jueves, 31 de enero de 2008

Arquitectos y cosmonautas del Reino Animal

Raúl Buholzer y Aída María Román.
29.01.2008

¿Ardilla? ¡¡¡Sí, ardillas!!!

En Alemania se da el caso de que por orden municipal no se puede edificar con menos de cinco pisos ningún edificio en las zonas habitacionales céntricas. Por otro lado, las personas que son propietarias o arrendatarias desean tener un espacio libre con jardín. Por esta disposición municipal se hacen las altas construcciones, apegadas a la calle, cubriendo toda una manzana. Quedando los patios interiores rodeados de un muro habitacional de casi veinte metros de altura. A este patio que queda encerrado en el interior sólo pueden llegar los arrendatarios y sin permiso alguno, por supuesto, lospajaritos.

En los parques alemanes es muy común ver en los atardeceres a muchísimos conejos pastando fuera de sus madrigueras. En estos parques se ve de vez en cuando una hermosa ardilla que a los chilenos nos ha llamado vivamente la atención, quizás porque en Chile nunca tuvimos ocasión de encontrarnos con estos agraciados y curiosos animalitos. Estas ardillas que hemos visto en repetidas ocasiones en los parques andan aparentemente siempre solitarias, su pareja está en las cercanías, en sus nidos quizás amamantando a sus crías. Cuando vemos de lejos a una, ésta se esconde sabiamente de nosotros detrás del primer árbol que encuentra y luego trepa por el otro lado del tronco sin que nosotros la podamos ver. Por ese arte de esconderse tan inteligentemente esta simpática especie ha perdurado muchísimo tiempo impidiendo que los depredadores la exterminen. De esta especie se han encontrado restos fósiles con una edad estimada de a lo menos en unos treinta millones de años. No olvidemos que los primeros seres humanos tienen una antigüedad solamente de alrededor de un millón de años.

Esta pequeña introducción anterior tiene por objeto dejar clara una experiencia que tuvo Aída María cuando me visitó hace algunos días, en mi departamento que está ubicado en un primer piso. Y escribió esta anécdota unos días después. Hace dos semanas atrás quedé perpleja al mirar, en la casa de Raúl, por la ventana de la cocina y ver que en el jardín sobre los arcos florales de baquelita estaba sentada una ardilla de color grisáceo, con un poco de blanco en el pecho y algo color café en sus costados. Parecía una equilibrista de circo. Con sus fuertes patitas y sus uñas curvadas y muy afiladas se tomaba fácilmente de la armazón de baquelita que sostiene las enredaderas del jardín. Permaneció allí unos segundos y yo no salía de mi asombro. Luego saltó a la terraza, se encaramó por las ramas de la flor de la pluma y se me desapareció. Le conté a Raúl lo sucedido, quien no alcanzó a ver a la simpática visitante del jardín, pero si me dijo, no te das cuenta que a este patio sólo pueden entrar los pajaritos y caramba que tienen que volar alto y saber aterrizar en forma casi vertical. La ardilla que tú vistes debió seguramente andar por las canaletas del techo y subir y bajar por los tubos de desagües de ellas. ¿Tú crees que esto es posible?
Mis dudas. ¿Cómo entró entonces a este jardín esa ardilla? No lo pudimos dilucidar. Después de eso le dejamos una nuez entera sobre uno de los maceteros. Un rato después había desaparecido la nuez, entonces le dejamos un par de nueces. En una de esas vimos venir a la ardilla y llevarse una nuez, pero volvió muy pronto por la otra, por lo que dijimos, al unísono con Raúl, la enterró. Nos preguntamos, pobre ardilla, ¿qué comerá aquí adentro? Seguramente las nueces que le dejamos no las puede partir, ¿tendrá dientes suficientemente afilados para partir esa cáscara tan gruesa? Acto seguido le dejamos repartidas sobre los maceteros un par de nueces con la cáscara partida. La ardilla vino, trató de abrir la cáscara, sacó un pedacito de nuez y se la llevó a enterrarla volviendo luego por la otra y así sucesivamente. Seguro que en un par de años más crecerá un montón de nogales chiquitos en el patio. En la tarde de ese mismo día optamos por partir muchas nueces, de modo que cada una quede abierta en unas cuatro partes y se las repartimos en los diferentes maceteros, para así lograr verla en su fugaz búsqueda. Salimos a la terraza a dejárselas y casualmente vimos en ese momento que la ardilla trepaba ágilmente por el árbol, que crece en el patio casi pegado al edificio del frente, trepando hasta el techo mismo de ese edificio de cinco pisos. Saltaba a lo menos cinco metros de una rama a otra, haciendo las de un acróbata del circo animal. Su enorme cola le ayudaba seguramente a mantener el equilibrio. Buscaba alimentos primero saltando a las ventanas del tercer piso y luego haciendo lo mismo en el cuarto y finalmente llegando a las ventanas del quinto piso. Su vista debe ser increíblemente aguda al practicar estos saltos.

Desde esa altura en que se encontraba, nos vio la ardilla que estábamos abajo en la terraza con nueces en la mano y acto seguido ocurrió algo espectacular. Comenzó a desandar muy rápidamente el camino por el que ella había trepado hasta llegar al techo. Permaneció bajando por el árbol siempre con la cabeza hacia abajo, mirándonos a la distancia y luego corrió en dirección a nosotros atravesando los patios. Le dejamos de inmediato las nueces peladas y otras en el suelo. Nos entramos igualmente muy rápido a la cocina y nos quedamos observando qué pasaba y contemplando desde detrás de la persiana. Llegó la ardilla, se paró en la orilla de la jardinera mirándonos a nosotros, movió por unos momentos su preciosa y peluda cola igual que lo hace un perrito contento y se fue derechito a las nueces. Removió, sacó, comió un pedacito y bajó con su presa, la vimos enterrarla y además que después vino un pájaro desenterrar y a servirse ese botín. Volvió así sucesivamente por el resto del botín y cada vez a hacer lo mismo y enterrarlo en otro sitio diferente, incluso en las mismas jardineras de la terraza. ¡No podíamos creer lo que habíamos visto, tan sólo a un metro de nosotros! Después optamos por pelarle totalmente las nueces, con lo que descubrimos que la ardilla, ya más en confianza, se come realmente los pedacitos allí mismo en la terraza, frente a nuestra vista y aunque baje vuelve por el resto. Cuando queremos ver teatro vivo, le hacemos sonar entre ellas un par de nueces y luego la ardillita aparece. Deleitándonos con este lindo espectáculo pasamos un par de horas muy entretenidas.

