudiantes Pobres” –organización paternalista que existía en esos tiempos – y lograba que le financiaran parte de los estudios. Al llegar al Liceo le explicó personalmente al Rector, su situación económica, y logró una beca para el internado. Nunca tuvo problemas para enfrentar situaciones difíciles. Era, además, testarudo y obstinado, cuando se proponía algo, o se convencía de una situación, no había fuerza humana ni divina que lo hiciera cambiar de opinión.

Nuestro profesor jefe, don Juan Hernández, nos enseñó a jugar ajedrez y fue tal nuestro entusiasmo que formamos el Club de Ajedrez, “Caballo Rey” del Liceo. En ese tiempo, recién acabada la Guerra Mundial y se iniciaba la Guerra Fría, las posiciones ideológicas se polarizaron a tal punto, que un funcionario del establecimiento acusó al profesor Hernández de tener un curso completamente “sovietizado” y que había llegado al extremo de formar un club de ajedrez, deporte favorito de la Unión Soviética. La Dirección se vio forzada a cerrar con llave la sala de ajedrez. Nuestro profesor, ante la insensatez de la medida, nos indujo a romper un vidrio que daba al patio y pasar por allí cada vez que quisiéramos jugar. Se transformó en un paso normal, ningún inspector, ni directivo del colegio, se atrevió a impedirlo. Hasta que un día llegó de visita una delegación extranjera y nuestro profesor los invitó a conocer el club. Se fue con ellos en dirección a la ventana de acceso y cuando estaba a punto de invitarlos a pasar, por el vidrio roto de la ventana, llegó un empleado de servicio con un manojo de llaves diciendo que el rector los esperaba a la vuelta, por el pasillo. Hasta ahí llegó la clausura del local.

Raúl, como era de esperar, se transformó en un fanático de este juego. En una oportunidad teníamos una prueba semestral muy importante, estaba por comenzar y mi amigo no llegaba. Pensé que no podría estar en otra parte que en la sala de ajedrez. Pedí permiso al profesor para ir a buscarlo. Allí estaba, analizando una partida del libro “Mis Mejores Partidas” de Raúl Capablanca. Eran las dos de la tarde y estaba allí desde las diez de la mañana.

UN VIAJE A SANTIAGO

Nuestro primer rector, don Hermógenes Astudillo, fue nombrado Rector del Liceo Barros Borgoño, ubicado en la Gran Avenida de Santiago, al poco tiempo mandó una invitación para que nuestro Liceo los visitara y compitiéramos en Básquetbol y ajedrez con ellos. Hubo cierta puja por la nominación de los miembros de la delegación. Entre ellos fuimos nombrados Raúl y yo, él como hombre fuerte del equipo de ajedrez y yo como suplente de ese equipo y reserva del básquetbol.

Casi ninguno de nosotros conocía Santiago. Partimos a las diez de la noche, en el tren nocturno. Como era de esperar, nos dormimos tarde. A las ocho de la mañana llegamos a la Estación Central, donde nos esperaban nuestro anfitrión, don Hermógenes Astudillo, algunos profesores y cerca de veinte alumnos que nos recibirían en sus casas. Raúl y yo fuimos hospedados en casa de una familia judía de apellido Steke. El hijo, que nos recibía, muy ideologizado, comenzó prontamente a requerir nuestra opinión frente a los acontecimientos mundiales. Nos preguntó que pensábamos frente al “holocausto” y del movimiento sionista internacional. Era primera vez que oíamos hablar del sionismo, de manera que hicimos lo posible por cambiar de conversación, derivándola hacia el ajedrez, que nos parecía un ejercicio igualmente intelectual, que podría disimular un poco nuestra absoluta ignorancia en materia de contingencia política.

La casa a la que llegamos, ubicada en el paradero cinco de la Gran Avenida, era como aquellas que nunca soñamos pisar. Tres pisos, recibos, salas de juego, dormitorios espaciosos, muebles finos, alfombras mullidas y cuadros hermosos. La madre, extraordinariamente cariñosa y el padre, de mirada franca, y que en ese momento iba saliendo a la fábrica, nos prometió que al otro día nos llevaría a recorrer la ciudad.

