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lunes, 5 de enero de 2009

“Aventuras con mi moto inglesa de carrera”

Década del 50.
Anécdotas recopiladas por Aída María Román.

Como la agilidad de Raúl Buholzer para atender sus almacenes, la fábrica de carbón vegetal para el carburo y para hacer los trámites en sus cuatro cuentas bancarias era tan grande que yo no me la explicaba, le pedí a Raúl que me cuente cómo lo hacía. Resultó que el actor principal de esa tremenda agilidad era una moto inglesa de carrera.
A continuación podrán ustedes leer el relato que Raúl hizo de su caballo metálico robótico, el que en un momento de su historia, entre otras gracias, le causó un menudo susto a toda la Municipalidad de Lanco.

“Al volver de estar estudiando en Argentina el Doctorado de Física Teórica, en el año 1953, me casé con Marta, me fui a vivir a Malalhue y tuve una hija”.

“Acostumbrado a comprar en los remates en Santiago mercaderías para los almacenes de mi madre, en una de estas subastas me compré una moto con mucha historia. Según el martillero, con esa moto inglesa, marca Rodge, se había ganado una carrera efectuada en Chile un par de años antes. El famoso corredor inglés la había dejado en el Hotel Carrera de la capital en parte de pago. Como no apareció ese corredor inglés en la fecha oportuna la moto salió a remate. Afortunadamente para mi había muy pocos postulantes y la rematé en muy buenas condiciones. La llevé al sur de Chile colocándola en el carro de equipaje del mismo tren en que yo viajaba ese día hasta Lanco. Retiré la moto del equipaje y me fui en ella a mi casa, cuando llegué a Malalhue noté que la moto tiraba poco. Tenía poca fuerza y estaba echando humo por el tubo de escape. La tuve guardada en el garaje durante unos meses”.

“Felizmente apareció en el pueblo preguntando por mi un mecánico chileno, Antonio Álvarez, que trabajaba en Buenos Aires. Esto fue una casualidad muy bienvenida. Antonio fue informado que yo era un chileno argentino como él. Él venía a Malalhue en busca de su único tío, ya que sus padres habían fallecido en Argentina. Desgraciadamente le tuve que decir que su tío también había fallecido y que estaba enterrado en el cementerio del lugar. Hablamos muchísimo sobre Argentina y en el momento de despedirse se me ocurrió preguntarle sobre su profesión y salió a la conversación la moto. De inmediato le fui a mostrar la moto y le conté su historia. Él conocía casi todos los tipos de motos, trabajaba precisamente en Buenos Aires en un taller de motos de carrera. Al hacerla andar le diagnosticó rápidamente lo que tenía. Me dio un susto cuando me dijo que el motor había que desarmarlo parcialmente y cambiarle los anillos. Al día siguiente, dicho y hecho, comenzó a desarmarla, le sacó los anillos y me los entregó para que compre de los mismos en Temuco. Me dijo Antonio, -si no hay allí, que me los encarguen a Santiago y si allí no los hubiere, entonces hay que encargarlos a la dirección que yo le di en Buenos Aires-. Mientras tanto le busqué un hospedaje y le di dinero por el trabajo ya realizado. En Temuco no tenían los anillos, por lo que los encargaron a la capital y una semana después Antonio armó la moto con nuevos anillos. Quedó flamante. Según el mecánico, no hay en Chile quien pueda ganarle a correr a esta nueva moto. Pensaba volverse inmediatamente a Argentina, pero yo lo convencí que se quede a lo menos durante ese mes en que yo le había pagado el alojamiento. Se quedó, me arregló la moto y tuvo otros trabajos durante ese período. Antonio fue mi salvación para el arreglo de la moto y la movilización entre mis negocios”.

“Para aprovechar al máximo la potencia de su motor las motos de carrera de ese tiempo tenían escape libre. Su ruido hacía huir espantados al ganado vacuno y a los equinos, no así a los perros que inmediatamente ladraban y seguían a la moto. En todas las calles, de estos pueblos chicos, se juntaban siempre muchos perros callejeros y cuando ellos se acercaban a la moto, yo debía acelerar aún más. Mi corpulenta moto era todo un lujo en potencia y calidad. Su potente motor y batería hacían que la moto fuese pesada y que también llevase neumáticos relativamente gruesos. El ruido emitido hacía salir con preocupación a las personas de los pueblos chicos a mirar por las ventanas a este insólito vehículo que pasaba tronando por la calle. Como en la zona no habían otras motos la Municipalidad no otorgaba ni exigía patentes. Tampoco era obligación usar casco de protección, ni existía control alguno de velocidad, ni carné de conducir de ninguna clase, ni pagos de permiso de circulación, etc., etc”.

“En ese tiempo no había una sola moto, aparte de la mía, en toda la región desde Lanco a Panguipulli. Y estos otros tipos de motos especiales de carrera no eran conocidas ni en Temuco, ni tampoco en Valdivia. Mi moto inglesa de carrera despertó tanto interés que aparecieron varios interesados en comprármela, yo ya no la quería ni vender ni cambiar por un auto. Antonio le acomodó un buen y seguro asiento atrás y en él se sentaba Marta para llevarla diariamente a la escuela. Premiaba todos los días con un paseo en moto por el pueblo de Melefquén al mejor alumno de la escuela durante el día donde trabajaba y era directora Marta. Cuando la iba a dejar los alumnos me esperaban correctamente formados. Ellos se esmeraban en ganar este premio, les encantaba la moto quedaban felices después de haberse subido a este ingenio”.

“Un buen día debí perseguir con la moto al tren Flecha, desde Lanco hasta Loncoche y con un empleado de mis negocios sentado en el asiento de atrás. Luego José se cachiporreaba diciendo que habíamos volado, sin que la moto tocara tierra. Era tal su regocijo que no sentía las piedras y los saltos que dábamos sobre el vehículo. No existían los caminos pavimentados, los caminos eran de ripio y tierra. Sin embargo, al día siguiente de haber salido en la moto conmigo este joven me decía en las mañanas que sentía adolorida la parte trasera, pero mientras viajábamos jamás se quejaba porque le gustaba muchísimo andar en moto. La moto era tan atractiva, que otro de los trabajadores de mi negocio, que era gordito, envidiaba a José por salir conmigo a correr aventuras, las que él contaba ampliadas y corregidas. Yo llevaba a José, porque tenía el peso de un jinete de caballo de carrera”.

“En una oportunidad que me vino a ver mi amigo Hernán Muñoz, yo me ofrecí para irlo a dejar en moto a Quitratúe, que se encontraba a 80 kilómetros de distancia. El viaje era duro, aún llovía muchísimo y los caminos estaban llenos de posas de agua. Para ir a la casa de los padres de Hernán, lo más complicado del viaje era atravesar la famosa y temible cuesta de Lastarrias. Era muy alta y muy larga, los motores de los vehículos sufrían considerablemente con este enorme esfuerzo. Conjuntamente existía otro problema, era conocido que allí siempre habían algunas pandillas o grupos de malhechores. Estos echaban a perder el camino intencionadamente y cobraban precios prohibitivos por sacar a los autos de los pantanos. Tenían yuntas de bueyes preparadas para sacar a los vehículos que se atascaban en esas posas de agua. Ellos mismos las fabricaban y los autos que esquivaban una posa metían la rueda en la otra. Esta historia yo la sabía, sin embargo cuando íbamos bajando la cuesta con Hernán, cerca de Quitratúe, metimos la rueda delantera en una posa de éstas y salimos inercialmente disparados pegándonos contra el ripio de la carretera e hiriéndonos duramente las manos. Un poco más abajo estaban los tipos con las yuntas de bueyes y como ya conocíamos los malos antecedentes de ellos tomamos la moto y nos fuimos lentamente, en primera, por el pasto paralelamente a la carretera hasta esquivar a estos bandidos. Llegamos a Quitratúe, demorando más de cinco horas de viaje, totalmente embarrados y magullados. Pero estábamos en una edad en que esto no era para nosotros nada más que una pequeña aventura. La señora Sarita, madre de Hernán, quedó muy asustada al vernos llegar en esas lamentables condiciones. Un par de días después me volví a Malalhue por el mismo camino, con mucho cuidado, no tuve ningún problema, demorando sólo un par de horas en llegar de regreso a mi casa”.

“En otra ocasión, al tratar de girar a la derecha llegando a un cruce de calles, bruscamente a la moto le quedó suelto el pedal izquierdo y yo inercialmente fui despedido cayendo fuera de la calle sobre el matorral de un jardín. La moto siguió su camino, atravesó la calle y fue a parar justamente contra la Municipalidad de Lanco. Quedó con el motor andando y produciendo un ruido infernal a la entrada de este recinto. En la Municipalidad habían dos regidores que estaban muy asustados mirando por la ventana y no se atrevían a salir. El alcalde salió con su cara muy pálida y no sabía como enfrentar el asunto... Oí que el alcalde decía algo a gritos. Me levanté de entre el matorral, ahora escuchando que decía, -¿quién lanzó esta moto contra nuestro edificio?- Dice usted, ¿que yo lancé la moto? Yo no la he lanzado, le refuté, la moto se fue sola para allá. Y por último gritó nuevamente el alcalde, -¡Pare este demonio y váyase de aquí!- Acto seguido saqué la moto, le atornillé el pedal, me subí a ella y me fui. Unas cuadras más allá tuve que parar la moto para reírme a carcajadas del enorme susto que yo le había dado a las autoridades. Yo notaba que este Consejo Municipal de Lanco me respetaba mucho, probablemente porque yo era un comerciante con una cadena de almacenes, por otro lado la producción de carbón era muy voluminosa y además mi esposa era la directora de una escuela”.

“Afortunadamente no quedé nunca con ninguna pana seria botado en el camino, ya que en esos años todavía ni se soñaba en crear servicios de rescate en carretera, ni en colocar teléfonos de emergencia en los caminos. Yo era Profesor de Física y sin embargo no vaticiné, ni en broma, un futuro con teléfonos celulares, ni la aparición de un servicio de rescate aéreo mediante helicópteros”.

“Nunca, ningún vehículo me adelantó, ni camiones, ni buses, ni tan siquiera el tren Flecha. Tuve otras caídas y después de esto reduje drásticamente las velocidades. Esta moto produjo en mi un cambio muy grande, de imprudente pasé a ser muy prudente, tanto fue así que después de unos años mis amigos me bautizaron como Prudentito”.

“A pesar de algunas malas experiencias, la moto resultó ser una solución maravillosa para resolver con rapidez los múltiples problemas que se presentaban en la administración, control y conexión de mis tres almacenes de Malalhue, Melefquén y Huellahue e igualmente fue muy eficaz para atender los múltiples problemas de la fábrica de carbón vegetal. Y como ya decían mi abuelo y mi padre, ¡Confiar es bueno, pero controlar es mejor!”