No podía creer lo que ocurrió en otra oportunidad, cuatro días después. Desde el escritorio, con la ventana entreabierta veo que los arcos florales se mueven mucho sin que haya viento. Miro por la ventana y diviso una cola de ardilla. Vuelo hacia la cocina a mirar por detrás de la persiana y lo que veo me dejó nuevamente paralogizada por unos segundos, aunque esta vez llamé a Raúl y le dije que debía venir urgente a ver lo que había en la terraza. Y los dos quedamos sorprendidos mirando como a un metro frente a nosotros se producía un nuevo espectáculo. Ahora una nueva ardilla de hermoso color rojo, comía del platillo con nueces partidas y peladas que habíamos puesto en la baranda. Dije en voz alta, esa si que es del color que yo conocía de los libros de cuentos de mi niñez. Al mismo tiempo sobre otro de los maceteros estaba también comiendo la ya conocida ardilla gris. El hermoso espectáculo duró un par de minutos, se encaramaron a los arcos florales, corrieron por ellos, bajaron, volvieron a subir, teatro como si hicieran escaramuzas porque las dos querían jugar en vez de comer del mismo platillo y luego desparecieron. Ahora sabemos que se aparean dos veces al año y que posiblemente estaban en celo. Y esta es la única explicación de por qué atravesó estas grandes murallas de treinta metros su amigo, la ardilla roja. Después las vimos corretearse y coquetear por el pino que hay en el jardín interior de la otra vecina, pino arriba, pino abajo.

Hemos concluido con Raúl. Para las ardillas todo su mundo es como si fuera horizontal, con la misma velocidad que saltan de una rama a otra, bajan y suben a los árboles como si no existiese la gravedad. Tienen la agilidad de los cosmonautas que han perdido su peso en el cosmos. Ellas saltan en proporción a su cuerpo de una manera sólo superada por las pulgas, sus saltos suelen ser de treinta veces su propia dimensión. Es como si el hombre fuese capaz de saltar cincuenta y cinco metros.
¡Plantan árboles para las generaciones posteriores! De diez nueces que entierran recuperan asombrosamente quizás un 80%, las restantes dan lugar al nacimiento de nuevos nogales, cuyo fruto les servirá a sus tataranietos para alimentarse y además sus ramas serán sostén para hacer su maravilloso sistema de nidos habitacionales. Juntan pacientemente comida para los días crudos del invierno. Esto si que es sobresaliente, ya que es un acto de alta inteligencia, pues tienen además un nido que es una bodega o depósito de frutos secos fabricado expresamente para estos efectos.

Las ardillas en los zoológicos tienen un promedio de vida de diez años. En su hábitat natural alcanzan a vivir solamente hasta seis años. Su promedio de vida en Europa es de seis meses, ya que mueren muchas en las primeras semanas después del nacimiento por las inclemencias del tiempo.

¿Quién es quién de las dos ardillas? A mí me parece que la hermosa ardilla roja fuese una hembra; Raúl, en cambio, dice que la grisácea es la hembra que atrajo al macho rojo, que estaba en las afueras de la zona, seguramente en el Parque Municipal ubicado a unos trescientos metros. Lo concreto es que hemos descubierto que esta ardilla que se ha mantenido encerrada aquí en este recinto rodeado de edificios de treinta metros ha logrado atraer al macho que en este caso es de color rojo. El método empleado para comunicarse sexualmente es super asombroso. Son en algo parecidas estas atracciones a larga distancia a las que tiene la ballena hembra cuando está en celo, con el macho balleno, estos se comunican entre sí a miles de kilómetros de distancia. Sigue en pie la respuesta a este enigma. ¿Cómo se comunicó la ardilla que estaba dentro del jardín con una ardilla de fuera de este recinto tan super amurallado?

Enseñanzas. A raíz de esto supimos que las ardillas hacen nidos esféricos en los árboles y además llegan a construir un verdadero departamento hasta con seis nidos independientes: uno para dormir, otro para descansar, otro para despensa, otro para sus a veces seis crías, etc. Con esta estructura habitacional resiste esta especie en Europa las horribles temperaturas de hasta 20°C bajo cero en los largos inviernos.

No todo lo que uno cree conocer a fondo es realmente una verdad indiscutible. A nosotros con Aída María la ardillita nos enseñó mucho, no teníamos la más remota idea que existía una clase de animales con esta estructura habitacional casi humana. ¿Tendremos los seres humanos la misma combinación genética arquitectónica que poseen las ardillas?

Nota:
foto1: ardilla comiendo nueces.
foto2: ardilla mirando si hay algo para ella.
foto3: ardilla cogiendo su botín.
foto4: ardilla llevándose una nuez.
foto5: 1981.08.12 ardilla Parque, Bad Füssing.

domingo, 16 de diciembre de 2007

“El tío Juan Schraub Feldbausch y su hermosa vida de solidaridad”

La historia de don Juan Schraub me dejó convencida de que no todas las historias legendarias de los colonos son solamente las interesantes. Raúl me contó que a la muerte de su padre vino a ayudarles su tío abuelo Juan, él le contaba muchísimas de sus interesantes aventuras e historias por el mundo y todos le llamaban tío Juan. Por sus narraciones conocí ahora en detalle la historia de como los colonos fueron tan brutalmente engañados que, creyendo esos engaños, viajaron a esas tierras chilenas prometidas, incluso con toda su familia. Por ejemplo Bernard Schraub y Elizabeth Feldbausch llevaron de Alemania a sus tres hijos, dos hijas y el pequeño Johannes o Juan. Este niño, por tantas interesantes historias que le contó a Raúl, será el centro de nuestro reportaje-recordatorio.