Después de instalarnos en el dormitorio, cada uno en el suyo, nos invitaron a tomar desayuno. En vez de tazas, había vasos de vidrio, nos dimos cuenta, con cierta desconfianza, que en esos posillos nos servirían la leche o el café caliente. Siempre supimos que los vasos de vidrio se rompían inmediatamente al verter en ellos líquidos hirviendo. Estábamos a años luz de la tecnología moderna y nos preparamos para ir de sorpresa en sorpresa. Al día siguiente, después de los partidos de ajedrez, en las que se lució mi amigo, salimos a conocer Santiago, como nos prometió el señor Steke. Ingresamos a la alameda Bernardo O`Higgins por la calle Teatinos, pasando por debajo del edificio del Ministerio de Defensa. Reaccioné a tiempo y me contuve para no abrir la boca.

Al tercer día, después de cumplir los compromisos deportivos se realizó, en el Liceo Barros Borgoño, un acto de despedida. Cuando se estaba realizando el acto, el profesor encargado de nuestra delegación, se acercó a mí y me encargó agradecer la invitación. El dolor de “guata” fue instantáneo. El corazón se me transformó en un tambor. Pensaba que si todos fueran tan versados como mi anfitrión y con la misma facilidad de palabra, mi intervención sería un desastre. Olvidé todo lo que pasó después que me instalé ante el micrófono. Sólo recuerdo la dificultad que tuve cuando se me ocurrió usar la palabra s o l i d a r i d a d. Durante el viaje de vuelta nadie hizo mención de mi discurso. Concluí, entonces, que, a duras penas, cumplí con mi misión.

Al regresar de nuestro viaje, debimos ponernos al día en las materias que se pasaron durante los cinco días que duró nuestra gira, de manera que a la mañana siguiente nos levantamos a estudiar a las cinco de la madrugada. En la oscuridad de la noche, al ponerme los zapatos me confundí y me puse uno negro y uno café y anduve así toda la mañana. Como ese día era lunes, correspondía el acto matinal. Todo el Liceo, cerca de mil alumnos, se reunía en el patio cubierto y, aparte de unos números artísticos, de entonar el Himno al Liceo y el himno Nacional y la intervención del Rector, se informaba de los últimos acontecimientos ocurridos en el establecimiento. Nuestro profesor de historia, que estaba de turno, al informar del resultado de nuestra gira, dijo que algunos alumnos que participaron se encargaron de averiguar las nuevas modas en el vestir que se estaban imponiendo en Santiago. “Por ejemplo”, dijo, “Hernán Muñoz” - me había hecho subir previamente al estrado - se encargó de investigar lo que se usará en el calzado y me señaló mostrando mis zapatos. Sólo en ese momento me di cuenta de mi distracción.

Siguiendo con mi amigo Raúl.

Un día me mostró un plano para fabricar una “radio a galena” - sulfuro natural de plomo -. Conseguimos unos audífonos de teléfono, un poco de piedra galena, alambre de cobre, muy delgado y un condensador variable y nos pusimos a fabricar nuestro receptor. El año 1945 recién se estaba masificando el uso de receptores de radio, en pocas ciudades había radio emisoras y ni siquiera se soñaba con las radios a pilas. De modo que nuestros experimentos causaron sensación en el internado. La noche que logramos escuchar por primera vez la radio Cautín de Temuco sentimos la misma emoción que debió sentir Edinson cuando escuchó su gramófono. Se produjo una verdadera fiebre por experimentar con las radios galenas. Se formó un verdadero tráfico de audífonos, pues aun no se vendían en el mercado. Los más cotizados eran los que utilizaban las telefonistas de la compañía de teléfonos.

Ese año, mi hermano René, ingresó también al internado, estábamos en distintos pabellones, en distintas salas, comíamos en distintas mesas, dormíamos en distintos dormitorios y las actividades de su curso y el mío eran completamente diferentes. Esto hizo que compartiéramos muy poco, cosa que vine a entender cuando ya era demasiado tarde. Durante mucho tiempo lamenté no haber hecho nada para que eso no ocurriera.