Nota:
foto 1: 1953 Raúl Buholzer M.
foto 2: 1956 Raúl Buholzer M.
foto 3: mapa de la zona.
foto 4: 1953 Hernán Muñoz Álvarez.

viernes, 5 de septiembre de 2008

"Reminiscencias de Lican-Ray"


-Proyecto entre Neruda y Raúl para organizar en el Lago Calafquén la Isla de la Ciencia y de la Literatura.
-La fiel perrita Laica que acompañaba a Raúl en Lican-Ray.
-Raúl construyó casas y cercos para los amigos.
-Desalojo de habitantes antes del desborde del lago formado cerca del cráter del Volcán Villarrica.
-Balsa catamarán hecha por Raúl, la famosa Brigitte Bardot.
-Curiosos botes de Hernán Muñoz.
-Paseo a la isla que tenía una gran cruz de madera y grabación hecha en ella por Raúl, Marta y Hernán.
-Isla de Gutenschwager- tenía 99 años de concesión- Raúl se la cambió por una casa.
-Campesino dejado en una isla con cerdos y un bote, encontrado, salvado y protegido después por Raúl.
-Excursiones hechas con los amigos en el Lago Calafquén y sus riberas.
-Raúl cuenta cuentos sobre el cosmos a los niños, hijos de los amigos.
-Eucaliptos llevados de la Isla de los Conejos por el tío Enrique para cercar sitio de Juanito.
-Insólitas gentilezas del tío Enrique para con la comunidad del balneario.
-Lista de fans de Lican-Ray.

Pronto podrán ustedes compartir y disfrutar con estos recuerdos de Raúl Buholzer.

jueves, 21 de agosto de 2008

“Los efectos de la anestesia en un optimista”

Narrado y trascrito por Aída María Román.
Agosto 2008.

Muchas veces los domingos nos juntábamos con Raúl para escribir. En uno de esos fines de semana, mientras almorzábamos, Raúl me dijo que tenía que narrarme unos hermosos recuerdos que él tenía de una estadía en un hospital. Comentamos algo sobre el inicio de las Olimpiadas en China y llegamos a la conclusión de que nos deleitaríamos una vez más este año con otras medallas que llevarían de nuevo a Chile nuestros excelentes jugadores del tenis. ¡Ellos tenían ahora cuatro años más de innumerables triunfos continuados desde cuando las obtuvieron en Atenas el 2004 y pensamos que como tenían mucho más experiencia de seguro que las volverían a ganar!

Con respecto a la curiosa anécdota que le ocurrió a Raúl en el Hospital Universitario de Dortmund, la historia era muy interesante, pero en el escaso tiempo disponible que teníamos ese día yo pude tomar nota solo de una pequeña parte. Nos despedimos y quedamos de juntarnos de nuevo el próximo fin de semana. Una semana después, Raúl muy entusiasmado comenzó así.

“¿Te acuerdas que cuando almorzábamos el domingo pasado y yo te dije, tienes papel y lápiz para escribir una historia sobre unos simpáticos recuerdos de mi estadía en la clínica de rehabilitación? Como la comenzamos ese domingo y no la pudimos terminar, yo tengo ahora algo mucho más preparado para poderla concluir. De nuevo necesito que me ayudes a terminarla, ya que incluye unas curiosas e interesantes anécdotas que las he venido recordando casi a diario en esta última semana. Por favor, terminémosla aunque tengamos que trabajar otro par de horas más. Generalmente estas cosas que suceden en los hospitales, por falsos prejuicios, nadie se atreve a relatarlas por ser estos acontecimientos muy insólitos. Estos raros sucesos pasan a ser estimados como una consecuencia natural producida por la anestesia, además se consideran asuntos de nuestra vida privada. Sin embargo yo pensé que es bueno dar a la publicidad también este tipo de experiencias. En esta semana recién pasada traté de recordarme de muchos detalles. Ahora tengo el bosquejo escrito de toda la historia completa y ojalá la podamos terminar hoy mismo. Te ruego leer este manuscrito y si algo de lo que te voy contando no está bien, por favor, corrígelo.”

“Al llegar de Chile a Alemania debí pasar varios años soportando agudas dolencias al corazón. El doctor que yo elegí como médico de cabecera me sometió a una serie de tratamientos durante más de un año y me envió posteriormente a un médico especialista del corazón, Felix Liglong. El cardiólogo resultó ser un eminente médico y posteriormente se convirtió en un cordial amigo. Me atendió muy bien, me contó que le gustaba el poeta Neruda y que conocía mucho Chile, era aficionado al alpinismo y había subido a varios volcanes chilenos. Años después habiendo detectado ciertas agudas anormalidades en mi corazón, el doctor Liglong me aconsejó que me fuera a examinar más a fondo a la Clínica Universitaria de Dortmund. En el hospital, introduciéndome un instrumento muy fino por el sistema circulatorio, o sea mediante catéter, me detectaron problemas de estrechamiento en el paso de la sangre en tres arterias coronarias. Yo pude ver simultáneamente, en la pantalla del computador que usaban los doctores, estas anomalías en las arterias sobre el corazón. La solución a este grave problema se dictaminó de inmediato y consistió en que debían hacerme una delicada operación colocándome tres bypass a las arterias bloqueadas.”

“Todo el desarrollo de esta operación a las arterias de mi corazón, efectuada en el año 1997, es el que dio motivo a estas anécdotas. Mis comportamientos a causa de la anestesia fueron no muy habituales y los estoy aquí narrando exactamente tal como los recuerdo.”

“Yo tenía tres amigos en el Hospital de Dortmund, ellos tenían de común conmigo algunas cosas muy importantes, una de ellas era que odiábamos las dictaduras. Los tres trabajaban en importantes puntos claves, desde donde me podían ayudar en el recinto hospitalario; aparte de dos enfermeras chilenas, el tercer amigo era el doctor Felipe, un médico español. El médico español era jefe de la Sección de Neurología y me dio, por si tenía alguna dificultad, el nombre de sus colegas en importantes cargos hospitalarios. Me añadió que a ellos podía acudir en su nombre. Me aconsejó que debía recurrir siempre directamente a los jefes y no a los médicos intermediarios. Me agregó, -ellos no le van a querer llevar tus problemas a su jefe por razones obvias-.”

“Esta institución hospitalaria, sin ser la mejor de Alemania, tiene en la planta baja una impresionante zona dedicada a las operaciones del corazón. Cuando me llevaron allí me sentí como si me hubiesen trasladado a un soñado hospital cósmico futurista. Aparte del respetuoso silencio me parecía que allí todo estaba dedicado para salvarme la vida. Los médicos y el personal tenían hacia mí una atención exquisita. Alemania me pagaba en ese tiempo, por mi condición de exiliado político, un seguro de salud. Me sorprendió que toda esta operación y sus remedios eran para mí absolutamente gratuitos gracias a este seguro.”

“Después de operarme del corazón colocándome tres bypass, debí quedarme un par de días en el interior de la zona de las operaciones del Hospital de Dortmund. La primera maniobra postoperatoria terminaba sacándome los tubos que alimentaban mi pulmón de oxígeno y los otros tubos que llevaban la sangre a una bomba impelente que actuaba en reemplazo del corazón. Después de sacarme muchos de estos instrumentos me pasaron de todas maneras como precaución a una estación especial, que por supuesto era de máxima emergencia. Los primeros días los debí pasar, como todos los que se operan del corazón, en esta zona de cuidados extremos. Allí los enfermos éramos tratados con una gran delicadeza. Llegué a esta sección con los tubos de drenaje, para la salida de sangre expulsada de todas mis heridas mientras se iban cicatrizando. Tenía heridas aún sangrantes en dos lugares del pecho y en las dos piernas. Normalmente sacan el material para los bypass de una sola pierna, pero conmigo debieron hacerlo de las dos piernas. Como estaba aún con una anestesia especial no sentía dolores y gozaba de un optimismo casi exagerado.”

“Un par de días después me llevaron sobre mi cama con ruedas a una hermosa, e inolvidable, sala. Aquí comenzó mi primera anécdota en el hospital. En la fastuosa sala de emergencia, tenía continuamente a dos bonitas enfermeras al pié de mi cama. Me sentía sin dolores y muy contento como una persona semi emborrachada. A mis dos hermosas acompañantes les conté, cachiporreándome muy ufano, que me había llevado, una chilena colega de ellas, un perfume de regalo a mi pieza del hospital. Como noté que eran mis ángeles de la guarda les pedí que me trajeran el perfume. Por supuesto que ellas me lo trajeron, me afeitaron y me lavaron cuidadosamente pasándome luego el perfume con sus delicadas manos por la piel de la cara recién afeitada. Eran super cariñosas, tanto la rubia como la de pelo negro, no tenía predilección en especial por ninguna de las dos. Me conversaban cariñosamente y yo las encontraba a ambas super encantadoras.”

“Unos días después de estar en este delicioso lugar, apareció un equipo de practicantes asaltándome en el que yo creía que era como un recinto super privado. Me sentía en este ambiente como si fuese el dueño de este paraíso. Este equipo sin pedirme permiso movió mi cama con ruedas diciéndome que se acabó la emergencia y advirtiéndome que me llevaban a la sala de recuperación. De inmediato le manifesté al enfermero, que parecía ser el jefe, mi deseo de quedarme allí mismo, él me dijo algo preocupado si me sentía aún mal y yo le dije que al contrario, las dos hermosas enfermeras me habían tratado super bien y ésta era la razón fundamental por la que no deseaba trasladarme. El enfermero le contó a los otros practicantes que lo acompañaban este hecho como algo anecdótico. -Tenemos un enfermo en huelga que no quiere salir de la sala de emergencia-. A continuación los enfermeros le hicieron lindas bromas a mis dos preciosos ángeles.”

“Me llevaron sin mayores discusiones a la sala de recuperación y allí quedé en cama custodiado las veinticuatro horas del día por un grupo de médicos y un riguroso aparato de control electrónico. Este aparato comunicaba, usando una serie de censores, permanentemente mi estado de recuperación a un computador. En la pared tenía suspendido y apoyado un computador con una enorme pantalla. Allí, sobre mi cabeza, en esta pantalla del computador estaba todo mi cambiante historial, temperatura, pulso, presión, y otros cerca de cuarenta parámetros. El oxígeno en la sangre me lo tomaba un curioso censor puesto en un dedo de la mano izquierda. Pero no estaban ELLAS, las echaba mucho de menos y por supuesto que era muy diferente, ahora el hábitat, el tener que estar acompañado solamente de estos aparatos electrónicos. De inmediato fragüé una táctica para que me devuelvan a la anterior sala de emergencias donde reinaban mis dos ángeles. Pedí hablar con el jefe y vino uno que era solamente jefe de esa sección, le argumenté que necesitaba hablar de algo muy privado e importante con el médico general cuyo famoso nombre me lo había dado, días antes de pasar a la operación, mi amigo Felipe. Después de un largo rato apareció muy preocupado el jefe con un par de ayudantes. Me dijo en español apenas me vio, -su amigo el doctor Felipe ya me habló de usted, cuénteme todo lo que le pasa en español.- Le narré toda la historia de la exquisita atención de las dos niñas que me habían atendido en la sección anterior. Terminé diciéndole que ni por nada me quedaba en esta sala de recuperación común para todos. ¡Usted debe enviarme de vuelta a la sala de emergencias!- Él me contestó sonriente, -usted se irá en unos días más no a la sala de emergencias, sino a un excelente sanatorio de nuestro hospital que queda en un ambiente campestre a treinta kilómetros de aquí. Allí tendrá unas enfermeras tan responsables y cariñosas como las que conoció. Mi colega Felipe ya me habló de su caso, por su apellido yo lo tomaba por alemán, pero después supe que es latinoamericano. Pese a todo lo que usted pasó, él me ha dicho que sigue con sus ideas muy optimistas sobre el futuro de toda la humanidad-.”