A sus doce años de edad debió sufrir una dura experiencia originada por la larga duración de un viaje increíble. Cuatro meses de preparación del viaje en Alemania y diez meses del viaje aterrador de Alemania a la zona de La Frontera, Sur de Chile. Se auto-educó, aprendió por el camino rápidamente parte del idioma español y como dominaba además el idioma alemán se puso a la cabeza de los colonos como intérprete. Las duras circunstancias en su lucha por la supervivencia, que debieron experimentar los colonos, lo obligaron a saltarse el paso por la hermosa juventud. No había escuelas y se hizo un autodidacta. ¡Se hizo hombre asombrosamente pronto! Antes de los dieciséis años tenía el uniforme de la primera policía chilena, creada por su cuñado Alberto con el propósito de encontrar a Esperanza, la hermana secuestrada de Juan. Él formaba parte de la primera policía chilena, llegó a ser teniente y conservó su uniforme por muchos años. Ver trabajar como verdaderos esclavos a sus padres en el campo en Chile le era insoportable. Además los mapuches desalojados de esas mismas tierras, por los españoles, amenazaban constantemente con volver a recuperarlas. Su tío Alberto Buholzer, con su imprenta, repartía folletos pidiendo pacificación y justicia. Por otro lado, aseguraba que en Europa todos los seres humanos eran tratados por igual ante la ley, o sea, tenían por lo tanto los mismos deberes y derechos. Juan admiraba todo lo que hacía su tío Alberto y por lo tanto no podía ni oír hablar de las pretensiones de algunos aventureros de usar las armas para matar a los autóctonos. Como conoció Argentina cuando tenía doce años se fue entonces, en primera instancia, a esas regiones buscando nuevos horizontes para su familia recién formada. Apenas cumplió su mayoría de edad (21) tuvo una hija con su esposa Ignacia Ubilla. Juan dejó a su esposa y a su hija con su abuela, salió desesperadamente a buscar nuevos horizontes en los otros lugares que en su infancia había conocido, pasó por Argentina y llegó trabajando como cocinero en un barco hasta Europa. Se convirtió en uno de esos pocos grandes aventureros de buen corazón. Viajó de nuevo de Europa a América y era admirado por su bondad y desinterés por el dinero que disponía, lo regalaba bondadosamente.

Don Juan Schraub tuvo, para su época, una larga vida de 70 años. Su hermosa vida fue conmovedora, era de un carácter super simpático, muy locuaz, conocía casi todos los oficios, trabajó no-solo en Chile, Argentina y Europa, sino en muchos otros lugares. Aparte del dominio del idioma alemán y castellano entendía bastante del idioma inglés. Conoció a la juventud europea y fue compañero de trabajo de los obreros, en las pesadas labores, de las minas del salitre del norte de Chile. Cuando aún no existían las máquinas extractoras de material de hoy día, él trabajó duramente, con pala y picota junto a miles de trabajadores, en la construcción de un enorme canal de riego que se extendió de la Cordillera de los Andes al Mar Pacífico, es decir, cruzaba todo Chile. Participó, por lo tanto, en las labores más pesadas y difíciles que se hacían en Latinoamérica. Raúl Buholzer lo tuvo como un ejemplar maestro y consejero en sus momentos más difíciles de su vida infantil. Tratando de quitarle una herencia llegada de Suiza, una banda de mafiosos le asesinaron a su padre cuando Raúl tenía solamente siete años, unas semanas después, intoxicaron a su madre Clotilde quien se salvó quedando con alteraciones psíquicas tan agudas que su recuperación duró casi un año. Su tío Juan, de cerca de sesenta años de edad, apareció como un ángel de la guarda a ayudar a la familia de su difunto sobrino Alberto. Vivió socorriendo desinteresadamente, más de un año, a toda la familia Buholzer-Matamala, en el pueblo de Los Laureles. Además fue un modelo de tío abuelo bonachón. Es una historia de una acción de solidaridad bellísima, la que también le pedí a Raúl que me la cuente ahora, para publicarla en su blog antes que termine este año 2007.

Raúl comenzó así:

“Esta linda experiencia de haber vivido, inmediatamente después de la muerte de mi padre, junto con mi tío abuelo Juan Schraub, no la he podido olvidar, a pesar de que ella ocurrió cuando yo tenía 7 años, o sea, hace 71 años atrás. El paso de los años nos hacen olvidar felizmente las cosas desagradables, afortunadamente los recuerdos de las cosas hermosas de nuestros seres queridos no se olvidan nunca.”

“Mi abuela Rosa me contó muchísimas e interesantes leyendas familiares, por ellas recién ahora comprendo algunas hermosas situaciones de solidaridad relacionadas con la personalidad de mi tío abuelo Juan. Él debió, a los doce años de edad, soportar un viaje de cerca de un año caminando 2.300 kilómetros al lado de carretas tiradas por bueyes. Al término del viaje lloró por días y semanas el secuestro y la posterior desaparición de una de sus hermanitas. Hacer desaparecer a un familiar es un dolor, una rabia y se siente una impotencia tan dolorosa que al contarla nos produce un punzante escalofrío. Juanito sobrevivió, pero para ello debió hacerse adulto bruscamente, a los 16 años se hizo un ejemplar policía. Lo hizo, entre otras cosas, para buscar a su hermanita secuestrada".

“Antes de referirme de nuevo concretamente a mi querido tío abuelo Juan, les contaré la increíble hazaña vivida por una caravana de colonos en su viaje de Europa a Chile. Mi abuelita Rosa me contó, más de una vez, la gran odisea que debieron soportar para trasladarse del ejemplar centro cultural del legendario Mundo Europeo a la naciente República de Chile, voy a contarles a ustedes algunos detalles de esta fabulosa proeza y a su vez presentarles a algunos de mis familiares que formaron parte de esta aventura. Este fue un insólito episodio sufrido por algunas familias europeas, engañadas criminalmente con el propósito de poder conquistar una parte inexpugnable del sur de Chile. Estas familias se vieron obligadas a recorrer 15.300 kilómetros en diez largos meses. Algunas debieron viajar incluso con niños de escasa edad, por ejemplo, Juan tenía apenas 12 años. Además viajaban con escasos medios económicos a disposición, confiados en los falsos ofrecimientos prometidos al momento de la partida. Los organizadores sacaban grandes sumas de dinero por estos proyectos. La irresponsabilidad de estos tránsfugas organizadores fue increíble, estas familias de colonos debían hacer un enorme recorrido, para llegar al sur de Chile debían recorrer un camino tan enorme, que era casi la mitad de dar una vuelta completa a toda la Tierra.”