El ajedrez siguió ejerciendo una gran fascinación en Raúl. Pronto se convirtió en campeón del Liceo y ganó cuanto torneo se realizaba en la zona. Muchos siguieron practicando el juego ciencia mucho después de egresar, como Mario Larraechea, maestro nacional, que reside en Villarrica.

Pasaron los años y nuestra amistad permaneció inalterable. En los últimos años de humanidades, con la tenacidad que le era característica, se dedicó a estudiar matemáticas, con el incentivo, íntimo y monumental, de elaborar una teoría que diera respuesta a las grandes interrogantes de la física. Esta tarea lo tuvo obsesionado por muchos años. Posteriormente escribió un libro con el resultado de sus investigaciones: la “Teoría de la Permanencia”. Como la vida tiene caminos singulares, de pronto nos separamos, sin perder jamás el contacto, pero no pude seguir la historia de estas investigaciones.

Pero aquí no termina nuestra historia en común, diría que recién comienza.

Nuestro curso, influido por ejemplo de nuestro profesor jefe, se transformó en un grupo cohesionado, solidario, conciente de sus derechos y dispuesto a enfrentar cualquier batalla por la justicia.

Siendo presidente de mi curso, llegó a ocupar el cargo de vicerrector un señor que fue inmediatamente bautizado como “El Charro Negro”, nombre sacado de una película mexicana, cuyo personaje central tenía cierto parecido con él. Este personaje, tenía algo de siniestro, las relaciones con los alumnos eran distantes y pronto comenzaron a surgir ciertos rumores de acoso a algunos alumnos que debían acudir a su oficina. Un día le tocó el turno a uno de nuestros compañeros que debió acudir por un problema de conducta. Al regresar pidió una reunión con todos y nos relató, con lujo de detalles, las actitudes, increíblemente deshonestas, que tuvo con él. Acordamos pedirle que viniera a una reunión con nosotros, al principio se negó, aduciendo que él se reunía con los alumnos que estimara conveniente, y en su oficina. Insistimos, entregándole alguna información respecto de los motivos que teníamos para exigírselo. Accedió, no tenía alternativa, fue una reunión dramática. Al entrar a la sala, se encontró con nosotros sentados, en el más absoluto silencio. Ni siquiera preguntó por nuestros requerimientos. Se mantuvo de pié. Le ofrecimos la palabra al compañero que lo denunció, repitió exactamente lo que nos había relatado, mientras él se ponía cada vez más pálido y comenzaba a temblarle la barbilla. Enseguida le dijimos que nosotros esperábamos que se fuera. Fue un momento indescriptible. Estábamos tremendamente tensos y emocionados. Creo que nadie había vivido una experiencia así. Lejos de sentirnos orgullosos y engreídos, estábamos sorprendidos al descubrir la fragilidad de la naturaleza humana. Fue una lección inesperada y dolorosa. “Más tarde les respondo”, murmuró y se retiró con paso vacilante.

El día siguiente no apareció por ninguna parte. Desapareció del Liceo, nunca supimos lo que pasó. Ese día dejamos de ser niños.

El anterior presidente del curso, el Toro Medina, de gran ascendiente entre los alumnos de todos los cursos, se sintió desplazado por mi nombramiento, tomó una actitud ligeramente hostil, no sólo conmigo, sino que con el grupo que había tomado la directiva. Aludiendo a la amistad que teníamos con Raúl, se refería a nosotros como madame “Miñó” y “Mesié Buholzer”, imitando la pronunciación de la profesora de francés. Pero ya, a esas alturas, las puyas no nos hacían ni mella.