“Después del hospital tuve que seguir recuperándome en este sanatorio, que es exclusivo para los recién operados del corazón. Mi amigo médico español me entregó el nombre del jefe, o sea del Director General del Sanatorio que también era muy amigo de él. Mi hija Yenny, acompañada de Marta, mi mujer, me llevó en su auto al sanatorio que quedaba a treinta kilómetros de Dortmund. Allí estaba destinado a quedarme por cinco semanas. Felizmente este resultó ser un magnífico sanatorio para los enfermos del corazón, estaba consagrado como algo super especial y ejemplar del servicio de salud de Alemania. Estaba ubicado fuera de la ciudad en una zona llena de hermosos bosques. En el sanatorio cuidaban con mucho detalle todas las anormalidades que se podían presentar a sus más de trescientos enfermos. Este sanatorio era totalmente alfombrado y tenían destinado, entre otros lujos, un suntuoso dormitorio con una pieza para cada uno de los enfermos y con enfermeras, que conocían el historial clínico, de cada uno de nosotros. Todas las mañanas nos sacaban una gotita de sangre de las orejas para analizarla. Medían la temperatura, la presión y el peso. Todo tipo de instrumentos estaba a nuestra disposición, para movernos dentro o fuera del recinto podíamos usar bastones o bien aparatos móviles de cuatro ruedas, unos solo para afirmarse y otros para andar sobre ellos y moverlos con las manos accionando sobre las ruedas, etcétera.”

“En el sanatorio un día, una enfermera, me encontró alguna anormalidad en la presión sanguínea y me sometieron a una vigilancia muy especial. Esto originó que debía llevar puesto por 24 horas unos censores automáticos para tomarme la presión. Este aparato durante el día y cada media hora me apretaba lenta y suavemente los músculos de un brazo tomándome la presión arterial. Para la noche había un programa diferente con el instrumento. Cuando la enfermera me quiso acomodar el utensilio, para que no actuara cada media hora sino cada dos horas para que el instrumento me dejara dormir, entonces le dije que me indicara solamente lo que tenía que hacer pues yo era experto en programación. Después de esto ella no se preocupó más de este asunto. Habíamos quedado en que al comenzar la noche debía yo mismo programarlo. Me olvidé de hacerlo y desperté a las dos de la madrugada y me di cuenta que no era precisamente mi esposa la que me había apretado suavemente el brazo izquierdo. Era el imparable aparato automático, el que me había originado un lindo sueño erótico. Me fui silenciosamente al baño sin tocarle el timbre a mi enfermera. De amanecida me sacaron los censores con los artefactos y a las 10 de la mañana me llevaron en camilla al estudio de una hermosa doctora. Después de mirar los papeles que había entregado grabados el artefacto, ella me dijo que el aparato automático había funcionado durante el día anterior en excelentes condiciones. Me miró y me advirtió de algo que al parecer la dejó muy preocupada. En la noche no se presentaron dificultades, ya que acusaba excelentes exámenes cada media hora hasta las dos de la mañana. Me volvió a mirar intranquila y me dijo, -mire usted la curva que indica que a las dos le subió violentamente la presión y después le ha quedado más baja que lo normal y usted siguió seguramente durmiendo toda la noche-. No tenía como explicarle a esa hermosa mujer lo que me había pasado con el lindo sueño que había tenido. Le mentí diciéndole que me había levantado para ir justamente a esa hora al baño y esto explicaba el por qué de la subida de la curva que indicaba mi altísima presión a las dos de la madrugada. Ella no se conformó con esta explicación y me pasó directo a los estudios del médico jefe. Él ya me tenía en su ficha, como el autor del insólito caso del enfermo que no quería salir de la sala del intensivo; después de conversarle de hombre a hombre al facultativo y en solamente unos minutos me dio de inmediato de alta y pasamos a la otra sala donde le explicó a mi doctora que yo estaba super normal. Ella movió la cabeza y no le podía creer. Me di cuenta que ella murmuró, en voz muy baja, -¡al jefe no se le puede discutir!-.”

Siempre conocí a Raúl con mucho optimismo y como me contó que fue operado del corazón, yo estaba sorprendida, o no concebía, que se pudiera conservar la tranquilidad en estas agudas condiciones de una operación tan delicada. Pero cuando me contó la historia me pareció muy interesante dado que aún con los efectos de la anestesia el optimismo no se pierde, sino que al contrario se hace más latente en muchas personas. Este fue el caso del profesor Raúl Buholzer que estando recién operado, mantuvo su optimismo. Seguramente esta asombrosa confianza en la ciencia médica fue también apreciada por ustedes en la narración que él me hizo y que acaban de leer.

Nota:
foto1: Raúl frente a la Clínica Universitaria, en Dortmund.
foto2: Raúl, en la Clínica Universitaria, en Dortmund.

jueves, 31 de enero de 2008

Arquitectos y cosmonautas del Reino Animal

Raúl Buholzer y Aída María Román.
29.01.2008

¿Ardilla? ¡¡¡Sí, ardillas!!!

En Alemania se da el caso de que por orden municipal no se puede edificar con menos de cinco pisos ningún edificio en las zonas habitacionales céntricas. Por otro lado, las personas que son propietarias o arrendatarias desean tener un espacio libre con jardín. Por esta disposición municipal se hacen las altas construcciones, apegadas a la calle, cubriendo toda una manzana. Quedando los patios interiores rodeados de un muro habitacional de casi veinte metros de altura. A este patio que queda encerrado en el interior sólo pueden llegar los arrendatarios y sin permiso alguno, por supuesto, lospajaritos.

En los parques alemanes es muy común ver en los atardeceres a muchísimos conejos pastando fuera de sus madrigueras. En estos parques se ve de vez en cuando una hermosa ardilla que a los chilenos nos ha llamado vivamente la atención, quizás porque en Chile nunca tuvimos ocasión de encontrarnos con estos agraciados y curiosos animalitos. Estas ardillas que hemos visto en repetidas ocasiones en los parques andan aparentemente siempre solitarias, su pareja está en las cercanías, en sus nidos quizás amamantando a sus crías. Cuando vemos de lejos a una, ésta se esconde sabiamente de nosotros detrás del primer árbol que encuentra y luego trepa por el otro lado del tronco sin que nosotros la podamos ver. Por ese arte de esconderse tan inteligentemente esta simpática especie ha perdurado muchísimo tiempo impidiendo que los depredadores la exterminen. De esta especie se han encontrado restos fósiles con una edad estimada de a lo menos en unos treinta millones de años. No olvidemos que los primeros seres humanos tienen una antigüedad solamente de alrededor de un millón de años.

Esta pequeña introducción anterior tiene por objeto dejar clara una experiencia que tuvo Aída María cuando me visitó hace algunos días, en mi departamento que está ubicado en un primer piso. Y escribió esta anécdota unos días después. Hace dos semanas atrás quedé perpleja al mirar, en la casa de Raúl, por la ventana de la cocina y ver que en el jardín sobre los arcos florales de baquelita estaba sentada una ardilla de color grisáceo, con un poco de blanco en el pecho y algo color café en sus costados. Parecía una equilibrista de circo. Con sus fuertes patitas y sus uñas curvadas y muy afiladas se tomaba fácilmente de la armazón de baquelita que sostiene las enredaderas del jardín. Permaneció allí unos segundos y yo no salía de mi asombro. Luego saltó a la terraza, se encaramó por las ramas de la flor de la pluma y se me desapareció. Le conté a Raúl lo sucedido, quien no alcanzó a ver a la simpática visitante del jardín, pero si me dijo, no te das cuenta que a este patio sólo pueden entrar los pajaritos y caramba que tienen que volar alto y saber aterrizar en forma casi vertical. La ardilla que tú vistes debió seguramente andar por las canaletas del techo y subir y bajar por los tubos de desagües de ellas. ¿Tú crees que esto es posible?
Mis dudas. ¿Cómo entró entonces a este jardín esa ardilla? No lo pudimos dilucidar. Después de eso le dejamos una nuez entera sobre uno de los maceteros. Un rato después había desaparecido la nuez, entonces le dejamos un par de nueces. En una de esas vimos venir a la ardilla y llevarse una nuez, pero volvió muy pronto por la otra, por lo que dijimos, al unísono con Raúl, la enterró. Nos preguntamos, pobre ardilla, ¿qué comerá aquí adentro? Seguramente las nueces que le dejamos no las puede partir, ¿tendrá dientes suficientemente afilados para partir esa cáscara tan gruesa? Acto seguido le dejamos repartidas sobre los maceteros un par de nueces con la cáscara partida. La ardilla vino, trató de abrir la cáscara, sacó un pedacito de nuez y se la llevó a enterrarla volviendo luego por la otra y así sucesivamente. Seguro que en un par de años más crecerá un montón de nogales chiquitos en el patio. En la tarde de ese mismo día optamos por partir muchas nueces, de modo que cada una quede abierta en unas cuatro partes y se las repartimos en los diferentes maceteros, para así lograr verla en su fugaz búsqueda. Salimos a la terraza a dejárselas y casualmente vimos en ese momento que la ardilla trepaba ágilmente por el árbol, que crece en el patio casi pegado al edificio del frente, trepando hasta el techo mismo de ese edificio de cinco pisos. Saltaba a lo menos cinco metros de una rama a otra, haciendo las de un acróbata del circo animal. Su enorme cola le ayudaba seguramente a mantener el equilibrio. Buscaba alimentos primero saltando a las ventanas del tercer piso y luego haciendo lo mismo en el cuarto y finalmente llegando a las ventanas del quinto piso. Su vista debe ser increíblemente aguda al practicar estos saltos.