“El sacar colonos de Europa y llevarlos a Chile fue todo un engaño, se hacía con el propósito canallescamente planificado de tener víctimas de europeos y conseguir posteriormente las ayudas de estos poderosos países que formaban Europa, para poder dominar la increíble resistencia de los Pehuenches de la -Zona de la Frontera-. La malévola táctica fue pues llevar de Europa a estos honrados e ingenuos colonos, quienes iban ignorando absolutamente lo que les esperaba. En esos años se hablaba que una buena estrategia consistía en lograr utilizar siempre en primera instancia la táctica de los chivos expiatorios. Los colonos fueron pues objeto de estas nefastas y criminales tácticas.”

“Empiezo por contarles algunos detalles de los integrantes de este increíble y trágico episodio.”

“Bernard Schraub era casado con Elizabeth Feldbausch, salieron entonces como colonos desde Alemania con destino al sur de Chile. En el año 1888 partieron en un barco, con 3 hijos: Rosina (Rosa) con 18 años, Esperanza con 16 años y su hijo Johannes con 12 años. La primera etapa de esta odisea fue viajar en barco desde Alemania a Buenos Aires. La segunda etapa de 1.600 kilómetros fue el viaje de Buenos Aires a Mendoza, la hicieron llevando sus equipajes en carreta tirada por bueyes, viajando a pié al lado de ellas con un promedio de velocidad de 10 kilómetros por día. La tercera etapa fue realizada de Mendoza al límite con Chile, que queda en el extremo superior de la Cordillera de Los Andes. La cuarta etapa fue el duro viaje desde el límite superior de la Cordillera de Los Andes hasta Santiago de Chile, andando a pié y cuidando estas mismas lentas e incómodas carretas. En resumen en estas cuatro etapas, de Buenos Aires a Santiago, recorrieron 1.600 kilómetros por los sinuosos caminos de esos tiempos, en los que todavía ni siquiera se usaba el ripio y mucho menos el cemento.”

“Después de recorrer los increíbles 1.600 kilómetros de Buenos Aires a Santiago, al llegar a Santiago, Alberto Buholzer Hochstrasse, en nombre de los integrantes de la caravana de colonos, protestó ante las autoridades chilenas de que no se cumplían los compromisos establecidos, entre los colonos y el gobierno chileno. Alberto en ese tiempo era el novio ejemplar de mi abuelita Rosina y sería su marido llegando a la ciudad de Angol. Mediante el cónsul chileno en Santiago, Alberto le comunicó pues al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile que todas las promesas para con los colonos habían sido un criminal engaño. Por ejemplo, en el compromiso con los colonos se estipulaba que desde que salieran del barco en Buenos Aires se usarían diligencias tiradas cada una por cuatro caballos para el transporte de los colonos y sus enseres. Esto no se cumplió en absoluto, ya que solamente se usaron carretas tiradas por bueyes que demoraban diez veces más tiempo en hacer un mismo recorrido y los colonos integrantes debían caminar al lado de esas carretas. Como consecuencia de esta acusación le prometieron en forma irresponsable a Alberto que para esta quinta y última etapa, de Santiago a Angol, se les pondrían entonces ahora diligencias tiradas por caballos para realizar los últimos más de 700 kilómetros de caminos. Para sorpresa de los colonos, esta promesa tampoco se cumplió, debieron seguir viajando en las carretas tiradas mediante bueyes por los infernales caminos hacia el sur de Chile. Estos caminos por las intensas lluvias de casi todo el año tenían más hoyos que partes planas.”

“Abreviando. Esta odisea comprendió en total 2.300 kilómetros en estas carretas tiradas por bueyes. Además el viaje en barco desde Alemania a Buenos Aires fue una odisea llena de temporales con barcos enormemente lentos, cubriendo una distancia de aproximadamente otros 13.000 kilómetros. Según la abuela Rosa, en estos 13.000 kilómetros el barco fue sacudido duramente por varios temporales, pero enormemente más inhumanos y terribles fueron los 1.600 kilómetros cruzando toda la República Argentina a pié y con los bultos del equipaje en las carretas. Para mi abuela era imposible de describir la horrorosa quinta etapa de Santiago a Angol, sin echar sus lagrimones. A mitad de camino, o sea, al entrar a La Frontera llovía, llovía y llovía. Se atravesaban ríos y esteros no por puentes, sino metidos en el agua y mojando todos sus enseres. Unos años después el tío Juan, hijo mayor de Alberto y Rosina, estudió ingeniería motivado por estas horribles historias y se dedicó a cubrir de puentes, con préstamos extranjeros, el sur de Chile.”

Hasta aquí les transcribo textualmente lo que me contó Raúl.

Resumiendo esta primera parte de lo que él me contó de esta gran odisea, podemos claramente concluir que hubo un engaño criminal de parte de los representantes del gobierno chileno contra este grupo de colonos. Ellos sobrevivieron gracias a que viajaba Alberto con Rosina y el amor de ellos hizo el milagro de que sobreviviera la caravana, salvo la desgraciada desaparición de lahermana menor de Rosina.

Aparte de los casi cuatro meses de preparación del viaje y los tres meses en barco, fueron otros siete meses, atravesando América del Sur, desde el mar Atlántico al mar Pacífico por tierra, llenos de peripecias, falta de alimentación, lluvias interminables, enfermedades, con riesgos e intentos de ser asaltados continuamente por las bandas de cuatreros, tanto en Argentina como en Chile, sin comunicación, sin agua potable, sin ducha, sin ninguna comodidad. Atravesaron prácticamente a pié Argentina desde el mar a la Cordillera de Los Andes; de estos 1.600 kilómetros casi 1.000 kilómetros eran realizados a través de las conocidas, terribles y desérticas pampas argentinas.

Raúl tuvo, la linda experiencia de vivir acompañado, casi por un año, por su tío abuelo Juan Schraub que sobrevivió esta terrible aventura. Mejor dejo que él les cuente esta partede su vida que aprecia muchísimo.