Tratando de reunir fondos para una gira de estudios que no se realizó, organizamos un baile en el Club Español, uno de los clubes más elegantes que existían en Temuco, previamente habíamos elegido una reina que pertenecía al círculo de Medina. Llegó el momento de hacer el “remate” del primer baile de la Reina. Medina se me acercó y me dijo había una persona, enamorado de ella, que había manifestado que él remataría el baile “a como diera lugar”. Por lo tanto, había que competir con él, haciendo el máximo de posturas para lograr una buena utilidad con este remate. Un poco reticentes, pero no queriendo tampoco perder la oportunidad, decidimos aceptar el desafío, aun cuando no teníamos “ni una chaucha” para responder, si nos quedábamos con el remate. Felizmente, uno de los nuestros, escuchó las maquinaciones que Medina estaba haciendo con un grupo de amigos; nos avisó, y logramos poner fin a las ofertas, cuando estábamos a punto de hacer el ridículo más espectacular. Se frustró así la diabólica venganza que el “Toro” nos tenía preparada.

Terminada la enseñanza media, debíamos dar la prueba que nos permitiera ir a la Universidad. El Bachillerato. Fueron tres días de incertidumbre y nerviosismo. Nuestro Liceo era sede para un gran número de establecimientos de la Región, lo que permitió que un gran número de hombres y mujeres se reunieran por primera vez. Para muchos el deseo era doble, sacarse un buen puntaje y conquistar una niña. Muy pocos lo lograron. Yo tampoco.

A SANTIAGO LOS BOLETOS

El mes de Marzo de 1949, viajamos por segunda vez a Santiago a estudiar pedagogía en matemáticas en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile que funcionaba en un antiguo edificio ubicado en Cuming con la Alameda, en donde hoy funciona una de las ferreterías más grande de Santiago.

Raúl fue recibido por un tío paterno, que vivía en calle Cochrane, a dos cuadras de la Alameda. Yo me instalé en una residencial. Mejor dicho, en mi primera residencial, porque mi peregrinar por las pensiones y residenciales del centro de Santiago no tiene límites. Recuerdo algunas direcciones: Agustinas 1875, Catedral 1460, Catedral 23….., Victorino Lastarrias 37, Brasil 327, etc., etc. Cada cambio tuvo una razón y una historia. Algunas veces se debió a que la comida era tan escasa que el plato fuerte era una taza de agua con limón, al cual le echábamos azúcar hasta el punto de saturación, la tomábamos con dos marraquetas, que habíamos comprado previamente, a las que les adicionábamos todo el aceite de la alcuza. En otra, un estudiante de Concepción de apellido Matus, del que me hice muy amigo, estaba debiendo dos meses de pensión y no tenía ninguna posibilidad de pagar. No había otra solución que hacer un gran “perro muerto”. Con varios días de anticipación empezamos a acarrear nuestras pertenencias, nos poníamos dos pantalones, tres camisas, hacíamos un bulto con un colchón, al día siguiente, con las frazadas, hasta que terminábamos con el acarreo de los bártulos, que no eran muchos y llegábamos, en gloria y majestad, a nuestra nueva residencia. En mi periplo por las residenciales del centro de Santiago, llegué hasta la calle Agustinas 1875, en donde me encontré con Alfonso Calderón E., estudiante de Castellano, también de Temuco, con el que compartí, un corto tiempo, una pieza, se estaba iniciando en el mundo literario, hasta llegar a obtener el Premio Nacional de Literatura. Allí llegaban a visitarlos otras jóvenes promesas como Miguel Arteche y Edesio Alvarado.

En esta residencial, en que estuve varios meses, logré relaciones muy amistosas con el personal de servicio- sobre todo de los encargados de atender las mesas en los comedores-. Un día me sugirieron que almorzara en el dormitorio pues eso les permitía servirme platos más contundentes a la hora de comida. Me alimenté como nunca en mi vida. Pero desgraciadamente, al poco tiempo ocurrió un hecho desafortunado. El jefe de los garzones me confidenció un día que él era homosexual, hecho que lo tenía muy angustiado y deprimido. Me llamó la atención que su aspecto, sus modales y su personalidad no acusaban en absoluto esta condición. Con toda la ingenuidad de mis veinte años, me hice el propósito de rehabilitarlo. Estaba seguro que con comprensión podría lograrlo. Empecé a conversar con él. Me empezó a contar su vida, a contarme episodios tan escabrosos que me dejaban asombrado. Pero a poco andar, me di cuenta que no estaba “ni ahí” con su rehabilitación (la vida me enseñó que la homosexualidad es una condición, no una enfermedad) él tenía, también, un objetivo claro: la seducción. Una noche, la última en que nos reunimos, fue muy claro y explícito, la reunión terminó en forma brusca y casi violenta.