Desde esa altura en que se encontraba, nos vio la ardilla que estábamos abajo en la terraza con nueces en la mano y acto seguido ocurrió algo espectacular. Comenzó a desandar muy rápidamente el camino por el que ella había trepado hasta llegar al techo. Permaneció bajando por el árbol siempre con la cabeza hacia abajo, mirándonos a la distancia y luego corrió en dirección a nosotros atravesando los patios. Le dejamos de inmediato las nueces peladas y otras en el suelo. Nos entramos igualmente muy rápido a la cocina y nos quedamos observando qué pasaba y contemplando desde detrás de la persiana. Llegó la ardilla, se paró en la orilla de la jardinera mirándonos a nosotros, movió por unos momentos su preciosa y peluda cola igual que lo hace un perrito contento y se fue derechito a las nueces. Removió, sacó, comió un pedacito y bajó con su presa, la vimos enterrarla y además que después vino un pájaro desenterrar y a servirse ese botín. Volvió así sucesivamente por el resto del botín y cada vez a hacer lo mismo y enterrarlo en otro sitio diferente, incluso en las mismas jardineras de la terraza. ¡No podíamos creer lo que habíamos visto, tan sólo a un metro de nosotros! Después optamos por pelarle totalmente las nueces, con lo que descubrimos que la ardilla, ya más en confianza, se come realmente los pedacitos allí mismo en la terraza, frente a nuestra vista y aunque baje vuelve por el resto. Cuando queremos ver teatro vivo, le hacemos sonar entre ellas un par de nueces y luego la ardillita aparece. Deleitándonos con este lindo espectáculo pasamos un par de horas muy entretenidas.

No podía creer lo que ocurrió en otra oportunidad, cuatro días después. Desde el escritorio, con la ventana entreabierta veo que los arcos florales se mueven mucho sin que haya viento. Miro por la ventana y diviso una cola de ardilla. Vuelo hacia la cocina a mirar por detrás de la persiana y lo que veo me dejó nuevamente paralogizada por unos segundos, aunque esta vez llamé a Raúl y le dije que debía venir urgente a ver lo que había en la terraza. Y los dos quedamos sorprendidos mirando como a un metro frente a nosotros se producía un nuevo espectáculo. Ahora una nueva ardilla de hermoso color rojo, comía del platillo con nueces partidas y peladas que habíamos puesto en la baranda. Dije en voz alta, esa si que es del color que yo conocía de los libros de cuentos de mi niñez. Al mismo tiempo sobre otro de los maceteros estaba también comiendo la ya conocida ardilla gris. El hermoso espectáculo duró un par de minutos, se encaramaron a los arcos florales, corrieron por ellos, bajaron, volvieron a subir, teatro como si hicieran escaramuzas porque las dos querían jugar en vez de comer del mismo platillo y luego desparecieron. Ahora sabemos que se aparean dos veces al año y que posiblemente estaban en celo. Y esta es la única explicación de por qué atravesó estas grandes murallas de treinta metros su amigo, la ardilla roja. Después las vimos corretearse y coquetear por el pino que hay en el jardín interior de la otra vecina, pino arriba, pino abajo.

Hemos concluido con Raúl. Para las ardillas todo su mundo es como si fuera horizontal, con la misma velocidad que saltan de una rama a otra, bajan y suben a los árboles como si no existiese la gravedad. Tienen la agilidad de los cosmonautas que han perdido su peso en el cosmos. Ellas saltan en proporción a su cuerpo de una manera sólo superada por las pulgas, sus saltos suelen ser de treinta veces su propia dimensión. Es como si el hombre fuese capaz de saltar cincuenta y cinco metros.
¡Plantan árboles para las generaciones posteriores! De diez nueces que entierran recuperan asombrosamente quizás un 80%, las restantes dan lugar al nacimiento de nuevos nogales, cuyo fruto les servirá a sus tataranietos para alimentarse y además sus ramas serán sostén para hacer su maravilloso sistema de nidos habitacionales. Juntan pacientemente comida para los días crudos del invierno. Esto si que es sobresaliente, ya que es un acto de alta inteligencia, pues tienen además un nido que es una bodega o depósito de frutos secos fabricado expresamente para estos efectos.

Las ardillas en los zoológicos tienen un promedio de vida de diez años. En su hábitat natural alcanzan a vivir solamente hasta seis años. Su promedio de vida en Europa es de seis meses, ya que mueren muchas en las primeras semanas después del nacimiento por las inclemencias del tiempo.

¿Quién es quién de las dos ardillas? A mí me parece que la hermosa ardilla roja fuese una hembra; Raúl, en cambio, dice que la grisácea es la hembra que atrajo al macho rojo, que estaba en las afueras de la zona, seguramente en el Parque Municipal ubicado a unos trescientos metros. Lo concreto es que hemos descubierto que esta ardilla que se ha mantenido encerrada aquí en este recinto rodeado de edificios de treinta metros ha logrado atraer al macho que en este caso es de color rojo. El método empleado para comunicarse sexualmente es super asombroso. Son en algo parecidas estas atracciones a larga distancia a las que tiene la ballena hembra cuando está en celo, con el macho balleno, estos se comunican entre sí a miles de kilómetros de distancia. Sigue en pie la respuesta a este enigma. ¿Cómo se comunicó la ardilla que estaba dentro del jardín con una ardilla de fuera de este recinto tan super amurallado?

Enseñanzas. A raíz de esto supimos que las ardillas hacen nidos esféricos en los árboles y además llegan a construir un verdadero departamento hasta con seis nidos independientes: uno para dormir, otro para descansar, otro para despensa, otro para sus a veces seis crías, etc. Con esta estructura habitacional resiste esta especie en Europa las horribles temperaturas de hasta 20°C bajo cero en los largos inviernos.

No todo lo que uno cree conocer a fondo es realmente una verdad indiscutible. A nosotros con Aída María la ardillita nos enseñó mucho, no teníamos la más remota idea que existía una clase de animales con esta estructura habitacional casi humana. ¿Tendremos los seres humanos la misma combinación genética arquitectónica que poseen las ardillas?

Nota:
foto1: ardilla comiendo nueces.
foto2: ardilla mirando si hay algo para ella.
foto3: ardilla cogiendo su botín.
foto4: ardilla llevándose una nuez.
foto5: 1981.08.12 ardilla Parque, Bad Füssing.

martes, 24 de julio de 2007

Conclusiones

Ya cumplimos con nuestra promesa e hicimos 25 historias, entre ellas anécdotas y relatos. Generalmente trabajamos casi toda la semana escribiendo, no sólo estas historias, sino la agradable relación entre los internautas. Les debemos adelantar que tenemos otras 10 historias aún inconclusas y que publicaremos en el Blog en un tiempo más. Estamos todavía trabajando a todo vapor.

Esperamos que la experiencia recibida con estas 25 historias nos permitan mejorar en el futuro, en el contenido de cada una de las historias que les seguiremos agregando a estas 25.

Pensamos, haciendo un balance imparcial, que lo que hicimos fue muy positivo, en vista de los testimonios en esta dirección positiva dados por la mayoría de ustedes, tal como lo han visto en los testimonios adjuntos.

En todo caso lo hemos hecho sin pensar en remuneración económica alguna. Ya hemos tenido una recompensa más valiosa. Ella ha sido el vínculo más estrecho entre familiares y amigos.

Por nuestra parte hemos ganado mucho en salud, ya que nos hemos divertido bastante con el contenido de nuestros relatos. El reír y ser optimista es un remedio infalible para muchas enfermedades. Por ejemplo Bertrand Russell fue consecuente con su filosofía del optimismo y Charles Chaplin tomó la risa como un remedio para hacer la vida más llevadera de toda la humanidad trabajadora. Bertrand y Charles tuvieron una hermosa y larga vida. ¡Se aproximaron a los 100 años de edad!

Raúl y Cecilia
Alemania
24 de julio del 2007.
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Nota:
Foto 1: 2006.04.12 Raúl y Cecilia, en Reñaca.

sábado, 21 de julio de 2007

“El machete samurai que quería Cecilia”

Anécdota relatada por Raúl Buholzer M.

De nuevo estamos en Europa, en junio y en el día más largo del año. ¡Hurra! Estamos escribiendo y recordamos lo que nos pasó en el viaje anterior a Chile, en marzo de este año 2007.

Conversando con los dioses de la razón nos dijeron, vuestros deseos de cambiar las estaciones serán cumplidos. Subid a una gran carroza que no tiene sólo cuatro caballos, sino que en sus alas tiene 4 motores con miles de caballos, la que vuela rauda y majestuosamente, más rápido que un cóndor. Agregaron, este super cóndor sabe como cambiar las estaciones, lo hace en el tiempo de 16 horas, o sea durante toda una noche y su amanecida y en esa maravillosa noche habréis cambiado de Hemisferio, vuestro otoño se habrá transformado en primavera y el odioso invierno en un espléndido verano. La varita mágica que hace posible esto se llama LAN Chile, Iberia, ... ¡Pensar que mi abuelo Alberto Buholzer se fue de Suiza a Chile en un viaje que duró nueve meses, hace ciento veinte años! La razón premia a los optimistas desprendidos entregándoles de regalo una vida más larga y saludable con este cambio; por otro lado castiga a los avaros pesimistas en tener que soportar los inviernos, padecer muchas más enfermedades y por ende una corta vida. ¡“Bienaventurados los que ya no conocen los inviernos”!

Como todos los años en este último viaje del año 2007, resultó fantástico. Al llegar al Aeropuerto de Pudahuel decidimos quedarnos unos días en Santiago. Allí nos esperaba otro montón de caballos para trasladarnos a disfrutar de la brisa marina y de los rayos del sol a la zona de Valparaíso, Viña del Mar y Quilpué.

Tuvimos arduo trabajo reinstalándonos en la ciudad de Quilpué, llamada también “Ciudad Sol” que como ustedes saben, se encuentra también cercana a la costa, en la que se puede gozar de un placentero clima. Las nieblas originadas en la costa se disuelven de Quilpué al interior, transformándose en un riego superficial que produce en esta zona un microclima privilegiado, por lo que puede exportar sus frutos a veintisiete países. Allí es el Edén de las exquisitas chirimoyas.

Para sorpresa nuestra la plantación de los alrededor de 60 ágaves que hacen de antejardín en la casa del sector llamado “El Sol”, se está convirtiendo en una selva impenetrable, donde cada una de estas plantas está tomando casi la altura nuestra y la punta de sus hojas tienen el filo de una aguja. Nosotros peligrábamos de ser pinchados y además se dañaban las pinturas de los autos que pasaban por el camino de entrada a la casa. Sospechamos que luego comenzarán a florecer los ágaves más grandes, por lo que hemos observado en otras partes de la costa. Cuando florecen los ágaves se despliega su flor en la punta de un altísimo tallo. Este insólito tallo luego se transforma en un impresionante tronco que crece pasando holgadamente los 10 metros de altura. Esta increíble altura que llega a tomar su flor es una curiosidad muy especial que asombra a todo el mundo que transita en sus cercanías y este fenomenal proceso de su floración dura alrededor de dos años. Después de este sorprendente período muere la planta, no sin antes haber dado más de un centenar de plantitas a su alrededor durante toda su vida. Esto es tan llamativo y sorprendente que ha dado lugar a un turismo especial de curiosos y estudiosos. Es conocido por estas plantas un lugar ubicado en la costa cerca de 10 kilómetros al Norte de Viña del Mar, donde hay una pequeña formación peninsular, Roca Oceánica, en el que siempre existen algunos ágaves en flor y son objeto de admiración de los turistas. Allí conocimos con Cecilia a un grupo de turistas argentinos que admiraban este magno proceso biológico.