“Bueno, entonces ahora les contaré parte de las aventuras pasadas después de salir de Alemania por mi tío abuelo Johannes, más conocido por Juan Schraub. En el año 1876 nació Johannes Schraub Feldbausch en Alemania, fue el tercer hijo de Bernard Schraub y de Elizabeth Feldbausch, anteriormente el matrimonio había tenido a otras dos hijas. Juan fue desde muy temprana edad un peregrino e incansable caminante, seguramente su comportamiento estuvo motivado por el hecho de que antes de los 12 años Juan conoció el mundo europeo que era otro mundo y tuvo en su escuela muchos y buenos amigos de su edad en la escuela alemana. Bruscamente debió soportar estas enormes dificultades de ser ahora campesino y colono en un aislado Chile, ubicado en el último lugar del mundo, sin protección alguna, donde reinaba la ley del más fuerte. Su experiencia de caminar 2.300 kilómetros a pié acompañando a las carretas que llevaban el equipaje de la caravana era una experiencia y una hazaña extraordinaria. ¡Se había convertido en un caminante profesional!”

“Voy a contarles algo más muy hermoso e interesante que tiene que ver con el gran corazón de este auténtico tío abuelo. Como ya lo dijimos a finales del año 1888 llegó con sus padres a Chile mi tío abuelo Johannes llamado Juan, con solamente doce años de edad. Mi Abuelo Alberto formó la primera policía chilena en la naciente ciudad de Temuco y en ella, cuando mi tío abuelo Juan tenía 16 años, lo debió reemplazar muchas veces, era pues el teniente Juan. Cuando tenía 21 años, o sea en plena juventud, él estuvo de novio y de allí, en el año 1898, nació Margarita Schraub Ubilla. No queriendo que sus padres ni su señora e hija se quedaran como campesinos, Johannes se fue en busca de nuevos horizontes. Salió a recorrer el mundo trabajando en diversos oficios, en los años en que a estos osados aventureros se les llamaba, o bien patí-perros y a los más responsables trotamundos. Él fue pues un auténtico trotamundos, de los buenos y responsables. Enviaba gran parte de sus dineros para el sustento y educación de su hija Margarita. Tuvo un hijo en Argentina, llamado Absalón Schraub y mi tío abuelo Juan lo llevó más tarde a Chile. Años después Johannes, conocido también como Hannes, vivió en La Reina construyendo una casa que había financiado mi tío Emilio. Allí llevó como les contaremos luego a Absalón.”

“Desde el Norte de Chile se exportaba para todo el mundo como abono el Salitre Chileno, era el único país del mundo que lo tenía. Era un lugar muy especial para los aventureros y valientes como el tío abuelo Juan. El salitre se producía en forma natural a gran altura sobre el nivel del mar y al medio del desierto más inhóspito del mundo. Allí se enroló para ir a trabajar mi tío abuelo Juan y desde esa zona le enviaba dineros a su señora y a sus padres que cuidaban a su pequeña hijita, Margarita Schraub Ubilla, como ustedes lo pueden leer en la entrevista publicada en el Blog - documentosbuholzerschraub.blogspot.com -.”

“Juan trabajó pues también en las famosas salitreras en el norte de Chile. Fue un responsable viajero muy andariego, él había recorrido en su primer viaje cuando tenía doce años más de quince mil kilómetros. Recorrer los setecientos kilómetros de Santiago a Los Laureles no le eran problema. Él hizo este recorrido para ayudar a mi familia. Quería mucho a mi abuelo y a mi padre. A raíz de la trágica muerte de mi padre Alberto Buholzer Schraub vino a ayudarnos, dejando sus obligaciones en la capital, al pueblo de Los Laureles. Nos ayudó un tiempo en nuestra casa, sabía carpintería y muchos otros oficios. Unos meses después comenzó a trabajar en un famoso canal de regadío de casi 200 kilómetros de largo que pasaba cerca de este pueblo, Los Laureles, donde yo nací. De su sueldo dejaba semanalmente, en forma invariable, una suma de dineros de ayuda, para el sostén de la casa de mi madre. Esta es una parte sentimental que me ha unido a los recuerdos muy gratos con mi ejemplar tío abuelo conocido con sus nombres: Johannes, Hannes y Juan. Cecilia, por favor, continúa tú contando algo más de lo que has investigado.”

Les debo agregar que este hermoso gesto de un hombre con ya casi sesenta años de edad era algo no muy común en aquellos tiempos. Él era como algunos de los bohemios hermosamente idealistas que no se habitúan a vivir para solamente ganar dinero. Aunque me repita, les voy pues a comentar algo más de lo que Raúl escribió más arriba y que me dijo muy emocionado. En el año 1936 después del fallecimiento del padre de Raúl, su tío abuelo Juan Schraub vivió cerca de un año en Los Laureles en casa de su madre, Clotilde Matamala que recién había enviudado de su marido Alberto Buholzer Schraub. La señora Clotilde vivía acompañada de sus tres hijos y de tres hermanas, ella sufrió una grave enfermedad como consecuencia del intento de envenenamiento originada por los mismos mafiosos que asesinaron a su marido. El tío Juan conociendo este drama se trasladó desde Santiago al pueblo de Los Laureles. En primera instancia ayudó durante los primeros meses en los negocios dejados por el padre de Raúl y posteriormente con el propósito de ayudarlos económicamente, trabajó en la construcción del enorme canal de regadío que pasaba por Los Laureles y atravesó Chile, de la Cordillera de los Andes al mar. Esta construcción fue realizada con uno de los primeros préstamos internacionales de ayuda a Chile para paliar su crisis de cesantía. En esta construcción trabajaron miles de personas, de las cuales muchas de ellas venían de las salitreras del norte, a causa de que se había restringido la demanda del salitre por la aparición del salitre sintético. Juan se ganó el cariño de toda la familia de Alberto y cuando la señora Clotilde, madre de Raúl, sanó se trasladaron de Los Laureles a Temuco y su tío abuelo se fue a Santiago.