Me di cuenta que tanta atención, tan buen trato, la excelente alimentación no tenían otro objetivo que mantenerme “contento y gordito”.

Al otro día estaba en una nueva residencial de calle República.

Me parece que este circuito, por pensiones y residenciales, terminó con la estadía, junto a mi amigo Sergio Bunster, compañero en la Escuela Normal, en un departamento frente a la plaza Bustamante, hacia el poniente unas antiguas construcciones que, al poco tiempo, fueron demolidas. En ese lugar, solíamos reunirnos, con dos compañeros más, muy cercanos y muy queridos: Enrique Carvallo Calderón, Omar Buzada Coccio y Sergio Hola Navarro. Aquí nos reunimos, en más de una ocasión, con el profesor de biología de la Normal, señor Astorga, con quién sosteníamos largas y amenas charlas, sobre la contingencia política o para escuchar los relatos y experiencias de su vida.

A Omar lo vi muchas veces después, como Director de una Escuela en Talagante, pero de Enrique, a pesar de nuestra afinidad de ideas y de ser su compadre, pues fui padrino de su hija, solo supe de él que, hasta el día del golpe, fue profesor en la Universidad Técnica del Estado.

Con Sergio Hola tuve estrecho contacto durante varios años después de egresar de la Escuela Normal. Él, como yo, había ingresado al partido comunista y estuvo trabajando, me parece que en Quilpué, en la Central Única de Trabajadores. De pronto, después del año setenta, cuando la lucha política se agudizó, lo perdí de vista. No supe más de su vida. Sin embargo, tres o cuatro años después del golpe, recibí un inesperado llamado de él, en el que me manifestaba sus deseos de retomar contacto conmigo. Nos juntamos en Santiago, en un departamento que tenía en el centro, charlamos toda la tarde y me quedé a alojar en su casa. Me llamó la atención lo poco precisas las informaciones sobre su vida. Sólo pude concluir que siguió estudiando pedagogía, creo que en inglés, y después trabajó en una compañía minera, posiblemente Sewel. A mí me hizo muchas preguntas. No tuve empacho en contarle mi actividad política antes del golpe y de la represión de que fui objeto después. Lo que más me llamó la atención fue el hecho que en un momento me digiera que no estaba seguro en donde habíamos sido compañeros, en la Escuela Normal o en el Pedagógico, confusión que era inexplicable dado la intensidad de las experiencias que vivimos y el grado de intimidad de nuestra amistad que incluyó visitas mías a su casa de Valparaíso y de él a mi casa en Quitratúe. Nunca más me llamó, y no lo he vuelto a ver. Este incidente constituye para mi un misterio que no quisiera clarificar.

LA FÁBRICA DE ESCOBAS

A los seis meses de estar en Santiago, mientras estudiábamos pedagogía, resolvimos buscar una manera de emprender una actividad que nos permitiera financiar nuestros estudios. Compramos varias veces el “Mercurio”. Por fin encontramos un aviso que nos pareció atractivo: “Por no poder atender, vendo mi fábrica de escobas. Artículo de fácil venta. Materia prima de fácil adquisición. Mano de obra barata. Teléfono 43812”.

Concertamos la entrevista, nos pusimos de acuerdo en el precio. $ 15.000 de aquella época. Le escribí a mi papá. Nos hizo un préstamo, no se si por el total, tampoco se si se los devolvimos. Fuimos a conocer la “fábrica, que consistía en: Tres especies de prensas que servían para fijar, con unas cinco vueltas de alambre tenso, la curagüilla al palo. Se accionaba con un pedal. Las otras “máquinas” consistían en tres prensas cosedoras, cuyo trabajo consistía en prensar la curagüilla, ya amarrada al palo de escoba, y coserla con tres a cinco corridas de pitilla de colores. Se colocaba, por último una etiqueta con la marca del fabricante, que en nuestro caso era “Escobas Atlas”. La curagüilla una gramínea de ramas duras que era traída de Los Andes por un judío que tenía el monopolio, dueño de la Fábrica de Escobas Rumba, al que nosotros pretendíamos hacer quebrar, pretensión que dejamos de lado, una vez que conocimos los grandes galpones en que guardaba la mercadería y la cantidad de camiones que tenía para su distribución.