Por otro lado impresionada por esta insólita profusión de los ágaves Cecilia me planteó que ya no le servían las herramientas, ni el cuchillo carnicero que usaba en un principio, ni el serrucho que usaba después. Entonces se acordó que los cubanos usan un machete para cortar la caña de azúcar y me propuso su deseo de querer comprar algo similar. Yo creí que si quería usar machete era solamente una buena broma y sin comentarlo solamente me sonreí.

Un par de días después Cecilia hizo una larga lista de compras y nos fuimos a Viña del Mar. Pasamos a comprar ropa a la tienda “Blanca Nieves”, de la que somos clientes cada verano. Íbamos caminando por las calles del centro y cuando pasábamos frente a la ferretería “La Sierra” ella me dice sorpresivamente, espérame aquí que yo voy a comprar algo en este negocio y me apuntó con un dedo una banca que quedaba en la vereda frente a la entrada de esta ferretería. Yo me quedé mirando el pasar de la gente y por supuesto analizando como había cambiado de un invierno en Alemania a un verano en Chile en un par de semanas, la vestimenta de las alemanas a esta de las viñamarinas. En Dortmund las mujeres jóvenes andaban super abrigadas y en Viña la juventud femenina pasaba luciendo sus hermosos cuerpos con vestimenta super liviana. Yo observaba desde el asiento que Cecilia estaba en el interior de la ferretería frente al mostrador preguntando por algo al parecer muy importante, ya que el vendedor me observaba muy preocupado. A esa larga distancia noté que quería preguntarme algo, ya que miraba hacia la puerta apuntándome a mi y gesticulando. Yo de reojo comprendí que algo pasaba. Entré y entonces el vendedor que parecía ser el que llevaba más años detrás del mostrador, seguramente era un sexagenario, me preguntó lo mismo que le había preguntado a Cecilia. A la pregunta de Cecilia por la herramienta respondió, no tenemos machete cubano, pero tenemos esto, lo desenvainó y dijo, este no es un machete, tiene 68 cm, mas bien es parecido a un samurai y como hace mucho tiempo que no se ha vendido, vale solo $3.100 y tiene un filo muy especial. Yo levanté las manos acordándome que Cecilia dijo compraré algo muy cortante, necesario para trozar de un solo golpe las hojas leñosas de la parte baja de los ágaves. Yo queriendo hacer un chiste me puse manos arriba y le dije a Cecy en alemán, “nein, nein” (no, no). El vendedor introdujo el samurai inmediatamente en la vaina, luego la cerró, dando por concluido que yo por ningún motivo iba a aceptar esta insólita compra. Cecilia me miró y se puso a reír junto conmigo. Lo curioso es que ni Cecilia ni yo le dijimos al empleado que no íbamos a comprar el samurai. Él se quedó perplejo moviendo la cabeza y mirando a sus compañeros de trabajo insinuándoles que éramos unos clientes muy curiosos.
-Dada esta circunstancia yo le dije en voz baja, oye Cecilia, lo compramos o no lo compramos, ellos no entienden de bromas.
-No lo podemos comprar, no ves que ya lo guardó y además ese hombre seguramente está pensando, que sabio es este gringo que no se deja comprar un machete samurai a sus espaldas. Mira, se ha producido un silencio y el resto de los empleados dejaron de atender a los clientes y nos miran muy perplejos, ya que no saben la verdadera historia para la cual yo quería el machete o bien el samurai. Tú por hacerte el cómico has hecho este curioso y simpático show. Esta fue otra de las historias en la que hemos quedado riéndonos mucho rato y ahora no se verdaderamente donde ir a comprar el samurai, ya que cada vez que intentamos entrar a comprarlo los dos nos largamos a reír y sencillamente no nos resulta la compra. En todos los otros negocios el machete o este tipo de samurai vale dos veces más caro que el que descubrimos en la ferretería La Sierra. Lo peor es que ya pasamos el otro día por ahí y a mí me dio cierta vergüenza entrar a comprarlo, aunque es allí donde está más barato el samurai que no lo necesitamos para cortarle la cabeza a nadie, sino para cortarle las peligrosas puntas de las hojas de nuestros ágaves.

Conociendo esta historia un muy buen amigo de nosotros, Armando Fonseca, nos ofreció regalarnos el samurai que hacía muchos años atrás había comprado al parecer su esposa y que pendía en una de las paredes de su oficina como una espada de Damocles.

Las primeras especies de ágaves fueron comida predilecta para los prehistóricos herbívoros. Esta planta evolucionó y le aparecieron durezas en sus hojas acorazándolas, después en los extremos de cada hoja le surgió una excelente defensa, una larga y gruesa espina, la que la hacía parecer como una planta inexpugnable. Para que no le devoren su flor se defendió magistralmente. Y los ágaves se defendieron evolutivamente elevando su flor al cielo, conquistando toda la tierra, hasta los desiertos.

En estos momentos ya está reporteado por Cecilia y en camino a la imprenta una nueva historia con la formidable tríada de protagonistas, Plácido Domingo, Pablo Neruda y Raulito.

Nota:
Foto 1: 2007.03.26 Raúl Buholzer, ágave en Roca Oceánica.
Foto 2: 2003.04.10 Cecilia Doggenweiler, regando los ágaves en Quilpué.

jueves, 19 de julio de 2007

“Un gallo inglés le saca la cresta a un chileno”

Zoológico de Quilpué

Con Raúl salimos de Chile hace 30 años y ahora cada vez que volvemos con mucha razón nos suceden una serie de anécdotas que no le pasan normalmente a otras personas. Una de las razones, es que el largo e inexorable transcurrir del tiempo nos ha convertido en extranjeros en nuestra propia patria. Muchas de nuestras anécdotas están relacionadas en que el tono de nuestra voz no es el mismo que se está practicando en la actualidad en Chile, adquirimos un acento cuando estábamos en Chile y hemos obtenido otro por el largo contacto de años con los españoles y con los europeos. Es muy frecuente, cuando estamos de visita en Chile, que en las ventanillas de Informaciones, o en otros lugares, muchas veces nos digan, “¡ah, yo ya se, ustedes son colombianos ...” a lo que contestamos ofendidos, “nosotros somos más chilenos que los porotos” y los dejamos más metidos todavía. Notamos que no quedan nada de satisfechos con nuestra respuesta, para ellos por este acento que siempre nos acompaña, nosotros aparentemente sin el acento no somos para muchas personas realmente chilenos. Además ellos creen que los engañamos, ya que al mirarnos la vestimenta descubren que indudablemente no es ropa chilena.

Por no pasar por extranjeros nosotros no nos olvidamos de algunos de los dichos típicos chilenos y los tratamos de emplear a menudo.

Tuvimos una curiosa anécdota un día de verano del 2005 cuando fuimos al enorme y extenso Zoológico de Quilpué, único de la V Región. En este Zoológico ejemplar del país, afortunadamente se logran salvar algunas especies animales en peligro de extinción. En él se puede pasar una tarde entera sin terminar de recorrerlo totalmente, deben hacer pausas continuamente los jubilados y las personas que no están en buen estado físico, porque el cerro en el que está ubicado el Zoológico tiene muchas pendientes, felizmente hay asientos en todos los pasillos. Bajo la sombra acogedora de árboles de adorno y eucaliptos hay muchos agradables asientos. Hay numerosos árboles para renovar y purificar de olores el medio ambiente. Para nosotros resultó esta visita al Zoo super interesante, ya que vimos en abundancia los animales típicos de la zona norte de Chile, guanacos, llamas y las alpacas. Las alpacas son famosas en el mundo entero por su lana, que es la más fina y tupida de todos los animales de nuestro planeta. Ellas tienen, a nuestro criterio, el récord mundial de poseer la vestimenta más fina de la Tierra. Imparcialmente hablando tenemos también la planta con las hojas más grandes del mundo, la nalca. No hay en el mundo un árbol que de sus frutos a 60 metros de altura, como lo hace nuestra araucaria, este fruto se llama piñón.

En el Zoológico, hay muchos otros animales ya típicos conocidos como elefantes, cóndores, etcétera Nos llamó mucho la atención una enorme colección de cientos de parejas de aves de corral de diferentes países, una verdadera exposición. Estuvimos muy entretenidos paseándonos en este largo camino rodeado por ambos lados de jaulas. Casi al final de este pasillo de aves, después de una vuelta se encontraban uno junto al otro los últimos dos corrales con mallas de dos metros de alto y sin techo, donde se produjo una interesante situación que dio origen a esta anécdota. En una de estas jaulas se encontraba una pareja de un gallo inglés con su gallina inglesa también por supuesto (monógamos) y vecinos a ellos, separados por una reja, otro corral con aves típicas chilenas con un gallo cacique y por supuesto con una decena de gallinas en ese corral. Mientras observábamos esto vimos pasar el gallo inglés al recinto del gallo chileno y este pacífico gallo se vio obligado por estas circunstancias de invasión y el honor de ... a defender a sus hembras. ¡Se armó la rosca, dijo la mosca! Las diez gallinas tomaban palco.

Miramos para todos lados a ver si venía algún guardia del Zoológico a resolver el conflicto, pero brillaban por su ausencia. El fino y esbelto gallo de pelea inglés era experto no sólo en saltar la reja de su vecino, sino en saltar de un rincón al otro e írsele encima al enorme gallo chileno. Nuestro Arturo Godoy no se la pudo. Esto se empezó a poner sanguinolento y no podíamos meternos al corral, porque todo estaba por supuesto con sus puertas cerradas con llave. De repente la cosa se puso de color oscuro, ya que el gallo inglés se deleitó comiéndole un pedazo de la cresta al gallo chileno y esto motivó a que fuéramos a comunicarle a la Portería del Zoológico lo que estaba pasando. Llegamos a la Portería, donde conversaban plácidamente los tres guardias haciéndose bromas con la cajera que vendía las entradas. Interrumpimos la tranquila charla y con nuestro acento que llama la atención en todas partes le dijimos a los guardias: “allá atrás donde termina el camino, dando la vuelta, al lado del cerco límite del Zoológico hay dos gallos peleando”. Se miraron un poco asombrados sin hablar, nosotros seguimos dándole color al asunto, y le dijimos, “el gallo inglés le sacó la cresta al chileno” y se volvieron a mirar más asombrados todavía, ya que la clientela que había entrado antes que nosotros no les parecía compuesta por ningún inglés. En primera instancia creemos que pensaron en que eran dos personas las que se peleaban fuera del recinto del Zoológico, ya que en ese momento sólo nosotros éramos extranjeros para ellos. Sin embargo, esta afirmación de que un inglés le pueda sacar la cresta a un chileno, como que los dejó incrédulos. Entonces después de una serie de otras curiosas afirmaciones reaccionaron casi instantáneamente, uno de ellos cachó la onda y dirigiéndose a nosotros nos dijo, “¡Ah, ustedes están hablando del gallo del corral, del gallo inglés!” Acto seguido partió este guardia apresuradamente y corriendo a resolver el conflicto.