He investigado conversando por teléfono con unas de sus sobrinas nietas de don Juan que viven en Santiago, que en el año 1937 Juan ayudó a construir la casa del tío de Raúl, Emilio Buholzer, en La Reina y don Juan vivió allí durante cerca de 10 años. Fue el primero en habitar esa casa. Entretanto vino de Argentina el hijo Absalón (pintor de cuadros), cuando tenía alrededor de 25 años, rubio, de ojos azules y muy bien parecido a vivir también a La Reina, en esta casa recién terminada del tío Emilio. Absalón era tan desinteresado a juntar dinero como su padre. Vendía sus cuadros salvando escasamente el costo de sus materiales. Era un artista por antonomasia.

En el año 1946 falleció en Santiago, el simpático tío abuelo de Raúl, Juan Schraub Feldbausch, el cariñoso peregrino y bohemio, cuando tenía alrededor de 70 años. Su hijo Absalón, el artista que llenaba de orgullo a la familia, se volvió a Argentina. La familia del tío Emilio no supo nada más de este simpático artista y benemérito de la familia. Sus hermosos cuadros quedaron seguramente en algunos hogares de Santiago. Absalón pintó un cuadro de la casa de La Reina, el que adornaba las paredes y era orgullo de los familiares Buholzer-Schraub. Hace unos años cuando la remodelaron, hubo un incendio y desgraciadamente se quemó todo, incluso muchísimas fotos tomadas por el padre de Raúl. Allí quedaba aún como recuerdo el primer uniforme de la policía chilena con sede en Temuco, formada por once personas, que había creado y financiado por muchos años Alberto Buholzer Schraub. El inicio de la policía chilena surgió en la ciudad recién fundada de Temuco por la necesidad y con el propósito de encontrar a la hermana secuestrada de la abuela Rosa.

Don Juan fue sepultado en el Cementerio General de Santiago. Adjuntamos una fotografía de su hija Margarita Schraub Ubilla con su nieto Enrique Peña Schraub, junto a la sepultura de don Juan, el coloso, ejemplar y solidario tío abuelo de Raúl. ¿Dónde están el artista Absalón Schraub, sus descendientes y sus pinturas? Raúl me dijo un día muy emocionado, al ver la fotografía de otro cuadro junto a su tía Marichen: "compraría un cuadro con una de las pinturas de mi tío Absalón a cualquier precio, aunque tenga que pagar un crédito por muchos años".
Aída María Román

Nota:
foto 1: 1942 Juan Schraub Feldbausch.
foto 2: 1942 Juan Schraub Feldbausch, Margarita Schraub Ubilla, Enrique Peña Schraub.
foto3: 1947 Margarita Schraub Ubilla, Enrique Peña Schraub, Santiago.

martes, 20 de noviembre de 2007

“Historia del fin de la primera imprenta de La Araucanía”

Con Raúl hemos conversado sobre los recuerdos de su niñez para incluirlos en sus memorias y él me ha contado una serie de anécdotas, historias y aventuras de él con sus amigos y parientes. Nos hemos puesto de acuerdo con él para contar primero tres historias con algunos de sus primos hermanos.

Estas tres narraciones que son algunas de las historias de la niñez de Raúl, donde en una de ellas participó activamente la abuela Rosa y en otra la tía Margarita. Son una parte de las historias de los cinco pequeños aventureros, que estuvieron varios años juntos durante los veranos y pertenecían a la segunda generación, o sea eran nietos de Alberto y Rosina. Cuatro de ellos leían, todas las semanas, entre otras cosas las aventuras de Quintín el Aventurero en la revista El Peneca y estaban fuertemente influenciados por esta revista de aventuras; el quinto Alberto, de cuatro años, aún no sabía leer, sin embargo se entretenía imitando a sus hermanos y primos.

Raúl me relató textualmente: “Les cuento algo relacionado con mi tía Margarita Schraub Ubilla. La tía Margarita tenía negocio frente al Teatro Municipal de Temuco, Lautaro 611 esquina Bulnes. El hijo de ella, conocido con el nombre de Kiko, en esos años de esta historia tenía 4 años de edad, tal como Alberto, mi hermanito menor. Margarita era parte de la familia Buholzer-Schraub, hija de Juan Schraub y nieta de la madre de Rosina, o sea, de Elizabeth Feldbausch”.

“Éramos una pandilla de cinco sobrinos de Margarita: tres Buholzer Matamala, Raúl (10), Luis (9), Alberto (4) y dos Buholzer Buholzer, Óscar (12) y Hernán conocido por Nancho (10). Pasábamos las vacaciones escolares en la casa de nuestra abuela de Temuco y nos adueñábamos de todo el extenso segundo piso. Todos nosotros, los nietos, dormíamos en el segundo piso muy espacioso de las casas de Avenida Matta de nuestros abuelos. La abuela Rosina por su edad no podía subir al segundo piso y el tío Edmundo e Hilda que vivían con la abuela hacían vista gorda de las diabluras que hacíamos allá arriba. Éramos un grupo de hermanos y primos hermanos muy unidos y apandillados”.


1ª.- “LOS CINCO INVESTIGADORES DE LAS RIQUEZAS DEL CERRO ÑIELOL”

“Hacíamos excursiones al Monumento Natural Cerro Ñielol, que quedaba a sólo tres cuadras de la casa de la abuela, donde hurgueteábamos todo lo conocido y por conocer. Un día detrás de unos matorrales descubrimos la entrada de una mina. Un par de días después volvimos con palas, algunas otras herramientas y por supuesto con antorchas. Encendimos nuestras antorchas y nos fuimos de excursión hacia el oscuro interior de esa misteriosa caverna. Tomamos muchas precauciones y avanzábamos al interior paso a paso y con muchísimo temor. Cualquier tipo de ruido extraño que hacía alguno de nosotros producía espanto colectivo. Avanzamos hasta donde nos fue posible, nos encontramos con un pozo casi lleno de agua que cubría aproximadamente todo el piso y allí nos detuvimos. Con la luz de las antorchas las paredes se veían blancas y muy brillantes. Allí, a unos cincuenta o sesenta metros al interior de la profunda caverna, encontramos una greda muy pura. Llevamos a casa de mi abuelita Rosa paquetes de creda repartidos, por supuesto, proporcionalmente a nuestras respectivas fuerzas. El pequeño Albertito (4) se puso a llorar, ya que no le hicimos el paquete y entonces volvió a la mina Óscar (12) y le trajo una porción. Este lindo descubrimiento, de reabrir la mina, fue comunicado a las autoridades comunales por medio del tío Edmundo que era amigo de un regidor. Muchas personas que se dedicaban a la orfebrería fueron beneficiadas con esta preciosa greda ubicada en un cerro de la comunidad temuquense. Mediante este lindo material se dedicaron a hacer hermosas manufacturas de greda y se instalaron algunos talleres y unas salas de ventas que sacó de la miseria a algunas personas cesantes en Temuco. Este resultado fue originado por la excelente propiedad de esta greda. Después supimos por nuestra abuelita que esta mina de greda databa del tiempo de los araucanos, o sea, de antes de la fundación de Temuco y era de una altísima calidad y sus objetos se podían vender a buen precio. En las sepulturas de los araucanos se habían encontrado objetos de cerámica de tiempos muy remotos. Con esta greda se podían hacer cosas tan finas, casi como las que venían de China. Esta hazaña de los cinco aventureros Buholzer fue sin querer un buen aporte casi anónimo para algunas personas de la comunidad temuquense”.