En torno al negocio de las escobas se movía un mundo insospechado. Mercaderes de la materia prima. Fabricantes de tornos y prensas que, vendidas en conjunto, constituían una fábrica, “que vendo por no poder atender”. Y cuyos compradores eran, generalmente, recién jubilados que deseaban enriquecerse sencilla y rápidamente. Los “ escoberos” constituido por el “lúmpen” más desclasado que me tocó conocer, en su gran mayoría, asociados con los vendedores de “fábricas” y que llegaban, rápidamente, donde el nuevo comprador, a ofrecer sus servicios. Vendedores, a comisión, especialista a vender mercaderías en almacenes inexistentes.

Intentamos trabajar nosotros mismos. Nos instalamos en el barrio Recoleta, en la calle Maria Graham, que partía de la calle El Salto hacia el cerro San Cristóbal. Al poco tiempo nos dimos cuenta que no era cosa fácil, era necesaria mucha práctica y rapidez, para que fuera rentable. Por otra parte las clases no nos permitían mucho tiempo libre.

Optamos por contratar personal. Comenzamos primero con cuatro trabajadores, recomendados por el propio vendedor de la fábrica, que ya estaba vendiendo otra “por no poder atender” y que resultaron ser, además de “escoberos”, avezados delincuentes. Nosotros oficiamos de vendedores, el fin de semana, salimos a repartir. Salíamos a pié, cada trabajador llevaba cuatro docenas de escobas, cargadas sobre sus hombros. Nos íbamos por Recoleta hacia arriba, de almacén en almacén. Después de la última venta pagábamos a los trabajadores y partíamos felices para la casa. Todo resultó bien, hasta que, a la tercera semana, aprovechando que nosotros nos quedamos conversando unos momentos con un posible cliente, se adelantaron, poco a poco, hasta que se nos hizo imposible alcanzarlos; se perdieron entre la muchedumbre y, con ellos, ciento sesenta escobas y cuatro trabajadores que no aparecieron nunca más.

Cuatro más vinieron a reemplazar a los “fugados”. En esa oportunidad nos vino a acompañar la señora Clotilde, la madre de Raúl, quién se encargaba que comiéramos normalmente y de mantener cierta disciplina entre los operarios, mientras nosotros íbamos a la Universidad. Todo marchaba aparentemente bien, hasta que descubrimos que nuestros colaboradores cortaban los mangos de las escobas, las lanzaban por encima de un alto portón y un cómplice se encargaba de recogerlas y llevarlas a otro taller para repararlas.

A fin de año pusimos un aviso… “Por no poder atender, vendo…” Pronto llegó un jubilado, dispuesto a comenzar con una empresa que le diera otro sentido a su vida…

UN VIAJE POR ARGENTINA

El 13 de Diciembre de 1940, viajábamos, con mi amigo Raúl, en el ferrocarril trasandino que partía de Los Andes, a Buenos Aires. Lo recuerdo porque ese día cumplía la mayoría de edad, hecho importante porque ya no era necesaria una autorización notarial de mi padre para viajar al extranjero. Este viaje lo hicimos con el dinero obtenido con la venta de la “fábrica”. Nuestro proyecto era estar allí hasta el mes de marzo. Raúl seguiría en el pedagógico y yo terminaría el curso de normalista que había iniciado el año anterior y que terminaría, excepcionalmente, el primer trimestre de 1941.