Luego de este interesante nuevo episodio lingüístico nosotros optamos por ir a ver otro sector del mismo Zoológico y cuando habíamos caminado unos veinte metros sentimos una risotada y nos dimos vuelta y vimos que la cajera con los otros dos guardias que se habían aguantado la risa hasta entonces, estaban gozando de lo lindo seguramente de nuestra forma de hablar, ya que estaban convencidos que hablábamos de una pelea de dos personas, porque usábamos la palabra gallo y nos habíamos olvidado que gallo es el sinónimo chileno también justamente de las personas buenas para la pelea. El 18 de septiembre todo el mundo habla de, estos gallos son buenos para la pelea y para los combos. La verdad es que si la cajera y los guardias gozaron con nuestra historia, nosotros estuvimos un largo rato apretándonos la guata y riéndonos también a carcajadas en uno de los asientos. Un rato después nos fuimos a comprar unos sándwiches al restaurante del Zoológico que estaba allí mismo y lo curioso es que no podíamos comer, nos mirábamos y nos reíamos a cada momento. Esto es realmente una vez más, tener que ser extranjero en su propia patria.

Muchas veces hemos tenido que decir para justificar nuestro analfabetismo de tono que venimos de po’allá, uno de Temuco y la otra de Puerto Montt. Se escucha normalmente, ¡ah, ya! Y de inmediato sale uno que habla de sus familiares en esas tierras y el otro que dice que vivió por allá o por acá muchos años y etcétera. Uno se refirió una vez a la caleta de Angelmó de Puerto Montt y otra persona en otra oportunidad nos dijo conocer el Cerro Ñielol de Temuco.

Nos viene muy al callo que ahora que estamos con un pié en el estribo, para volver a Chile, logremos hacer este seminario repasando los dichos y términos típicos chilenos para no caer de nuevo en los renuncios involuntarios de nuestro exquisito idioma. Ahora, con nuestra experiencia en el Zoológico, nos hemos recordado de cuando se deben usar correctamente las expresiones como por ejemplo, gallo, sacarle la cresta y justificar como guasos sureños nuestro analfabetismo de tono, entre otras cosas.

Curioso, mientras seguíamos visitando el Zoológico, el guardia que fue a separar a los gallos nos vino a dar las gracias porque había llegado en un momento muy preciso, al sitio de la pelea, para poderle salvar la vida al gallo chileno. Nos estuvo acompañando por el resto de nuestra estadía en el Zoológico, explicándonos con lujo de detalles lo que sucedía en todos los lugares que visitábamos. Incluso nos contó parte de sus trabajos anteriores. Nos convertimos, por la pelea de gallos, en visitantes muy importantes con un guía personal exclusivo, quien seguía muy intrigado por saber de dónde veníamos con ese acento tan especial.

Diciembre 2006, Raúl Buholzer M. y Cecilia Doggenweiler A.

Nota:
foto1: 2003.04.15 Raúl y Cecilia Doggenweiler en el Zoológico de Quilpué.

miércoles, 18 de julio de 2007

“Si no hubiese sido por las mujeres...”

Ocurrió en 1956.
Anécdota reporteada por Aída María Román.

Mientras viajábamos en tren desde Colonia para tomar el avión en Frankfurt, leemos en el tablero electrónico, instalado en la parte superior de cada uno de estos modernos coches, que vamos en ese momento a 307 kilómetros por hora. Además íbamos muy tranquilos, ya que no nos preocupaba ningún ruido de este silencioso tren super rápido ICE (Inter City Express). De repente Raúl me hace una insólita pregunta, “¿dónde estará la palanquita para hacer parar en caso de emergencia a este bólido?” Se larga a reír y yo le pregunto, ¿qué pasó, por qué te ríes? Él me dijo, “me acordé de una anécdota muy sabrosa”. Cuéntamela, por favor, porque este es un buen tema para seguir escribiendo las historias, que como tú sabes, escribo una a lo menos por semana. Y Raúl me dice, “ya pues, toma nota.”

“Te empezaré a contar de inmediato un acontecimiento, que tiene que ver con los viajes en tren, que al recordarlo se ve muy simpático. Esto me ocurrió hace 50 años, o sea, en 1956, cuando tuve una de mis primeras historietas curiosas que, por supuesto, te puede servir a ti como un bonito tema muy a propósito para escribir una nueva historia anecdótica.”

“La primera semana de enero se encontró Marta con su amiga y colega María Ortega, que era profesora del Liceo Gabriela Mistral de Temuco. Entonces como estábamos en época de vacaciones coincidieron en que ambas tenían el mismo proyecto de viajar a Santiago. Se pusieron de acuerdo y se terminó comprando pasajes para los dos matrimonios, María y Exequiel con Marta y Raúl, para ir a Santiago y volver por supuesto los cuatro juntos, en un moderno tren expreso. Se hicieron las reservas de los pasajes y asientos para el viaje de ida y vuelta a la capital, con el objeto de ir juntos y además economizar así un 20%. El viaje de ida a Santiago fue delicioso en este tren que corría a una estupenda velocidad para esos tiempos, llegaba a alcanzar en algunos momentos hasta 70 Km por hora. En esos años no existían por supuesto los rieles continuos, la línea férrea estaba formada por una cadena de trozos de rieles de alrededor de 30 metros; entre uno y otro se dejaba para compensar su dilatación un espacio de cerca de 2 centímetros. Al pasar las ruedas del tren por este espacio originaba un ruido permanente y característico para absolutamente todos los trenes. Oficialmente la llegada a la capital era a las 7 de la mañana, pero en la práctica se salía a las 9 de la noche de Temuco y se llegaba a Santiago no precisamente a las 7 de la mañana, sino que a mediodía, siempre había una explicación para 4 o 5 horas de atraso. Esto quiere decir, que el viaje se hacía en 16 horas a una velocidad promedio de 50 Km por hora y no a 70.”

“Les anticipo que en esta historia el tren en que viajamos va a tener un atraso de 4 horas y los culpables del atraso vamos a ser los dos con mi cumpa Exequiel. Todos los profesores estábamos bautizados por los alumnos a quienes les gustaba mucho ponernos sobrenombres. Por mí decían, “Raúl el Prudentito” y a mi compadre Exequiel, lo llamaban “Exequiel el Temible”. En aquel tiempo yo era, además de Profesor de Matemáticas y Física, Presidente de los Profesores de la provincia de Cautín. Exequiel era Profesor y Secretario General de la Central Única de Trabajadores, (CUT) de Cautín. Éramos conocidos, además, en los magazines de los diarios locales por nuestras actividades extraprogramáticas, se nos consideraba personas serias y muy responsables.”

Y Raúl me dice que me va a contar mejor toda la historia de una vez, ya que yo estaba tomando nota y le agregué que estoy preparada con los materiales correspondientes.

“Esta anécdota que estoy recordando se puso muy interesante cuando regresábamos de nuestro viaje de vacaciones a Santiago. Cuando veníamos de vuelta la reserva de los pasajes no fue en un coche de los de adelante, cerca de la locomotora, como en el viaje de ida, por no haber en los primeros coches reservamos asientos lamentablemente en el penúltimo vagón. Era sabido que los coches del final de los trenes se zarandeaban mucho más que los coches que van pegados a la locomotora. Comenzamos a viajar de regreso a las 9 de la noche sin ningún problema, porque las vías de los ferrocarriles en las cercanías de Santiago eran mucho más expeditas que para el Sur, pero a mitad de camino, pasada la medianoche, aún no podíamos dormir y nosotros con Exequiel oíamos, de vez en cuando, algunos extraños ruidos muy agudos. Con mi compadre conversábamos de temas gremiales muy trascendentes, mientras nuestras esposas hablaban de temas con los que tenían que avenirse todos los días, la mantención de la casa, las correcciones de las pruebas de los alumnos, etc. Entonces ellas no se molestaban tanto como nosotros dos con Exequiel, que en el fondo no nos sentíamos bien con los continuados coletazos que daba el tren moviendo amenazadoramente estos últimos carros, lo que no nos dejaba concentrarnos en nuestros importantes análisis. De repente yo le digo a Exequiel -¿sientes este nuevo ruido tan extraño?- Y en primera instancia Exequiel me dice que guarde silencio y él se concentra, se pone en alerta y me acota, -sí, siento algo raro-. Y yo le vuelvo a afirmar, -esto es algo más que raro, es algo muy grave, puede hacer saltar las ruedas y así originar aquí un accidente de grandes proporciones que se convierta en un descarrilamiento-. Y entonces me dijo Exequiel. -¡Esto hay que arreglarlo compadre, primero hay que pedirle el apoyo a las masas!- Luego de esto haciéndole caso a mi compadre me paré arriba del asiento, ante el asombro de nuestras dos consortes y luego yo comencé a hablar en voz muy alta, casi gritando. -¡Atención, atención, escuchen! Hay un ruido aparentemente insignificante que viene molestando hace rato, pero este chirrido que ustedes escuchan no es normal. Yo quiero plantearle este problema al conductor y deseo hacerlo en nombre de todos nosotros, a raíz de que en este coche peligramos y vamos corriendo todos mucho riesgo de un accidente. Si alguien no está de acuerdo con esto, que levante la mano y manifieste por qué no quiere que hagamos la protesta a nombre de todo el coche-. Y toma la palabra mi compadre Exequiel el Temible y haciéndose un poco el desconocido conmigo dice: -el profesor Buholzer tiene toda la razón, hay que protestar antes que sea tarde-. En aquel momento yo me sentí apoyado y comencé a moverme en busca del conductor. Y como después de un rato no lo veía aparecer, miré para todos lados y me di cuenta que veníamos sentados muy cerca de una pequeña vitrina que tenía escrito, emergencia. Quise abrirla y en primera instancia no pude, ya que ésta estaba preparada para abrirse dándole un golpecito al vidrio y como yo seguía haciendo más fuerza se rompió el vidrio muy fino que cubría la vitrina, donde se encontraba una pequeña palanca. Tomé de inmediato la palanca de emergencia y la tiré muy fuerte. Como consecuencia de esto el tren paró estrepitosamente, haciendo caer al suelo de los pasillos algunas de las maletas que había arriba en las repisas portamaletas. ¡Quedaron pues muchas maletas fuera de su lugar, en casi todos los coches del largo tren!”