2ª.- “CONSPIRANDO CONTRA LAS CORTINAS DE NUESTRA ABUELITA ROSA”

“La casa de la calle Matta de mi abuela estaba ubicada solamente a unas cuatro cuadras del “Parque Natural del Cerro Ñielol”. Otra de nuestras entretenciones, de los cinco aventureros, era el elevar volantines en una cancha de fútbol que había al pie del Parque de Cerro Ñielol. Comprábamos los materiales, como ser cola de pegar, hilos y los papeles. El material para la estructura de los volantines lo sacábamos de la cáscara de los coligües que traíamos de este parque. El hilo era muy caro y en cada oportunidad los hilos envidriados de nuestros contrincantes nos cortaban el nuestro, que era muy delgado, sólo era hilo para coser del número cuarenta. El hilo de nuestro volantín era cortado fácilmente por el afilado hilo de nuestros contrincantes, nuestro volantín con el hilo colgando se iba llevado por el viento (se demandaba). Teníamos allí en esa cancha feroces competencias con muchas otras pandillas de otros barrios de Temuco.

Un día viernes estábamos desesperados, porque no teníamos dinero para comprar hilos y envidriarlos para ir a competir el sábado al Cerro Ñielol y además estábamos super picados con los integrantes de una pandilla que nos había ganado en la última oportunidad. Estábamos muy heridos en nuestro honor. Sobre la base de esta emergencia resolvimos desarmar una de las cortinas que había tejido a crochet nuestra abuelita. Esta cortina estaba adornando uno de los ventanales que se extendía del techo al piso de la larga galería. Ella como si sospechara lo que iba a suceder seguía tejiendo uno chaleco para alguno de nosotros, sin moverse de la galería. Me pidieron que yo le converse a mi abuela y la haga mirar siempre para el lado del corredor contrario al ventanal con la mencionada cortina, cuyos hilos nos iban a servir para defender el honor perdido. Mis primos cortaron primero una punta de la cortina. Por una pequeña rotura de una esquina de un vidrio del ventanal de la galería, Nancho le pasó a Óscar la punta de abajo del hilo de la cortina. Óscar tiraba de afuera el hilo haciendo una de las cañuelas, lo acompañaba Albertito, mientras adentro Nancho iba desarmando la cortina con la ayuda de mi hermano Lucho.

Cuando mi abuela se dio cuenta, quedaban solamente los restos superiores de la cortina. En primera instancia no podía creerlo, pero finalmente cuando vio que la tía Marichen que venía llegando a casa tomó el cinturón de cuero que en aquellos tiempos colgaba siempre en alguna pared, curiosamente mi abuelita se puso de nuestra parte argumentando que nos había autorizado. Le dijo, Marichen esta cortina era muy vieja y yo la voy a tejer de nuevo ayudada por Raúl, haciéndome un lindo gesto. La tía Marichen le respondió diciéndole que nos estaba “abonando”. Nosotros quedamos felices porque nuestra abuela quedó como cómplice de nosotros. Acto seguido envidriamos el hilo de extremo a extremo en el patio y el sábado los cinco Buholzer, estuvimos en la cancha del Cerro Ñielol combatiendo a nuestros adversarios. En esta oportunidad disponíamos de este súper hilo de la cortina número cero, que no era el débil hilo del número cuarenta con el que habíamos combatido antes, sino enormemente más resistente. Nuestros rivales siguieron usando su hilo número veinte, que pasaba a ser ahora inferior al que teníamos nosotros. Por supuesto que ese fin de semana nos fue muy bien y ganamos holgadamente a nuestros adversarios en la competencia de elevar y cortarle el hilo a los otros volantines”.


3ª.- “HISTORIA DEL FIN DE LA PRIMERA IMPRENTA DE LA ARAUCANÍA”

“La tercera de nuestras entretenciones como grupo era ir al cine los fines de semana y con este objetivo juntábamos diarios usados, huesos y chatarra de fierro. Un día vimos asomado en el piso del patio de la abuela un pedacito de fierro, lo quisimos sacar entre dos y no pudimos. Llamamos a reunión urgente y resolvimos sacarlo, cueste lo que nos cueste. Nos costó muchísimo trabajo desenterrar una cocina viejísima, para llevarla a vender después en una carretilla. Tuvimos que limpiarla, lavarla y transportarla lo que nos costó mucho más trabajo que el calculado. Y todo por ir al cine a ver a Tarzán y su Monachita”.

“Un buen día comenzó una historia que duró varios años y fue mucho más gorda. Esta historia nos hizo subir de nivel como vendedores, ya que ahora los cinco llevábamos el botín solo en los bolsillos de los pantalones. Logramos abrir con una ganzúa el candado de una pieza del segundo piso que permanecía cerrada por mucho tiempo y grande fue nuestra sorpresa, porque allí había todo un taller con máquinas, algunas cubiertas con género y otras todas empolvadas. Descubrimos pues, que el abuelo Alberto Buholzer Hochstrasse tenía allí guardada una imprenta traída de Suiza, cuyo taller funcionó en este segundo piso de la casa de calle Matta. La linotipia estaba empolvada, ya que habían pasado muchos años sin usarse, desde la muerte de mi abuelo. Encontramos también muchísimas cosas interesantes de las publicaciones que había hecho el abuelo, tenía hojas de papel escritas, folletos y libros preciosamente empastados. En secreto logramos hacer andar parte de esta imprenta. De pronto se nos ocurrió la idea de vender en un negocio donde compraban fierro viejo parte de este tesoro. Las partes de la imprenta eran hechas de metales muy cotizados por compradores de chatarra, entre ellos el plomo, el níquel, etc”.