Después de estar algunas semanas en Buenos Aires, en plena época peronista, en que la Estación de Ferrocarriles se llamaba General Perón. En que, a lo largo de la carretera - que se llamaba Carretera Presidente Perón - que iba de Buenos Aires a ciudad Eva Perón, había cientos de letreros que decían “Perón Cumple y Evita Dignifica”, y que los opositores replicaban en voz baja con “Perón Cumple y Evita la mugre”. Todo esto era muy útil para el turista que no hablaba el español, porque muy pocas palabras significaban muchas cosas.

Antes de quince días nos fuimos a la ciudad de La Plata. Pasamos, por cinco días, al balneario Punta Lara. Arrendamos una cabaña en la Hostería de don Angelo Rusmando, en dónde, por orden del dueño nos atendieron a “cuerpo de Rey”. Estábamos absolutamente intrigados por este tratamiento tan deferente. Al segundo día pedimos la cuenta que debiera salirnos, según nuestros cálculos, unos quince pesos argentinos a cada uno y nos cobraron sólo ocho. Ante esa “ganga”, resolvimos quedarnos todo el fin de semana. En ese período el gobierno tomó una serie de medidas populistas. Entre ellas, la obligación de hoteles, residenciales y hosterías de colocar, en lugares visibles, el “menú”, detallado, con sus precios correspondientes, partiendo por el pan... Nadie, por acuerdo tácito, por buen gusto o señal “de buena crianza”, pagaba de acuerdo a ese tarifario. Todos pedían simplemente la cuenta y pagaban, sin chistar, los precios convencionales que se pedían en todas partes, por un buen servicio y una buena comida.

Si, excepcionalmente, alguna persona exigía ser atendido de acuerdo al tarifario tenía que esperar hasta el final, aceptar las “puyas” del garzón y servirse una muestra de lo que era el plato original. La explicación nos la dio el propio don Ángelo, dueño de la hostería, nos preguntó si éramos de la provincia de Corrientes, al contestarle que no, suspiró aliviado y dijo: “Hace una semana comenzó una fiscalización provincial con relación a las tarifas de los alimentos, el no cumplimiento significa multas y clausura. Los agentes que andan haciendo la fiscalización, son jóvenes correntinos, recién contratados y hablan igual que ustedes. Por eso me esmeré tanto en atenderlos”. Para festejar nos ofreció una copa de coñac y quedamos de volver a la vuelta.

Llegamos a La Plata (Eva Perón) al atardecer. Fuimos hasta allí porque nos informaron que había un programa de convalidación de estudios de pedagogía entre la Universidad de Chile y la Universidad de la Plata.

En la Plata elegimos una hostería al azar. No supe si tuvimos suerte o en todas partes atendían bien. Tal vez, tanto experimentar con pensiones de mala muerte, el año anterior, nos predispuso a conformarnos con todo. Todos los días nos daban un trozo de “bife” a la hora de almuerzo, (sólo eso ponía una distancia sideral, entre éstas y nuestras pensiones) sino que todo el tiempo nos ofrecían repetición.

En Raúl, a estas alturas, se fue acentuando una onda mística de que fue “poseído” hacía ya algunos meses. El contacto permanente, la amistad profunda, las lecturas compartidas, mi admiración por él y mis propias inquietudes existenciales me hicieron “aceptar el evangelio”, al que adscribí, con verdadera fe y entusiasmo, posiblemente no a “tiempo completo” como Raúl, pero si con gran convencimiento y fervor.

El mes de Marzo del año siguiente yo volví a Chile a terminar mi curso en la Escuela Normal José Abelardo Núñez con el compromiso de volver, y seguir con mi amigo, pedagogía en matemáticas, para lo cual él ya estaba inscrito en la Universidad de la Plata.

Allí nuestras vidas se separaron, me recibí y no volví. Empecé a trabajar de inmediato Raúl se quedó, estudió y volvió sólo dos años después, encandilado por una profesora chilena que fue de paseo a Argentina y lo trajo a su país, directamente al Registro Civil.

Pero eso es ya otra historia, que Raúl se encargará algún día de contarla.
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Hasta aquí parte de lo que escribió mi amigo Hernán Muñoz.

Nota:
foto 1: 1986 Hernán Muñoz Álvarez y Raúl Buholzer M., en Dortmund.