“Corrían por los pasillos el conductor con su ayudante y además un grupo de auxiliares que atendían a los pasajeros en el tren. Todo este equipo venía examinando las vitrinitas de emergencia en todos los coches hasta llegar al nuestro. Aquí vino la pregunta del conductor, -¿quién tiró esta palanca de emergencia?- Le respondí que yo fui el que había movido la palanca y que lo hice en nombre de todos los pasajeros que venían muy molestos en este carro por los insólitos ruidos y por los brincos del tren. Quedaron el conductor y sus auxiliares más tranquilos, porque descubrieron quien la había tirado, pero estaba claro que yo lo había realizado con la autorización de todos los del coche. Luego le expliqué que las razones de tomar esta determinación fue debido a los ruidos y a los brincos y agregándole que no lo hacía solo, sino que todas las personas del coche venían alarmadas por los extraños rechinamientos. Acto seguido el conductor me grita muy enojado, -¿ha viajado usted alguna vez en un tren que no haga ruido y que no se zarandee?- La respuesta apareció 50 años después en este tren ICE en Alemania. Terminada la explicación que yo le daba al conductor se metió mi cumpa Exequiel a decir, -el profesor tiene toda la razón, se sentían aquí unos ruidos, coletazos y otros fuertes movimientos-. Y continuó mi compadre afirmando, -de aquí no permitiremos que el tren continúe sin que antes se haga una exhaustiva revisión de la parte baja de este coche-.”

“A falta de especialistas y por encontrarnos lejos de los talleres ferroviarios o casas de máquinas, la revisión del coche fue realizada por el maquinista de nuestro tren y por su equipo de fogoneros, que terminaron por preguntarnos a nosotros, que cómo eran los ruidos, porque no encontraron ellos al revisar la parte baja del coche ninguna falla. Repetimos lo mismo que le habíamos dicho al altanero conductor. De repente el comprensivo maquinista dijo, -estas son las fallas de la empresa Krupp que anuncian ya la decadencia del capitalismo- y agregó, -entonces debe haberse pegado de nuevo algún freno, ahora ¿cuál freno es? No hay otra solución que no sea la de sacarle los frenos a todas las ruedas de este coche y dijo, ¡a trabajar...!- Después de esta orden todos los ayudantes bajaron a trabajar a las ruedas del tren, portando gruesas y grandes llaves inglesas para sacarle todas las estructuras metálicas que aprietan las balatas. Y empezaron a tirar todos estos trastos de hierros, o sea, pernos, tuercas y tornillos a los pasillos de nuestro elegante coche.”

“Una hora después estábamos de nuevo con el tren en marcha y éste arrastrando a nuestro coche que ahora iba sin frenos. Pero lo curioso es que teníamos el palpito, Exequiel y yo que algo no caminaba en orden, los ruidos realmente habían disminuido y entonces sorpresivamente mi compadre me dice al oído, - este es el ruido normal, pero de todas maneras vamos en un serio peligro compadre, esto es un nuevo riesgo de una catástrofe. ¡Avanzamos rápido como una flecha que no tiene como detenerse! Cuando frene el tren nosotros, por no llevar frenos, chocaremos seguramente con el coche que va adelante y esto si que será otro grave problema-. Yo creo compadre que como vamos en el penúltimo coche y el último coche lleva frenos entonces este peligro se aminorará.”

“El conductor vino muy molesto a discutir nuevamente con nosotros al coche y en una de esas Exequiel lo tutea y le dice, -¡que te quejai..., vas a llegar con unas horas de atraso y por las horas extras te van a pagar el doble!- El conductor muy fastidiado le respondió también con gruesas palabras, -tiene que informarse mejor, usted es un ignorante..., a nosotros los conductores no se nos paga horas extras, a los que se les paga horas extras es al resto del personal del tren. ¡A ustedes dos esta detención del tren les va a costar millones!- Y mirándonos nos habló por primera vez en plural a los dos con Exequiel. El ayudante nos dijo, -el conductor está muy molesto-. Le acotamos que los que vamos realmente molestos somos nosotros.”

Así continuamos con nuestro coche sin freno hasta la estación de San Rosendo, desde aquí partía el ramal hacia Concepción. En San Rosendo tuvimos una nueva amenaza del conductor que dijo: -este coche va a quedar aquí, no en la estación, sino que en esta línea de estacionamiento y les advierto que estamos a 300 metros de la estación. Deben dejar solo este coche en el que viajan y trasladarse de inmediato a estos otros coches vecinos-. Una vez que se fue el conductor, Exequiel sacó un montón de argumentos y le dijo a la gente que si nos trasladábamos a los coches vecinos no nos respetarían nuestras reservas de asiento y que por lo tanto debían colocarnos un nuevo coche en reemplazo del que llevábamos. -¡Entonces sería mejor que nadie se mueva de aquí!- Luego vinieron con una locomotora especial y sacaron el coche de atrás. Enseguida desengancharon nuestro coche de la parte delantera del tren y se la llevaron también a la estación. Nosotros volvimos a arengar, -es bueno que ninguno de ustedes se mueva de aquí-. Con mi compadre quedamos tranquilos, ya que parecía que el resto de los pasajeros del carro estaba totalmente de acuerdo con esta sabia determinación.”

“Como ya estaba programado por el conductor, unieron los carros que iban delante de nosotros con el que quedaba atrás, los ensamblaron y estacionaron el tren, sin nuestro coche, en la estación de San Rosendo. Llevábamos ya más de tres horas de retraso, estábamos aún en San Rosendo a las 9 de la mañana cuando a esa hora debíamos haber llegado ya a Temuco. El tren amenazaba en la estación con irse, piteaba y piteaba a 300 metros de distancia de nosotros. De repente apareció un súper líder diciéndole a los del coche, -no les hagan caso a estos profesores, debemos irnos todos de inmediato al tren que está esperándonos en la estación, éste se va a ir de todas maneras sin nosotros, ya que la inmensa mayoría de los pasajeros va en los otros 9 coches-. Partieron todos con sus maletas siguiendo al traidor en una vergonzosa procesión; solamente quedamos los dos matrimonios en el coche que acababa de quedar vacío y con el pasillo lleno de hierros. De repente vemos que nuestras dos cónyuges cuchicheaban y sin decirnos ni una palabra, sorpresivamente toman unos paquetes y unos bolsos y se van. Quedamos solos mi compadre y yo mirándonos y regañando ahora contra nuestras mujeres hasta que ellas llegaron a la otra parte del tren, entonces el maquinista presionado por el conductor tomó la palanquita del pito y empezó a hacerlo pitear como un condenado. Al vernos sin el apoyo femenino decidimos tomar dos pesadas maletas cada uno y partimos caminando lentamente hasta la estación.”

“Para no quedar con la vergüenza del derrotado, una vez que llegamos a la estación, nos fuimos derecho al libro de reclamos y allí hicimos ver que éramos personas con alta representación y grandes pergaminos y que por supuesto protestábamos muy seriamente. Nos explayamos escribiendo una hoja del libro de reclamos cada uno. Mientras escribíamos Exequiel me decía, -no te preocupes de los pitazos, tienen que esperarnos, si no lo hacen les va a ir muy mal-. Después supimos que las únicas que hacían realmente que el tren no se fuera eran Marta y María, ellas habían logrado que el maquinista, que era también un convencido de la gravedad de la falla de los frenos, se revelara contra las insistentes órdenes, de poner en marcha el tren, que seguía entregando el conductor.”

“Como a duras penas llegamos a la estación con las grandes maletas, yo le pedía calma a mi compadre, Exequiel el Temible, quien buscaba desesperadamente a María, su mujer, para llamarle la atención... Y entonces llega el maquinista acompañado de nuestras dos mujeres, dándonos una muy buena impresión y diciendo, -disculpen, los pitazos fueron obra del conductor suplente que quiere hacer méritos para que lo nombren de planta. Los felicito por sus esposas, estas señoras son un ejemplo de valentía, han enfrentado al conductor suplente y por eso no nos fuimos y hemos tenido la satisfacción de esperarlos-. Dio media vuelta y se fue a hacer partir su tren y apareció el conductor suplente gritando, -¡todos arriba como puedan, aquí ya no hay mas reserva de asiento!- Nos tuvimos que ir las 3 horas de viaje de San Rosendo a Temuco, tal como los otros pasajeros que venían en nuestro coche, sentados sobre las maletas y en los pasillos de los otros carros.”

“Y meses después, del accidentado viaje de la vuelta de Santiago, nos encontramos en una reunión de la CUT con el maquinista del tren expreso y él nos contó que el escándalo que formamos sirvió finalmente para arreglar las continuas panas del expreso. Y dijo -estas dificultades eran las que atrasaban permanentemente el horario del expreso y este atraso era producido porque el juego de frenos no resistía la enorme velocidad, de casi 70 kilómetros por hora, que tomaba el tren-. El maquinista nos felicitó de nuevo por nuestra sensibilidad y preocupación por alentar a las masas frente a este grave problema que ahora se había finalmente solucionado. Le dijimos que estábamos convencidos que nuestras mujeres eran las que realmente habían hecho un buen trabajo, ya que cuando se fueron de nuestro lado, dejándonos solos en el coche, lo hicieron para abordarlo a él mismo, porque habían descubierto que él había dicho en un momento, -estas son fallas del capitalismo decadente- y por lo tanto concluyeron de que usted era un hombre de izquierda. Ellas le ayudaron además a que usted le torciera la mano al suplente del conductor y el tren no partió hasta que estuvimos todos nosotros arriba.”

Conclusión de Aída y Raúl:
Pasaron 50 años y miren ustedes, ¡que balance!
1.-En el tren expreso Flecha cuando te servías café mientras el tren estaba en movimiento desparramabas la mitad de tu taza de líquido por todos tus alrededores. De Colonia al Aeropuerto de Frankfurt nos hemos servido una taza de café que llenamos hasta el borde y no se nos ha caído ni una sola gota al suelo alfombrado.
2.-De 50 Km por hora de velocidad promedio del tren “Flecha”nos hemos saltado a 307 Km por hora en el ICE, que lleva un promedio de 300 Km por hora.
3.-Las vías de los ferrocarriles de hace 50 años estaban formadas por trozos de rieles haciendo el característico tacatác-tacatác-tacatác y 50 años después aquí en Alemania hemos viajado en un riel continuo que dicen que ya tiene 700 Km de largo.
4.-Los trencitos de antes podían abrir sus ventanas, pero nos llenábamos de humo los pulmones y lo peor era que nos enfriábamos hasta los huesos. Ahora en Europa todos los tipos de trenes ICE son absolutamente compactos y con aire acondicionado.
5.- Los ferrocarriles son el gran vínculo entre los países y esto implica atravesar fronteras, pasar aduanas, etc. En Europa el paso de los trenes y el avance de la tecnología de las comunicaciones obliga a terminar con las odiosas fronteras, esto contribuye a que se extienda cada vez más la Unión Europea. En Latinoamérica un arcaico nacionalismo no hace más que plantear problemas de ridículos límites fronterizos y esto hace que se amenacen continuamente algunos países.
6.- Mientras que en Chile, en el pasado, algunos ignorantes del progreso creyeron que con buses y camiones se podían eliminar los trenes y sus ramales, aquí en Europa se siguen alfombrando de rieles todos los países y uniéndolos con cómodos trenes de más de 300 Km por hora.