“Cada sábado fuimos sacando algunas partes, vendiéndolas por kilos y con este dinero nos íbamos todos los fines de semana a comprar las entradas para seguir las series de películas al Teatro Municipal. Cuidábamos de llevar el número de kilos precisos para poder pagar nuestras entradas al cine. Las series de películas las entregaba este Teatro cortándolas en las partes más interesantes para que volviéramos el próximo fin de semana a ver la continuación. Estaba en la cartelera una serie de aventuras con pandillas de la edad nuestra, las primeras series de Tarzán y otras. El Teatro Municipal quedaba en la esquina encontrada del negocio de la tía Margarita y del tío Óscar Peña, o sea, Bulnes esquina Lautaro. En los fines de semana, detrás del mostrador de su negocio, la tía Margarita siempre estaba pendiente, de la llegada de su pandilla de sobrinos. A la hora de la entrada al Teatro, nos hacía señas para que nos acercáramos al negocio invitándonos a que entráramos y nos tenía preparados los clásicos 5 paquetes con pastillas para el intermedio de la función. ¡La tía Margarita era una TÍA fantástica!”

“El menor de la pandilla de cinco, o sea Albertito, nos acompañaba en el entusiasmo hasta el intermedio y si todavía no se había orinado lo llevábamos al baño y enseguida me tocaba a mi cruzar la calle Bulnes con él y llevarlo a jugar con su primo Kiko, de la misma edad, al negocio de la tía Margarita. Después de terminada la película pasábamos a buscar a mi hermano Albertito y lo llevábamos a nuestro campamento de calle Matta”.

“Estuvimos asistiendo a ver las series de películas durante varios años seducidos por la fácil venta de las preciadas cosas de nuestro querido abuelito. Tiempo después nosotros decíamos, nuestro abuelo Alberto nos está pagando la entrada al cine para siempre. ¡Bonito recuerdo! Mi abuelita Rosina se dio cuenta de este secreto que teníamos, pero le pareció tan simpático que se hacía como que no sabía la tremenda barbaridad que hacíamos. ¡Desplumábamos nada menos que la primera imprenta de la Araucanía de Chile, que por supuesto hoy día estaría en un museo!”

Como ustedes pueden haber apreciado por lo que me contó Raúl, las historias de los niños son en general muy interesantes, ingeniosas y simpáticas. Estas tres historias son de los nietos de Albert Buholzer Hochstrasse y Rosina Schraub Feldbausch. ¿Qué hermosas historias tendrán sus descendientes de la tercera generación? Las esperamos para publicarlas. ¡Decídanse a enviarlas por internet!

Aída María Román
Nota:
foto 1: Almacén Quillota, en Temuco.
foto 2: Kiko, en Temuco.
foto 3: Albertito Buholzer, en Temuco.

viernes, 14 de septiembre de 2007

II PARTE



Continuamos con la II parte.



¡¡ Que se entretengan !!


martes, 24 de julio de 2007

Conclusiones

Ya cumplimos con nuestra promesa e hicimos 25 historias, entre ellas anécdotas y relatos. Generalmente trabajamos casi toda la semana escribiendo, no sólo estas historias, sino la agradable relación entre los internautas. Les debemos adelantar que tenemos otras 10 historias aún inconclusas y que publicaremos en el Blog en un tiempo más. Estamos todavía trabajando a todo vapor.

Esperamos que la experiencia recibida con estas 25 historias nos permitan mejorar en el futuro, en el contenido de cada una de las historias que les seguiremos agregando a estas 25.

Pensamos, haciendo un balance imparcial, que lo que hicimos fue muy positivo, en vista de los testimonios en esta dirección positiva dados por la mayoría de ustedes, tal como lo han visto en los testimonios adjuntos.

En todo caso lo hemos hecho sin pensar en remuneración económica alguna. Ya hemos tenido una recompensa más valiosa. Ella ha sido el vínculo más estrecho entre familiares y amigos.

Por nuestra parte hemos ganado mucho en salud, ya que nos hemos divertido bastante con el contenido de nuestros relatos. El reír y ser optimista es un remedio infalible para muchas enfermedades. Por ejemplo Bertrand Russell fue consecuente con su filosofía del optimismo y Charles Chaplin tomó la risa como un remedio para hacer la vida más llevadera de toda la humanidad trabajadora. Bertrand y Charles tuvieron una hermosa y larga vida. ¡Se aproximaron a los 100 años de edad!

Raúl y Cecilia
Alemania
24 de julio del 2007.
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Nota:
Foto 1: 2006.04.12 Raúl y Cecilia, en Reñaca.

lunes, 23 de julio de 2007

Comunicado 2°

Hola parientes y amigos:

Les hemos informado algo de la historia del grupo de optimistas que tomó parte en la fundación del pueblo de Lican-Ray a orillas del Lago Calafquén. Algunos de ellos han fallecido, pero la mayor cantidad se han multiplicado y gozan de muy buena salud.

Cuando llegaron estas 5 familias de colonos a Lican-Ray éramos un conjunto de 20 personas y ahora, si todos volviéramos con nuestras familias, seríamos un conjunto con 51 integrantes. Nuestro proyecto es tener contacto de nuevo con estas 51 personas. Sería una linda experiencia lograr contactarse, aunque sea por internet.

¡Hasta pronto entonces, eh!

Raúl y Cecilia


Nota:
Foto 1: Lago Calafquén, Playa Amarilla y Lican-Ray.

domingo, 22 de julio de 2007

Comunicado 1°

Hola parientes y amigos:

Este Blog quedará abierto y las nuevas historias se las enviaremos por e-mail y también las incluiremos en este Blog.

Les agradecemos el envío de fotos, las sugerencias, así como de vuestros buenos deseos y calurosas felicitaciones.

Raúl y Cecilia

Nota:
Foto 1: Lago Calafquén, visto desde Lican-Ray.