Nota:
foto 1: 1961 María y Marta, Temuco.

martes, 17 de julio de 2007

“El Expreso Oriente, ayer con enigmas y hoy lleno de felicidad”

08.09.2006
Anécdota narrada por Cecilia Doggenweiler A.

El miércoles en la noche le avisé a Raulito por teléfono que me disponía a ir a Dortmund el jueves muy temprano. Al día siguiente amanecí con una ciática que me tenía totalmente invalidada para caminar, por lo que ese día jueves de madrugada fui al médico, quien me sometió a un tratamiento muy completo. Ese mismo jueves después del mediodía llamé otra vez por teléfono a Raúl para decirle que no notaba mejoría y que mejor viniera él a Colonia a acompañarme. Tomó su librito con el horario de los trenes y me dice cuál tren tomará al día siguiente y a qué hora llegará a Colonia. El viernes a primera hora lo llamé a casa por teléfono para confirmar su viaje.

Al llegar a la casa en Colonia Raúl me pregunta, si antes que me viniese la ciática había escrito ya la habitual historia de la semana, yo le contesté que de los cinco temas comenzados todavía no decidía cuál terminar. Él me contó que en esta hora y algo más de viaje desde Dortmund a Colonia, le habían acontecido un par de anécdotas que no son muy habituales, con varios protagonistas: una eufórica pareja, una conductora, un conductor, un vagón privado del tren, 3 Mosqueteros, una docena de botellas vacías de cerveza y otras por vaciar. Le dije, cuéntame de inmediato cómo fue eso y Raúl se largó a relatarme su odisea.

“Salí con mi equipaje, mi porta documentos y un bolso con ropas. Me fui en un taxi hasta la estación de Dortmund. Llegué casi justo a la hora en que partía el tren expreso EC 101 de las 9,38 de la mañana, que venía del Oriente, en el que yo había decidido viajar a Colonia. El funcionario que vende los boletos me dijo que en cuatro minutos mas partía el tren en el andén 11, por lo que me fui muy rápidamente con el pasaje en la mano. Cuando llegué al andén 11, la conductora del tren estaba con un disco rojo en la mano haciéndole señas para dar la partida al maquinista. Le pregunté dos veces si viajaba el tren a Colonia y ella concentrada en su disco rojo no pudo contestarme, sólo me dijo, -más tarde-. Me subí sin hacer más preguntas al tren y me di cuenta que era un coche super elegante y nuevo y que decía primera, de todas maneras allí mismo me senté, ya que el tren iba partiendo. El asiento que tomé estaba frente a una pareja de alemanes, ella de unos 40 y él de alrededor de 50. Nos miramos sonrientes haciéndonos una venia a modo de presentación. Minutos después de la partida él le hace unos cariños en la cabeza, luego le levanta la blusa y le hace cariño a ella en la guatita, se agacha y le da un cariñoso beso en esa región. Yo busco la ventana para mirar a otro lado y por este motivo él entra en explicaciones muy contento -el que va a nacer va a ser nuestro primer hijo y ahora estamos celebrando el acontecimiento, porque en tres meses mas ya no podremos viajar.- Yo les doy mis congratulaciones. Minutos después pasa la conductora y yo levanto la cabeza, con el boleto en la mano le pregunto de nuevo, si el tren va a Colonia. Contesta ella, -naturalmente, pero su boleto es de segunda y aquí estamos en primera clase-. Yo le quise preguntar eso al subirme y usted no me contestó. -Ah, es que estábamos en el momento de la partida-. Yo le expliqué mostrándole el bastón que no podía cambiarme todavía al coche de segunda con el tren en marcha, lo haré cuando el tren esté parado en la estación. En aquel momento intervinieron mis vecinos que andaban paseando a la guagua antes de nacer y conversan con la conductora y yo como de costumbre con mis oídos sin los audífonos que me recetó el médico no pesqué ni pito de lo que decían. Se va la conductora sin decirme a mi ninguna otra cosa”.

“En la estación de Essen decidí trasladarme a un par de coches más adelante, porque los que venían colindantes eran también de primera. Entonces mejor me bajé del tren. Encontré a la bonita conductora en el andén de nuevo con el disco rojo y me dice, -¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?- Ella indica con su mano el mismo coche de primera del que me había bajado. Y le digo que me tiene que esperar que yo me suba de nuevo al tren indicándole que me voy al coche de segunda. Avanzo por el andén y veo que después de terminar los coches de primera viene un coche de otro color bien distinto. Me subo a éste rápidamente sin mirar que llevaba en su puerta un aviso y veo que éste estaba totalmente lleno, en forma inhabitual estaban todos los portamaletas ocupados y en los pasillos también había algunas maletas. Entro al carro, voy pasando por ese pasillo estrecho y me doy cuenta que todos los pasajeros de ese coche actuaban como si se conocieran, me miraban y nadie me decía que había subido en un coche equivocado. Recorrí y recorrí y me admiré de que en todo el coche vinieran unidades de cuatro asientos, dos por un lado y otros dos al frente, con una mesita al centro. Casi al final del coche encontré un único asiento desocupado. Me senté ahí sin pedir permiso ni cosa por el estilo y noté que los tres pasajeros que traían unas sendas botellas de cerveza en la mesita, me hacen una venia de bienvenida. Las paré que era un coche especial y que yo venía allí como un pollo en corral ajeno. Por decirles algo a mis compañeros de mesa les conté “en mi buen alemán”, que la conductora del coche de primera quería que le pagara extra y por eso yo me trasladé para acá. Yo estoy seguro que ellos entendieron que yo no quería pagar el pasaje y como llevaban el coche pagado entero para la delegación creyeron que podían hacerme esta buena gauchada de llevarme de pavo. Entonces ellos dijeron, casi en coro, -ni un problema- y me ofrecieron una cerveza, a lo que yo les dije que no muchas gracias, que recién había tomado un remedio. Noté que los vecinos y las vecinas se habían interesado en mi historia y asentían con su cabeza a los 3 Mosqueteros por su actuación benévola. Minutitos después apareció el conductor de ese coche, va directamente a mí a preguntarme por el pasaje y se meten los tres amigos a decir que yo soy un invitado de ellos. El conductor, que me había visto subir, como que no les creyó y como yo ya tenía mi pasaje marcado por la conductora del coche anterior no me daba ni frío, ni calor todo este asunto, por lo que no hice ostentación de buscar mi pasaje. Cada vez que pasaba el conductor éste me miraba fijamente y ellos le contestaban casi al unísono, -todo en orden-, levantando su botella de cerveza diciendo, -¡salud!- y además su actitud solidaria producía un efecto conspirador en todo el resto del carro.”

“Cuando tú me llamaste por el celular preguntándome, -¿vas sentado al lado de alguien que habla español?- yo te dije, no, no, no. Como me miraban atentamente mientras yo hablaba en español contigo y estábamos en mucha confianza con el trío, yo les dije, me llamaba por teléfono mi señora, control, control. Por hacer una gracia cómica les agregué que ella me ha preguntado, por el celular, si iba sentada alguna mujer a mi lado, por eso yo le dije que no, no, no. Y de paso les conté que ya voy a cumplir 80 años. Saqué de mí porta documentos el último número de la revista española “Muy interesante” que llevaba abierta y seguí leyendo un artículo que había dejado inconcluso. Mientras leía alcancé a decirle a mis tres vecinos que la lectura de esta revista era muy interesante y les conté algo de un artículo, mostrándole que en una parte se afirmaba que el 50% de los trabajadores españoles en la celebración del día de la empresa y en la fiesta de Navidad tenían alguna relación sexual con sus colegas. Tú me volviste a llamar 15 minutos después, para saber con cuánto atraso venía el tren, porque según la hora acordada tendría que haber llegado ya a Colonia. A raíz de este llamado ellos me dijeron, -control, control- y los tres se echaron la botella de cerveza a la boca y brindaron celebrando que ellos no tenían ningún control de esta naturaleza. Y volvieron a ofrecerme una cerveza pensando que con ésta me ayudaban a liberarme del control, control.”

“Antes de llegar a la estación de Colonia cerré la revista y veo que ellos mirando la tapa se quedan perplejos, empinando de nuevo el codo y diciendo, -¡salud!- En este número del mes de agosto del 2006 aparece en la portada una linda y simpática niña echándose un plátano a la boca en forma insinuadora, con el título de EROTISMO, lo que no es de la línea de esta revista que es muy seria. Guardé la revista en mi porta documentos y les deseé buen viaje. Los tres amigos lamentaron que yo me bajara tan pronto. Ellos me contestaron en coro, haciéndome gestos de despedida, -¡Qué le vaya muy bien!”-

“Al momento de pararme para bajarme en Colonia me doy cuenta que nadie mas de ese coche se bajaba en esta estación, lo que no es habitual, entonces saqué cuentas que realmente venía como huésped en un coche que no me correspondía y antes de llegar a la estación me pasé al coche vecino donde se bajaban otras personas. Una vez fuera del tren observé ahora con más calma que cuando subí, que en el carro en que había viajado había un letrero que decía, coche privado.”

Nota de la redacción:
Estoy convencida que Raúl tenía pagada la diferencia para venirse en primera clase por el matrimonio que celebraba la llegada de su primer hijo. De ahí que la conductora insistiera en el andén de Essen en que Raúl se volviera a subir al mismo coche en que venía.

Yo creo que D’Artagnan y sus dos amigos se portaron del uno, no permitiendo que el conductor, a pesar de su insistencia hiciera mostrar a Raúl su pasaje, quien lo mantenía muy embolsicado y cuya existencia ignoraban los 3 Mosqueteros.
Yo pienso que los tres amigos se quedaron perplejos de lo choro de este personaje que hablaba español y que se atrevía a llevar como muy natural, sin ocultar, una revista con una portada sexo insinuante.

Y con la venida del doctor Raulito y su sabrosa historia, de dos muletas con las que debía andar pasé a usar solamente una y lo hacía sólo por precaución.

Y me vino a mi memoria activa el recuerdo de la canción, ¡La felicidad Ah! Ah! Ah! Ah!


Nota:
Foto 1: Raúl viajando en tren.